El secreto del Valle Inferior: cómo la ganadería patagónica logró dar el gran salto

¿Qué hay detrás del renacer ganadero en el Valle Inferior? Un productor revela los números de los destetes, los precios del ternero y el salto genético que posicionó a la región en el mapa patagónico.

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El secreto del Valle Inferior: cómo la ganadería patagónica logró dar el gran salto
El secreto del Valle Inferior: cómo la ganadería patagónica logró dar el gran salto

Tras años de sequía que golpearon fuerte, la actividad ganadera del Valle Inferior del río Negro vuelve a mostrar signos de recuperación. Pero el verdadero cambio no está en el clima, sino en la genética y la tecnología que transformaron a la región en un referente patagónico. El ingeniero agrónomo y productor Agustín Paniz dialogó con NoticiasNet y reveló los números y estrategias detrás de este renacer.

¿Cuánto pesa la sequía en los destetes?

Paniz fue contundente al analizar los rendimientos: no hay una sola realidad. En la zona de secano y monte, los destetes oscilan entre el 60 y el 70%, dependiendo del manejo y las condiciones de cada campo. Sin embargo, bajo riego la historia es otra.

“Ya se puede encontrar planteos de cría con destetes por encima del 80%”, afirmó el productor, y agregó que con buena sanidad y manejo se puede llegar al 90%.

Pero la sequía dejó su marca. “Venimos de años donde hay un montón de vacas que no se preñaron, más que nada en los campos de monte”, explicó Paniz. La paradoja: al haber menos rodeo, los porcentajes de preñez mejoran, aunque el volumen total sea menor.

Recría y engorde: el negocio que crece

Paniz se dedica principalmente a la recría y el engorde. Compra terneros livianos de 160 a 180 kilos, los lleva a 280 o 300 kilos con alfalfa y silaje, y finalmente los termina en corral con maíz y concentrado hasta alcanzar los 380 o 400 kilos para el frigorífico.

El desafío diario es mantener ganancias de peso superiores a los 600 gramos diarios, idealmente entre 700 y 800 gramos durante la temporada de riego, que va de septiembre a abril. “Ese sería un rendimiento objetivo para que el sistema sea relativamente rentable”, precisó.

En cuanto a los precios, todavía no hay una referencia firme por la poca oferta de terneros. “Hace aproximadamente un mes que viene lloviendo y hay poca oferta”, dijo. Hoy el ternero se paga entre 5.200 y 5.500 pesos por kilo en la zona, mientras que el animal gordo ronda los 5.200 pesos.

El salto genético que cambió la región

Uno de los puntos más destacados por Paniz fue el avance genético, que se vio reflejado en la reciente Exposición Rural de Palermo, donde cabañas patagónicas obtuvieron premios importantes. El corrimiento de la barrera sanitaria hacia el río Colorado obligó a los productores a desarrollar su propia genética.

“La gente tuvo que empezar a armar su propia genética o trabajar con rodeos comerciales de cabañeros que venden reproductores”, explicó. Eso impulsó una mejora notable en la calidad de los animales de toda la Patagonia.

Para Paniz, los precios diferenciales de la región durante años permitieron inversiones clave: “Eso hoy se está viendo reflejado”.

Tecnología: el motor silencioso

Más allá de su rol como productor, Paniz también asesora a otros productores desde su empresa de insumos y asistencia técnica. Según su visión, la incorporación de tecnología fue fundamental en el crecimiento del Instituto de Desarrollo del Valle Inferior (Idevi), en Viedma.

“En la parte ganadera fueron fundamentales las inversiones en genética, inseminación artificial y nuevas herramientas de manejo”, destacó. Y en agricultura, la mejora de materiales genéticos y la fertilización impulsaron los rendimientos de forrajes.

La alfalfa y el maíz son los cultivos que más crecieron en la zona. “La zona creció mucho en producción de alfalfa y de maíz, sobre todas las cosas”, completó.

El balance de la última década es contundente: “Hoy el área productiva ha crecido y aumentó muchísimo la productividad y la participación del Valle Inferior en la producción agropecuaria de toda la Patagonia”, cerró Paniz, que trabaja sobre unas 500 hectáreas bajo riego entre campos propios y alquilados.

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