El síntoma que casi nadie asocia al linfoma: el 62% de los pacientes fue mal diagnosticado en la primera consulta

El síntoma parece menor y no duele, por eso se deja pasar. Pero el 62% de los pacientes con linfoma recibió un diagnóstico equivocado en la primera consulta, y la diferencia entre detectarlo a tiempo o no puede ser enorme.

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El síntoma que casi nadie asocia al linfoma: el 62% de los pacientes fue mal diagnosticado en la primera consulta
El síntoma que casi nadie asocia al linfoma: el 62% de los pacientes fue mal diagnosticado en la primera consulta

Cada 15 de septiembre se conmemora el Día Mundial de Concientización sobre el Linfoma, un cáncer del sistema linfático que afecta a 1 de cada 5.000 personas en el mundo y que solo en un año suma 730.000 nuevos diagnósticos. La fecha busca que los síntomas dejen de pasar desapercibidos: detectarlo a tiempo cambia radicalmente el pronóstico.

El signo más frecuente es el agrandamiento de un ganglio, ya sea en la ingle, la axila o el cuello, y en general no duele. A eso se pueden sumar febrícula, picazón en todo el cuerpo y tos al acostarse. Señales difusas, fáciles de confundir con otras cosas, y ahí está el problema.

La presidente de la Asociación Civil Linfomas, Mielodisplasias y Mielofibrosis de Argentina (ACLA), Haydee González, lo dijo con crudeza en diálogo con la FM 89.3 Santa María de las Misiones: “En esta campaña apuntamos a estos linfomas que tienen estas sintomatologías porque son en los que el paciente se deja estar y no concurre al médico o concurre y es mal diagnosticado, el 62% de los pacientes fueron mal diagnosticados en una primera consulta”.

Ese dato es el corazón del alerta. El linfoma tiene más de 60 subtipos y no siempre se presenta con la claridad que un médico esperaría. Por eso la insistencia en la consulta temprana.

Por qué el diagnóstico precoz lo cambia todo

Los números son elocuentes: quienes reciben el diagnóstico en estadios tempranos tienen un 70% de probabilidad de supervivencia a cinco años. En cambio, si la enfermedad se detecta en una etapa avanzada, esa probabilidad cae al 58%. La diferencia entre un escenario y otro es tiempo.

El linfoma es un cáncer que se origina en el sistema linfático, compuesto por los ganglios y una red de vasos que los conectan. Estos órganos forman parte del sistema inmunológico. Algunos ganglios se pueden palpar —cuello, axilas, ingles— y otros son profundos, en el tórax y el abdomen.

Se divide en dos grandes grupos: el Linfoma de Hodgkin, también conocido como “enfermedad de Hodgkin”, y los Linfomas No Hodgkin (LNH), que son los de mayor incidencia y agrupan cerca de 60 subtipos. Entre los más comunes están el linfoma folicular, el difuso de células B grandes, el linfocítico de células pequeñas, el de células del manto, el de Burkitt y los de células T, incluido el cutáneo.

Acompañar, contener y pelear por el acceso

Desde ACLA el trabajo no termina en la información. González describió cómo acompañan a los recién diagnosticados: “En primer lugar ofrecemos la contención de pares, de los que pasamos por la misma experiencia y eso los ayuda a transitar por el tratamiento en forma acompañada, también contamos con el asesoramiento de médicos hematólogos y de apoyo emocional con profesionales psicólogos. También los ayudamos a defender sus derechos ante el sistema de salud y las prepagas, tratamos de estar junto al paciente y a los familiares”.

La fragmentación del sistema de salud argentino, según indicó, obliga a los pacientes a atravesar múltiples trámites para acceder a los medicamentos. Un obstáculo que se suma al desafío médico.

La mayoría de los linfomas tiene altas probabilidades de curación si se diagnostica y trata a tiempo. La fecha mundial sirve, justamente, para que esos síntomas que parecen menores no se dejen pasar.

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