El secreto que guarda el barro del dique San Roque: 130 años de historia en un puñado de tierra

¿Sabías que el barro del dique San Roque guarda la historia de sus últimos 130 años? Un equipo de la UNC descifró sus secretos y encontró algo preocupante.

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El secreto que guarda el barro del dique San Roque: 130 años de historia en un puñado de tierra
El secreto que guarda el barro del dique San Roque: 130 años de historia en un puñado de tierra

Un puñado de tierra puede ser la puerta a un pasado oculto. Eso es lo que descubrió un equipo de la UNC al analizar los sedimentos del dique San Roque: una crónica de 130 años que explica por qué el lago está como está.

Los científicos extrajeron muestras de barro del fondo del embalse más importante de Córdoba y, con técnicas de datación, lograron reconstruir su historia ambiental desde 1898 hasta hoy. El resultado: cuatro etapas bien diferenciadas que marcan el declive del lago.

¿Qué encontraron en los sedimentos?

Los sedimentos son como un libro: cada capa cuenta una época. Gracias al análisis de componentes radiactivos como plomo y cesio, los investigadores pudieron fechar cada parte de la muestra. La más antigua data de 1898, pocos años después de que se inaugurara el dique, que hoy abastece de agua al 70% de la ciudad de Córdoba.

Además, estudiaron la forma y el tamaño de los granos, la cantidad de fósforo y otros componentes fisicoquímicos. También analizaron pigmentos fósiles, que revelan la presencia de algas y cianobacterias a lo largo del tiempo.

Las cuatro edades del dique San Roque

La investigación, publicada en la revista Anthropocene, dividió el pasado del embalse en cuatro períodos. El primero va de 1898 a 1953: fue la etapa de llenado del lago, con una fuerte influencia de los ríos y una alta productividad de carbono orgánico por la deforestación en la cuenca.

Entre 1953 y 1983, la construcción del segundo paredón amplió el dique y los sedimentos mostraron aguas más profundas y menor producción de carbono. Fue entonces cuando empezaron a registrarse las primeras floraciones de cianobacterias.

El tercer período, de 1983 a 2005, marca un punto de inflexión: se disparó el carbono orgánico y los pigmentos, lo que evidencia una clara aceleración de la eutrofización por el impacto humano. Coincide con un aumento descontrolado de la urbanización.

Joaquín Deon, del Departamento de Geografía de la UNC, explica: “Lo que se visibilizó en este período fue que los desmontes, los incendios, la urbanización con fines turísticos y residenciales junto a la disposición de aguas grises y cloacales contaminaron los cursos de agua tributarios del embalse y al lago en sí mismo, dejando un registro geológico para siempre”.

La hipereutrofización: el estado actual

La cuarta etapa llega hasta la actualidad y se caracteriza por la acentuación del proceso que comenzó a mediados del siglo pasado. El lago alcanzó un estado de hipereutrofización, con la liberación de fósforo desde los sedimentos que favorece las masivas colonias de algas que se ven hoy.

El informe señala: “El incremento crítico y sincronizado de la biomasa de algas en el embalse alcanza formalmente su actual estado de hipereutrofización, dominado por florecimientos masivos de cianobacterias nocivas”.

Las muestras de barro, llamadas “testigos”, confirman el “continuo e insostenible ingreso de nutrientes derivado de las actividades antrópicas en la cuenca”.

La investigación fue transdisciplinaria: participaron especialistas en Ciencias de la Tierra, Física, Geografía, Arte e Ingeniería Química. En 2018 recibió un subsidio del Programa Institucional y Multidisciplinar (PRIMAR) de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC.

Luciana Mengo, miembro del equipo, destaca: “En el análisis combinamos las características físicas y biológicas de los sedimentos que nos permitieron reconstruir estas cuatro etapas”.

“Este tipo de investigaciones debe interpelarnos a todos en nuestras prácticas y hábitos. En nuestro caso lo hacemos desde la ciencia, pero también debemos hacer esfuerzos como sociedad para resguardar estos territorios. Al fin y al cabo las cuencas hídricas siguen abasteciendo de agua a la población y a los ecosistemas”, concluye el trabajo.

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