El secreto nazi de su abuela que desató una guerra familiar en pleno siglo XXI

Un mensaje anónimo revela que la abuela de una mujer belga delató a una familia judía durante el Holocausto. La periodista que recibió la confesión intenta contar su historia, pero se topa con una historiadora que reclama la exclusividad. ¿Quién tiene derecho a narrar el pasado?

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El secreto nazi de su abuela que desató una guerra familiar en pleno siglo XXI
El secreto nazi de su abuela que desató una guerra familiar en pleno siglo XXI

Cuando la periodista judía Judith Zilversmit recibió un mensaje por Instagram de una desconocida belga que decía que su abuela había sido una colaboracionista nazi, supo que su vida iba a cambiar. Lo que no imaginaba era que esa revelación la llevaría a una disputa pública sobre quién tiene derecho a contar su propia historia familiar.

El mensaje llegó de Ingeborg Boelen, una mujer que vivía cerca de la frontera neerlandesa y que afirmaba haber descubierto el oscuro pasado de su "dulce abuela" en un expediente judicial belga. En ese documento, la abuela de Boelen, Maria-Elisabeth Stratermans-Coenegrachts, aparecía como informante de la Gestapo que había delatado a la familia de Zilversmit durante la Segunda Guerra Mundial.

Zilversmit, de 49 años, sintió miedo al leer el mensaje y lo deslizó para que desapareciera de la pantalla. "Mi primera reacción fue: '¿Qué se supone que debo hacer con esto?'", confesó en una entrevista.

Una historia familiar marcada por el Holocausto

La periodista ya conocía los trazos generales de lo que le había ocurrido a su familia. Su padre, Hans, le había contado que huyeron a Bélgica cuando los nazis invadieron los Países Bajos en 1940. En 1943, mientras se escondían en un pueblo cerca de la frontera, alguien los traicionó. La Gestapo apareció en su escondite y la familia intentó escapar saltando por el techo.

Hans, que entonces tenía 14 años, logró huir junto a sus padres. Pero su hermana Helga, de 19, fue capturada y enviada a Auschwitz, donde sobrevivió milagrosamente. Alrededor de un millón de judíos europeos corrieron la misma suerte que Helga, pero no todos tuvieron la misma suerte.

El trauma del Holocausto permaneció bajo la superficie durante décadas en la familia Zilversmit. Hasta que el mensaje de Boelen lo sacó a la luz con una crudeza inesperada.

La traición que lo cambió todo

La abuela de Boelen, Betsy, y su esposo Lambert regenteaban un café en Vroenhoven, del lado belga de la frontera. Pero Betsy llevaba una doble vida: trabajaba como informante encubierta para Richard Nitsch, un destacado agente de la Gestapo. Se infiltró en grupos de resistencia, delató a sus miembros y tendió una trampa mortal a la familia Zilversmit.

Después de la guerra, Stratermans-Coenegrachts fue juzgada y condenada a cadena perpetua, aunque recibió clemencia y fue liberada en 1951. Boelen, su nieta, obtuvo el expediente penal de su abuela gracias a las leyes belgas que permiten el acceso a los archivos judiciales a los familiares directos.

Zilversmit, por el contrario, no podía acceder a esos documentos sin el permiso de la familia de la colaboracionista. Una ironía que marcaría el tono de todo lo que vino después.

El proyecto que desató la discordia

Meses después del primer contacto, Zilversmit decidió convertir su historia en un pódcast junto a la productora Annet Röst. El proyecto, titulado "La traición de la familia Zilversmit", tendría seis episodios y combinaría el pasado con las vivencias del presente.

Para investigar, Zilversmit revisó el sótano de su madre y encontró cajas llenas de documentos: cartas, recortes de periódicos, una estrella amarilla, papeles con esvásticas. En paralelo, la historiadora neerlandesa Marie-Cécile van Hintum estaba trabajando en un libro sobre el mismo tema, con un título casi idéntico.

Van Hintum, una autora respetada especializada en la Segunda Guerra Mundial, visitó la casa de la madre de Zilversmit y se llevó las cajas de documentos para su investigación. "Pensé que trabajaríamos juntas, cada una en su propio proyecto", dijo Zilversmit. Pero las cosas no salieron como esperaba.

La conversación que lo cambió todo

Durante una reunión grabada para el pódcast, Van Hintum dejó claro que no compartiría los hallazgos de su investigación con Zilversmit hasta que su libro estuviera terminado. "No sé qué esperas de mí. No puedo aportar mucho en términos de contenido", le dijo a la periodista.

La respuesta enfureció a Zilversmit: "Me parece extraño que te esté dando toda esta información, todo este material, y que no compartas conmigo lo que encuentres. Eso es una locura".

Van Hintum respondió: "Sí, lo voy a compartir, pero en mi libro". La discusión escaló hasta que Röst apagó la grabadora y la historiadora se marchó, dejando las cajas sobre la mesa.

El encuentro con la nieta de la colaboracionista

Zilversmit aún tenía una vía para obtener información: Boelen. La nieta de la colaboracionista había prometido mostrarle los expedientes, pero cuando la periodista la visitó en su casa en Bélgica, Boelen se negó. "Voy a mantenerlo cerrado por ahora", dijo, explicando que se lo había prometido a Van Hintum.

Lo que sí le mostró fueron sus pinturas. Zilversmit se sorprendió al ver cuadros que representaban escenas de las memorias de su tía Helga, "Por el ojo de la aguja", donde relataba su experiencia en Auschwitz. "Me pareció completamente surrealista encontrar cuadros de mi familia en un ático belga", confesó.

El estallido público

El pódcast se estrenó en noviembre y fue un éxito rotundo en los Países Bajos, con más de medio millón de oyentes en un país de 18 millones de habitantes. Pero también reavivó la polémica. Van Hintum acusó a Zilversmit de haberla retratado injustamente y de usar sus investigaciones sin permiso.

El punto máximo de tensión se vivió en un debate público en Ámsterdam, donde Boelen interrumpió desde el público para corregir a Zilversmit. "Esta ya no es una representación objetiva de la realidad, sino una obra subjetiva que tú has creado", le espetó.

La moderadora, Ianthe Mosselman, intentó calmar las aguas: "Por supuesto, tienes tu historia, y Judith tiene su historia. Nunca será una sola historia". Zilversmit, en el escenario, reflexionó: "Tal vez todavía no ha llegado el momento, en esta generación, para este tipo de conversación. Tal vez en la próxima generación".

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