El secreto de una uva centenaria que está revolucionando los vinos argentinos
Descubrí cómo una uva alemana con más de 500 años de historia encontró en Mendoza el secreto para crear un vino premiado internacionalmente. Te contamos la bodega, el enólogo y el detalle que lo hace único.
Una cepa con más de cinco siglos de historia, originaria de Alemania, tiene su día internacional cada 13 de marzo. Pero lo que pocos saben es cómo una bodega mendocina logró convertirla en un vino premiado a nivel mundial, desafiando los paladares más exigentes. Se trata del riesling, una variedad que en Argentina escribe un nuevo capítulo desde las alturas de Mendoza.
Con una acidez natural distintiva y una capacidad única para reflejar el terruño, el riesling ofrece un abanico de estilos. Estos van desde vinos secos y frescos hasta expresiones dulces de gran intensidad. Su cuna está en el valle del Rin, pero su viaje la llevó a conquistar nuevas tierras.
¿Una estrella alemana en suelo argentino?
En Argentina, esta variedad nunca alcanzó una producción masiva. Sin embargo, en los últimos años encontró un nicho de excelencia. La mayor parte de las plantaciones se concentran en la provincia de Mendoza, donde bodegas pioneras exploran su potencial en climas de altura.
Un ejemplo destacado es el Taymente Dulce Natural, elaborado por Huarpe Riglos Family Wines en Agrelo, Luján de Cuyo. Este vino, que incluye riesling en su blend, ha llamado la atención de la crítica internacional de manera consecutiva.
El influyente crítico británico Tim Atkin lo ha reconocido en tres reportes seguidos. El mayor hito llegó en 2023, cuando el Taymente fue distinguido como “Sweet Wine of the Year” (Vino Dulce del Año). Un logro que pone a Argentina en el mapa de los riesling de calidad mundial.
Los orígenes de una leyenda viviente
La historia documentada de esta uva es milenaria. Se remonta al año 1435, cuando un registro del conde Klaus Kleinfisch en Rüsselsheim, Alemania, mencionó la compra de sus vides. Desde entonces, se consolidó como un referente entre los blancos.
Hoy se cultiva globalmente y es celebrada por su versatilidad. El clima y el estilo de elaboración definen su carácter, pudiendo resultar en vinos secos, ligeros y minerales, o en versiones dulces de gran intensidad aromática.
Su perfil olfativo suele presentar aromas a durazno, damasco, manzana verde y notas cítricas. Con el paso del tiempo en botella, estos perfiles pueden evolucionar hacia matices más complejos y minerales, una huella distintiva de la cepa.
El toque argentino: altura y acidez
En Huarpe Riglos, el riesling proviene de la Finca Las Divas, ubicada en Gualtallary. Este paraje se encuentra a 1.350 metros sobre el nivel del mar, una altura clave para el desarrollo de la uva.
Allí, la cepa es un componente fundamental del Taymente Cosecha Tardía. Su rol es aportar un contrapunto crucial. “El Riesling le da un toque sobresaliente al Taymente Cosecha Tardía, otorgándole esa acidez diferencial que contrarresta la sensación de dulzura y genera una buena alianza con el sauvignon blanc”, explicó el enólogo José Hernández Toso.
Un aliado infalible para la gastronomía
Más allá de su prestigio en catas, el riesling es un vino pensado para la mesa. Los expertos recomiendan servirlo bien frío, entre 8 y 10 grados, para potenciar su frescura y aromas.
Su versatilidad lo hace un compañero ideal para diversos platos. Los estilos con un dulzor leve maridan excelentemente con comidas especiadas o cocina asiática. Por otro lado, las versiones más dulces son el acompañante perfecto para quesos azules o postres con frutas frescas.
Casi seis siglos después de su primera mención histórica, el riesling demuestra que su historia está lejos de terminar. En rincones como la Argentina, encuentra nuevas interpretaciones que comienzan a resonar con fuerza en el escenario vitivinícola global.