El sueño truncado de Eduardo Belmonte: la lesión que le cambió la vida y su nuevo desafío en Ferro
¿Qué pasó con el sueño de Eduardo Belmonte de jugar en España? La lesión que cambió su destino y el desafío que hoy lo tiene como DT de Ferro.
Eduardo Belmonte abrió las puertas de su casa para una nueva edición de “Mateando con Carlos” y repasó una vida entera dedicada al fútbol. Entre mates, aparecieron los inicios en Bancruz, la figura de su padre “Pelusa” y una oportunidad en España que se esfumó por una fractura. Hoy, como DT de Ferro, sueña con devolverle al club una identidad propia.
Los primeros pasos en Bancruz
Belmonte se formó desde las inferiores en el Club Social y Deportivo Bancruz. Allí, Rubén Capovilla se convirtió en su “padre futbolístico” y le inculcó una filosofía clara: avanzar escalón por escalón.
“Nosotros, paso a paso. Nos vamos a golpear muchas veces, pero cuando lleguemos ustedes me van a dar la razón”, recordó Eduardo sobre aquella premisa.
Los golpes llegaron cuando los jóvenes se midieron con equipos de mayor experiencia como Petrolero Austral, Independiente y Ferro. Pero el proceso continuó hasta alcanzar la Primera División y forjar un grupo de compañeros con los que aún comparte cancha en las categorías Senior y Super Senior.
“Hoy estar al lado de ellos y compartir todo lo que vivimos es una felicidad enorme”, confesó.
El fútbol de antes y el de ahora
Eduardo no eludió la comparación generacional. Para él, la tecnología y las redes sociales marcaron un quiebre. En su época no existía la exposición permanente que hoy enfrentan los jóvenes.
“Hay que canalizar que esto tiene muchos condimentos. El deporte en sí”, sostuvo, al señalar que el rendimiento no depende solo de lo técnico. La alimentación, el descanso y la disciplina son parte del proceso.
El jugador debe ser autocrítico y preguntarse qué está haciendo para mejorar, remarcó.
“Pelusa”, el padre detrás del alambrado
La figura de su padre, “Pelusa”, atraviesa toda la historia. No solo acompañaba a Bancruz a todas partes, sino que era “un padre más para el resto”, incluso invitaba a los compañeros a comer a su casa.
Eduardo heredó de él la pasión por el fútbol, mientras que su hermano Fernando encontró una conexión con la mecánica y el automovilismo.
“Hasta el momento que estuvo en vida nos acompañó en todo sentido”, resumió emocionado.
El diario del lunes y los recuerdos que quedan
Su padre compraba los diarios de La Opinión Austral y guardaba las reseñas de los partidos. Hoy, Eduardo conserva una carpeta con aquellos recortes.
Recuerda especialmente una reseña tras un campeonato con Ferro, cuando les mostró a sus jugadores las dos páginas dedicadas al equipo: “Fíjense, chicos. La foto, ustedes están acá en el diario. Su nombre está acá en el diario”.
También aparecieron revistas donde fue tapa, como aquella con la camiseta de Bancruz y otra con la de Defensores. Y una imagen inolvidable: un partido en la vieja cancha de tierra de Hispano Americano, donde Bancruz ganó 3 a 2 y Eduardo marcó el tercer gol ante Pepe Ludeña.
La lesión que truncó el sueño español
Tras Bancruz, Eduardo pasó por Boxing, Petrolero Austral, Ferro y Defensores. Pero hubo un momento que pudo cambiar todo: tenía los papeles listos para viajar a España y realizar una prueba, gracias a contactos vinculados al Banco del Sol.
Su familia había hecho trámites, incluso viajes a Bahía Blanca, y la documentación estaba encaminada. Pero en un partido ante Independiente sufrió una fractura.
“Y ahí cambió la vida”, recordó. La oportunidad quedó atrás y la pregunta inevitable permaneció: ¿qué habría pasado si esa lesión no ocurría?
También destacó las diferencias con el presente: antes, llegar a Comodoro Rivadavia era un desafío y las chances de ser visto eran escasas. Hoy existen captadores y herramientas para mostrarse.
Del jugador al entrenador
Eduardo se siente “cómodo” dirigiendo. Su objetivo es transmitir a los jóvenes lo que él recibió de sus entrenadores y su familia, aunque reconoce que el desafío es mayor.
“Cuando apoyen la almohada, seamos autocríticos y analicemos en qué nivel estamos”, les repite a sus jugadores.
“En el fondo es fútbol: 11 contra 11”, sintetizó.
Ferro, el estadio y una nueva etapa
Hace dos años, Eduardo asumió Ferro y encontró un club sin cancha propia por las remodelaciones del estadio “Aníbal Rey Méndez”. El equipo debió entrenar en espacios reducidos y alquilar canchas, sin tiempo para trabajar con centrales, mediocampistas y delanteros.
La próxima inauguración del histórico estadio del “Carbonero” representa mucho más que una obra: es una herramienta deportiva.
“Ahí sí vos tenés herramienta para hacer lo que vos querés hacer”, explicó.
Con la cancha terminada, el desafío será recuperar jugadores, formar nuevas generaciones y construir una identidad que trascienda los nombres propios. Porque los jugadores pasan, los entrenadores también. Lo que queda es el club.
Eduardo Belmonte mira al frente con la mochila de una vida alrededor del fútbol y la ilusión de que Ferro vuelva a escribir su historia. Todo, siempre, alrededor de una pelota.