El suelo entrerriano tiene un problema con la lluvia y el campo ya sabe lo que se viene
Un especialista en suelos de la UNER lanzó una advertencia para la campaña 2026-2027: cuando el agua no logra infiltrarse, el campo entrerriano se vuelve un tablero donde cada obra puede complicar al vecino. Lo que recomendó hacer antes de que lleguen las lluvias.
La campaña agrícola 2026-2027 en Entre Ríos tiene un desafío que no se resuelve mirando el cielo: el manejo del agua en suelos que no absorben. Así lo planteó Adrián Kinderknecht, jefe de trabajos prácticos de la cátedra Conservación de Suelos de Agronomía de la UNER, en Momento de Campo, por Elonce Radio & Streaming FM 98.7.
El especialista advirtió que el problema no pasa solo por cuánto llueve, sino por cómo reacciona el terreno entrerriano cuando el agua llega.
Un suelo que se cierra al agua
Kinderknecht describió una particularidad que complica el panorama: la arcilla entrerriana se expande con la humedad. Eso hace que el suelo sea poco permeable y que gran parte del agua no logre infiltrarse.
"Entre Ríos se ha caracterizado siempre por tener un suelo muy arcilloso, con un tipo de arcilla que se expande ante la humedad. Esto desfavorece la infiltración y favorece el volumen de escurrimiento", explicó.
El resultado es que el agua corre por la superficie. En terrenos con pendiente, ese desplazamiento gana velocidad y desata uno de los problemas más serios para los productores: la erosión hídrica.
"Esos escurrimientos terminan generando problemas en las pendientes cuando agarran velocidad. El agua agarra velocidad y termina generando problemas de erosión hídrica", advirtió.
El peor escenario, señaló, combina lluvias intensas con perfiles ya saturados. "Lo peor que nos puede pasar cuando vienen lluvias erosivas es que los suelos estén húmedos, saturados, porque esto hace que el suelo sea poco receptivo a recibir agua. Entonces, el agua termina corriendo, escurriendo y generando graves problemas de erosión".
El agua no entiende de alambrados
Para Kinderknecht, el error es mirar el problema solo dentro de cada campo. El agua que sale de un establecimiento puede terminar en otro, en caminos vecinales, en cunetas o en obras públicas. Por eso insistió en la necesidad de gestionarla a escala de cuenca.
"Manejar el agua prudentemente es muy importante para no hacerle daño al vecino que está abajo, al camino, al Estado o a Vialidad. Hay que manejar de forma responsable el agua", afirmó.
Como antecedente, recordó una prueba piloto que se hizo el año pasado en la zona del arroyo Gómez, cerca de Crespo, con financiamiento de la FAO y la ONU. El objetivo fue coordinar a distintos propietarios para controlar la erosión mediante sistematización, terrazas de evacuación y canales colectores.
"Se intentó integrar a distintos vecinos presentando un proyecto y manejando el agua a nivel de cuencas", detalló.
La regla que no se puede romper
Uno de los principios centrales que dejó el especialista es que ninguna obra dentro de un campo debe aumentar el agua que recibe el campo de al lado.
"Cuando nosotros le tiramos agua a un vecino con un sistema de drenajes o de terrazas de evacuación, tenemos que tener muy en cuenta que el agua que le llega no sea mayor a la que le llegaba naturalmente", remarcó.
Bien hechas, esas obras frenan el agua, le dan más tiempo de infiltración y permiten aprovecharla mejor sin perjudicar a terceros. "Estamos frenando el agua, aumentando el tiempo de salida y esto hace que infiltre un poco más en nuestro campo. La aprovechamos mejor y, de esta forma, al vecino no le estamos generando ningún tipo de problema".
Anticiparse o lamentar
Frente a un posible escenario de excesos hídricos, Kinderknecht fue directo: las tareas preventivas tienen que estar hechas antes de que lleguen las lluvias fuertes. "Ya tendrían que tener el campo sistematizado", afirmó.
Advirtió que no alcanza con construir una terraza para conducir el agua si el lugar donde descarga no está preparado. Si no hay un cañador natural, hace falta un canal colector, y si ese canal no está empastado, el agua puede abrir una cárcava.
"Tenemos que tener los canales colectores hechos de antemano y empastados para poder manejar el agua, detenerla y hacerlo sin generar perjuicios para nosotros ni para el vecino", sostuvo. Y resumió: "Hay que anticiparse a la jugada un poquito".
El colchón que protege al suelo
Otra herramienta clave es mantener el suelo cubierto. Según explicó, los cultivos y los rastrojos amortiguan el golpe directo de las gotas de lluvia.
"Mantener el suelo cubierto es importantísimo, tener el cultivo de cobertura. Se hace mucho trigo y tener ese cultivo ayuda muchísimo", destacó.
Esa cobertura evita que el impacto del agua rompa la estructura del suelo y tape los poros. Además, el cultivo de cobertura consume agua y deja el perfil más receptivo para las próximas lluvias.
"Si tenemos un suelo desnudo o barbechado, cae una lluvia, lo satura y con la próxima lluvia gran cantidad del agua termina escurriendo, no se infiltra y no se aprovecha", indicó.
Caminos y alcantarillas, la pata que falta
El manejo del agua no termina en el campo. Kinderknecht apuntó contra el estado de la caminería rural, las alcantarillas y las cunetas, que suelen quedar chicas en los períodos lluviosos.
"A nivel vial, la caminería no sé si está muy bien preparada. Generalmente tenemos mucha problemática en eventos de lluvia o cuando vienen períodos lluviosos", sostuvo.
Y sumó: "Los campos sacan mucha agua naturalmente. El mantenimiento de los caminos por ahí es un tanto deficiente. Ni hablar de las alcantarillas, las cunetas y demás".
El impacto es concreto: cuando las lluvias se estiran, sacar la cosecha y moverse por los caminos vecinales se vuelve una odisea. "Esto hace que sea una época complicada, sobre todo para sacar las cosechas y moverse por los caminos vecinales. Es lo que más se resiente en esta época", concluyó Kinderknecht en Momento de Campo, por Elonce Radio & Streaming FM 98.7.