El sorbete de papel que pedís para cuidar el planeta tendría un problema que nadie vio
Se creía que el sorbete de papel era el gesto ecológico por excelencia. El estudio que comparó cuatro materiales encontró que el plástico tradicional ganó en 10 de las 16 categorías, y que el papel tiene un impacto cancerígeno potencial 6,33 veces mayor. ¿Qué dice la letra chica?
Durante años, pedir el sorbete de papel en lugar del de plástico se volvió casi un gesto automático de conciencia ambiental. Sin embargo, una investigación encargada por el Ministerio de Clima, Energía y Medio Ambiente de Corea del Sur puso esa lógica patas arriba: en varios indicadores, el papel sale peor parado que el plástico tradicional.
El estudio comparó cuatro tipos de sorbetes y siguió todo su recorrido, desde la fabricación de los materiales hasta el momento en que se descartan. El resultado que más llamó la atención de los especialistas fue que los de plástico convencional registraron el menor impacto ambiental en 10 de las 16 categorías evaluadas, entre ellas el cambio climático, la toxicidad humana y la contaminación por partículas.
Los cuatro modelos que se pusieron bajo la lupa
El trabajo se desarrolló entre mayo de 2025 y abril de 2026 y contempló distintos factores ligados a la producción, el uso y el descarte de estos elementos. Los materiales analizados fueron cuatro:
Plástico convencional: elaborado principalmente con polipropileno.
Papel: la alternativa más difundida para bajar los residuos plásticos.
Plástico biodegradable: pensado para descomponerse bajo condiciones específicas.
Plástico de origen vegetal: producido con materiales renovables, como la caña de azúcar.
Los números que incomodan
Según el análisis de las emisiones generadas a lo largo de todo el ciclo de vida, los sorbetes de papel mostraron un impacto cancerígeno potencial 6,33 veces mayor que los de plástico convencional. A eso se suma que tuvieron un efecto 2,04 veces superior sobre la acidificación ambiental, un fenómeno vinculado con alteraciones químicas que pueden afectar suelos y ecosistemas acuáticos en distintas regiones del mundo.
¿Por qué ocurre esto? Los investigadores explican que el impacto de un sorbete no se mide solo por el material, sino también por los recursos que demanda su producción y por lo que pasa una vez que se tira. En ese punto, el papel presenta complicaciones para el reciclado: su tamaño, los recubrimientos y los adhesivos que se le aplican durante la fabricación juegan en contra.
Los especialistas también verificaron que, más allá del material, los sorbetes suelen ser demasiado pequeños para separarlos correctamente en las plantas de reciclaje.
El plástico tampoco es la solución
Nada de esto convierte al plástico en la opción ideal. Los propios autores aclaran que los resultados dependen de factores ambientales y de las condiciones en que se eliminan los residuos, por lo que no puede tomarse como una verdad absoluta.
La recomendación que deja el estudio va en otra dirección: reducir al máximo el consumo de sorbetes descartables en lugar de reemplazarlos por otros materiales, y entregarlos únicamente cuando el cliente los pida.