El sobreviviente del cerro Ventana que convirtió el dolor en música: octavo concierto en Bariloche

El sobreviviente de la avalancha del cerro Ventana volvió a tocar el piano en la Catedral de Bariloche, pero esta vez reveló un momento casi milagroso que vivió durante el rescate de sus compañeros.

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El sobreviviente del cerro Ventana que convirtió el dolor en música: octavo concierto en Bariloche
El sobreviviente del cerro Ventana que convirtió el dolor en música: octavo concierto en Bariloche

José María “Lalo” Vallina volvió a subir al escenario de la Catedral de Bariloche para rendir homenaje a sus nueve compañeros de la facultad que murieron en la avalancha del cerro Ventana, ocurrida el 1 de septiembre de 2002. Fue el octavo año consecutivo en que presenta su concierto “Nueve Ángeles”, junto a la Orquesta Juvenil Cofradía, un ritual que nació en 2012 y que, cada vez, promete ser el último.

En esta oportunidad, el pasado sábado, Lalo interpretó obras de Bach, Vivaldi, Tchaikovski y Piazzolla para conmemorar los 24 años de la tragedia. “Fue la manera que encontré de rendir homenaje, acompañar y recordar. Pero también una forma de tratar de salir del dolor y la bronca. Yo formé parte de ese grupo, vivencié la previa, el durante y el después y de hecho, estuve muy involucrado en el juicio para que se condene a los responsables”, explicó.

Lalo nació en Bariloche y tenía 28 años cuando se inscribió en la carrera de Educación Física, unos diez años mayor que la mayoría de sus compañeros. Su experiencia en montaña le permitió advertir el peligro que corrían. “Cuando se propuso la salida había un riesgo de avalancha altísimo. Cualquiera que pisara el manto níveo se daba cuenta de que se iba a romper”, recordó.

La salida que terminó en tragedia

El grupo partió el 1 de septiembre hacia el cerro Ventana, con la idea de practicar autodetención en nieve, una maniobra que, según Lalo, se podría haber entrenado en la base del cerro Catedral u Otto. La propuesta incluía pasar por el refugio Horrible, Meta y Ventana, y bajar por el barrio El Pilar. “Fui el primero en objetar la salida porque los pibes no tenían carpas ni equipo y además, había un alto grado de peligrosidad en la nieve por la tormenta de Santa Rosa”, sostuvo.

A pesar de sus advertencias, el docente a cargo respondió que “cuando yo no había nacido, él ya era guía”. Lalo decidió sumarse igual, consciente del riesgo. Eran tres grupos de 15 estudiantes, aunque faltaron unos 40 porque, según contó, “no quisieron mojarse de nuevo como ya había pasado en el Granítico”.

La avalancha y el rescate

Tras alcanzar la cumbre del Ventana, Lalo sugirió bajar por el Melgarejo, donde había menos nieve, pero no lo escucharon. “Reclamé que podíamos generar un corte transversal en un planchón de nieve de más de 30 grados de inclinación, sin anclajes naturales, con un riesgo de avalancha 4 (estimativo), que terminaba en un cono de deyección de avalanchas en un cañadón a más de un kilómetro y medio de distancia, y con más de 400 metros de desnivel”, detalló.

El descenso comenzó y el grupo de Lalo quedó a unos cinco minutos detrás del primero. “De pronto, la avalancha pasó por debajo nuestro, como a unos 10 metros, y arrastró a todos”, relató. Junto a otros compañeros, corrieron por el costado y lograron rescatar a unos seis sobrevivientes semienterrados. En medio de la búsqueda, encontraron a Gustavo Vega, que estaba estable, y a Adrián Mercado, que había fallecido horas antes.

En ese momento, Lalo escuchó un sonido bajo la nieve. “Era rarísimo porque era casi imposible encontrar a alguien con vida a esa hora de la noche, ya eran más de las 12. Volví a escuchar sonidos debajo de la nieve. ‘¡Por acá!’, les grité. Empezaron a buscar y milagrosamente apareció Liliana, con vida”, recordó.

La promesa de recordar con alegría

Después de la tragedia, Lalo se prometió tres cosas: mantener viva la memoria de sus compañeros, ayudar para que el hecho no quede impune y hacer docencia para evitar situaciones similares. Así nacieron los conciertos, que buscan recordar a las víctimas de una manera diferente. “La idea es recordarlos con alegría, recordar cómo vivieron más que cómo murieron. El nombre ‘Nueve Ángeles’ es por un tema que hice en memoria de mis compañeros. Surgió en la montaña observando el vuelo de los cóndores y trata de emular en el piano precisamente el vuelo de esas aves, como forma de representar el espíritu de los chicos”, explicó este hombre de 52 años.

Lalo, que se graduó como profesor en 2008 y luego estudió Ciencias de la Educación, hoy ejerce como docente en la cátedra de Filosofía. “Yo había dejado la carrera musical, pero el primer concierto lo di a los diez años de la tragedia. Recuerdo a los padres de los chicos sentados en la primera fila. Fue una presión enorme”, confesó.

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