El secreto de la nieve que ilusiona a San Juan: no es solo la cantidad, sino este proceso clave
¿Sabías que no toda la nieve que cae se convierte en agua aprovechable? Un experto revela el proceso clave que podría salvar a San Juan de la sequía. Los detalles que nadie te contó.
La cordillera sanjuanina amaneció cubierta de blanco como no se veía en años, pero lo que realmente importa no es el paisaje sino lo que pasa bajo esa capa de nieve. Un fenómeno técnico llamado "consolidación" podría ser la clave para que el agua llegue al próximo verano.
Los sanjuaninos disfrutan de un espectáculo poco frecuente: una cordillera completamente teñida de blanco. Sin embargo, detrás de la postal hay un proceso científico que determina si esta nieve será solo un recuerdo o una verdadera reserva hídrica para una provincia que arrastra una larga sequía.
¿Qué es la consolidación de la nieve y por qué es vital?
El geólogo e investigador de la Universidad Nacional de San Juan, Silvio Pastore, explicó en diálogo con Radio Estación Claridad que no alcanza con que nieve. "Lo que la nieve para que se conserve para la primavera y el verano tiene que hacer es que se compacte primero. Las distintas nevadas van compactando y después tiene que haber una recristalización", señaló.
Ese proceso transforma la nieve en un material que los especialistas llaman 'firn', un hielo frágil que resiste mejor la evaporación. "Uno lo pisa y lo puede romper, pero ya se da cuenta que no se entierra como en la nieve fresca, es más resistente", detalló Pastore. Todo este proceso lleva meses.
El rol del frío extremo en la alta montaña
Por encima de los 3.900 metros, las temperaturas máximas se mantienen por debajo de los -5 °C, lo que impide la sublimación (cuando la nieve se convierte en vapor sin pasar por líquido). Así, la nieve consolidada se convierte en una reserva duradera que alimentará el río San Juan y recuperará los niveles de los diques Caracoles, Punta Negra y Ullum durante el deshielo de primavera.
Un "tren de tormentas" que no se veía desde 1997
El investigador comparó el actual escenario con registros de hace casi 30 años. "Probablemente sea algo parecido a lo del año 1997", afirmó. La clave está en el "tren de tormentas", un concepto meteorológico donde las nevadas se suceden una tras otra. "La última nevada protege a las anteriores y eso es muy positivo", explicó Pastore, ya que funciona como aislante térmico. Incluso hubo un evento "super extraordinario" con un "río atmosférico" que alimentó las nubes.
Si bien la esperanza crece, el especialista advirtió que el exceso de nieve también conlleva riesgos: flujos de agua repentinos, deslizamientos o avalanchas que podrían afectar infraestructura, operaciones mineras o pasos fronterizos. Por ahora, los datos son positivos y permiten soñar con un ciclo hídrico más aliviado para la producción agrícola y el consumo humano.