El secreto detrás de la floración de los lapachos en Corrientes que pocos conocen

¿Sabías que el frío fue el aliado perfecto para que los lapachos florecieran en Corrientes? Descubrí qué significa este fenómeno y el impacto ambiental que pocos conocen.

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Las calles de Corrientes se tiñeron de rosa, amarillo y blanco: los lapachos florecieron en pleno invierno. Pero, ¿qué significa realmente este espectáculo natural? Una especialista revela la clave que nadie esperaba.

La floración de los lapachos (Handroanthus heptaphyllus) ya es un hecho en Corrientes. Los árboles, que durante meses permanecieron desnudos, ahora exhiben sus copas coloridas en plazas, paseos y avenidas como la Costanera, el Parque Mitre y el Parque Camba Cuá. Todo esto ocurre cuando todavía faltan semanas para la primavera, pero lejos de ser una anomalía, tiene una explicación científica que sorprende.

La ingeniera agrónoma Claudia Luna, profesora de Silvicultura de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne), dialogó con El Litoral y despejó las dudas: “Este año parece que los lapachos negros en Corrientes empezaron a florecer más o menos cuando se espera. Generalmente, la floración arranca entre fines de julio y agosto, aunque puede adelantarse o atrasarse un par de semanas dependiendo de cómo venga el clima”.

¿Por qué el frío fue determinante?

El invierno correntino tuvo una particularidad: la cantidad de jornadas frías fue superior a lo habitual. Y eso, según los especialistas, jugó un papel fundamental. Las bajas temperaturas son parte de las condiciones ambientales que regulan el ciclo natural de estos árboles, y su presencia en el momento justo permitió que florecieran en la fecha esperada.

“Que florezcan en esta época es una buena señal, porque indica que los árboles están respondiendo de manera normal a las condiciones ambientales”, explicó Luna. Sin embargo, aclaró que esto no implica que haya sido un año excepcional: “Que hayan florecido en fecha no significa necesariamente que haya sido un año especialmente bueno; simplemente quiere decir que las condiciones no alteraron demasiado su ciclo natural”.

El proceso de floración tiene una característica distintiva: antes de mostrar sus flores, el lapacho pierde casi todas sus hojas. Luego, entre julio y septiembre, las ramas se llenan de ramos que cubren gran parte de la copa, creando una postal única en la ciudad.

¿Qué dicen los antecedentes?

La comparación con años anteriores refuerza la teoría. En 2024, los lapachos también tuvieron una floración intensa en agosto. En cambio, en 2023, las condiciones ambientales jugaron en contra y muchos ejemplares aún conservaban sus hojas sin iniciar el proceso. Esta variabilidad demuestra cuánto influye el clima en el comportamiento de la especie.

Pero los lapachos no solo aportan belleza. Un estudio de la Unne, liderado por Luna, relevó 2.014 ejemplares arbóreos en la Costanera Norte, el Parque Camba Cuá y el Parque Mitre, de los cuales 832 eran lapachos negros. Los investigadores calcularon que estos árboles almacenan aproximadamente 1.820,55 toneladas de dióxido de carbono equivalente, una contribución clave para el ambiente urbano.

Además, se estimó que los lapachos ayudan a remover anualmente contaminantes como ozono, monóxido de carbono, dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno y partículas finas. Así, cada floración no solo anuncia la cercanía de la primavera, sino que pone en evidencia el valor ecológico de estos árboles para Corrientes.

Este año, la floración no responde a un desajuste climático, sino todo lo contrario: el frío permitió que los lapachos cumplieran su ciclo a la perfección. Una noticia que, sin dudas, invita a mirar el paisaje con otros ojos.

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