El secreto que guarda el Río de la Plata: qué revela un censo de peces en Ensenada y Berisso

¿Sabías que el Río de la Plata esconde un registro de casi 18 mil peces? Un estudio en Ensenada y Berisso revela qué especies conviven y cómo el río responde a la contaminación y al clima.

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El secreto que guarda el Río de la Plata: qué revela un censo de peces en Ensenada y Berisso
El secreto que guarda el Río de la Plata: qué revela un censo de peces en Ensenada y Berisso

Durante un año, un equipo científico siguió el pulso de la vida bajo el agua en la costa de Ensenada y Berisso. El resultado: un registro inédito de casi 18 mil peces de 49 especies que explica cómo el río responde al cambio climático y a la actividad humana.

¿Qué encontraron bajo la superficie?

Investigadores del Instituto de Limnología “Dr. Raúl A. Ringuelet” (ILPLA), dependiente de la UNLP y el CONICET, realizaron un monitoreo sin precedentes a lo largo de 35 kilómetros de costa, entre Boca Cerrada y la playa Bagliardi. En seis puntos fijos, tomaron muestras a 1,5 y 3 metros de profundidad, en las cuatro estaciones del año.

El trabajo, publicado recientemente, revela que la profundidad es el factor que más condiciona la presencia de peces. Le siguen la transparencia del agua y la temperatura, dos variables que definen qué especies habitan cada sector y en qué época.

Una base de datos única

En total, se contabilizaron 17.952 ejemplares pertenecientes a 49 especies. Las más comunes fueron el porteño (Parapimelodus valenciennis), la mandufia (Ramnogaster melanostoma), el bagre amarillo y el buzo. Otras aparecieron de manera esporádica, lo que permitió armar un mapa detallado de la biodiversidad local.

Tomás Maiztegui, investigador del CONICET en el ILPLA y autor del estudio, destacó que “el mayor aporte de este tipo de investigaciones no son los resultados en sí, sino todo el caudal de información nueva que arrojan, y que pasa a formar parte del saber más básico sobre algo”.

El río como criadero natural

Uno de los hallazgos más interesantes fue comprobar que las zonas poco profundas actúan como áreas de cría. Allí se concentran peces juveniles y especies pequeñas que encuentran refugio frente a los depredadores. En cambio, durante los meses cálidos, las aguas más profundas son ocupadas por ejemplares de mayor tamaño, como el chafalote y la piraña.

La temperatura, además, funciona como un “interruptor biológico” que regula las migraciones estacionales. Mientras algunas especies permanecen todo el año en la Región, otras solo aparecen en determinadas épocas, siguiendo los cambios térmicos del agua.

¿Qué pasa con la contaminación?

Otro objetivo era medir el impacto de las descargas cloacales y urbanas sobre las poblaciones de peces. Los resultados sorprendieron a los investigadores: aunque la contaminación modifica la presencia de algunas especies, su incidencia fue menor de lo esperado frente a variables naturales como la profundidad o la temperatura.

Sin embargo, cerca de los puntos de descarga se detectó un aumento de especies omnívoras y detritívoras, como el sábalo, capaces de adaptarse a ambientes con mayor materia orgánica. Eso indica que la actividad humana ya forma parte de la dinámica ecológica del río.

Darío Colautti, director del ILPLA, admitió que esperaban encontrar un efecto aún mayor de los efluentes. “El monitoreo mostró que ese impacto existe, aunque no alcanza a desplazar el peso que tienen las variables naturales en la organización del ecosistema”, explicó.

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