El sonido que cada septiembre estremece a Salta y pocos saben quién lo hace posible
Cada septiembre, un grupo de salteños sube a los campanarios para que el Milagro suene como corresponde. Hay quienes llevan décadas haciéndolo y otros que recién aprenden. Lo que pocos ven es lo que pasa antes del primer repique.
Detrás de cada repique que acompaña al Milagro hay un grupo de salteños que mantiene viva una tradición que atraviesa generaciones. Hombres con años de experiencia y jóvenes que recién se inician comparten el mismo espacio: los campanarios de Salta.
En cada septiembre, el sonido de las campanas se convierte en parte de la identidad de la ciudad. No es un ruido más: es una postal sonora que muchos esperan cada año y que anuncia los momentos importantes de las celebraciones del Milagro 2026.
Los campaneros son los responsables de que ese sonido llegue a cada rincón. Algunos llevan décadas subiendo a los campanarios, conocen cada detalle y saben cómo hacer hablar a las campanas. Otros son más jóvenes, aprenden de los mayores y se suman a una costumbre que pasa de generación en generación.
Una tradición que se renueva
La tarea no es sencilla. Requiere fuerza, coordinación y conocimiento del ritmo que cada celebración necesita. Los repiques no solo acompañan las jornadas religiosas: para muchos salteños marcan el pulso de septiembre y forman parte del paisaje cotidiano durante los días en que miles de personas viven el Milagro.
La tradición de las campanas está ligada a la historia religiosa y cultural de Salta. Desde los espacios de culto, sus sonidos acompañan las jornadas dedicadas al Señor y la Virgen del Milagro, y se convierten en un lenguaje propio que la comunidad reconoce sin necesidad de explicaciones.
Mientras las campanas sigan sonando, habrá salteños dispuestos a subir los campanarios para hacerlas hablar. Es un legado que no se enseña en ningún manual: se aprende mirando, escuchando y repitiendo.