El superávit comercial se cuadruplicó, pero la industria sigue frenada por la demanda interna
El superávit comercial se multiplicó por cuatro, pero la industria no levanta cabeza: más de la mitad de los empresarios del sector asegura que la falta de demanda interna limita su producción. ¿Qué dice el resto de los indicadores?
La economía argentina volvió a mostrar en agosto su doble cara: un sector externo cada vez más fuerte y una demanda interna que no reacciona. El superávit comercial de los primeros siete meses del año se multiplicó por más de cuatro, pero la industria manufacturera sigue identificando a la falta de consumo como su principal obstáculo.
Según los datos oficiales difundidos en la tercera semana de agosto, el intercambio de bienes arrojó en julio un superávit de US$2115 millones, con exportaciones por US$8854 millones e importaciones por US$6739 millones. Las ventas al exterior crecieron un 14,1% interanual en valor, impulsadas sobre todo por los precios, que aportaron 12,4 puntos, mientras que las cantidades sumaron apenas 1,5 puntos.
El sector energético volvió a ser el más dinámico: las exportaciones de combustibles y energía saltaron un 97,8% interanual, confirmando su papel protagónico en la transformación del perfil exportador argentino.
La otra cara: importaciones en caída
Las compras externas, en tanto, cayeron un 1,7% interanual, pero esa baja esconde dos movimientos opuestos: los precios subieron un 8,4% mientras que las cantidades se contrajeron un 9,2%. La caída de los volúmenes importados abarcó a casi todos los rubros, con la excepción de los bienes intermedios, y refleja directamente la debilidad de la actividad interna: una economía que no crece demanda menos insumos del exterior.
Es decir, parte de la mejora del saldo comercial se explica no por el vigor exportador, sino por la atonía de la demanda doméstica.
El resultado acumulado de 2026 es notable: el superávit de los primeros siete meses trepó a US$16.080 millones, frente a los US$3669 millones del mismo período de 2025. Ese caudal de divisas es el principal sostén de la acumulación de reservas y le da al programa económico una solidez externa que no tuvo durante largos períodos de la historia reciente.
Las reservas acompañaron esa dinámica: el Banco Central cerró la tercera semana de agosto con US$50.655 millones de reservas brutas, tras un incremento de US$1159 millones que respondió principalmente a la recomposición de encajes.
La industria, estancada
El contraste aparece al observar el pulso de la economía interna. El indicador de confianza empresaria de la industria manufacturera se ubicó en julio en un valor negativo de 17,2 puntos (en una escala de -100 a 100), apenas una leve mejora respecto del mes anterior.
El dato más revelador: el 52,9% de los industriales encuestados identifica a la insuficiencia de la demanda interna como el principal factor que limita su capacidad de aumentar la producción. Además, siete de cada diez empresas prevén que su producción no variará en el trimestre agosto-octubre, y quienes esperan una caída superan a quienes anticipan una mejora.
No todos los sectores comparten ese pesimismo. El indicador de confianza de los supermercados y autoservicios mayoristas se ubicó en un valor apenas negativo de 1,1 puntos, muy por encima del registro de la industria. Esa divergencia sugiere que el consumo masivo de primera necesidad resiste mejor que la producción fabril, un patrón coherente con una economía en la que los hogares priorizan los gastos esenciales por sobre los bienes durables.
Salarios y confianza: señales débiles
Los salarios registrados crecieron un 0,5% real en junio, al aumentar un 2,4% nominal frente a una inflación del 1,9%. Sin embargo, todavía se mantienen un 2,8% por debajo en la comparación interanual, lo que revela que la recuperación es apenas incipiente. Los salarios privados se mantuvieron prácticamente constantes en términos reales, mientras que los públicos treparon un 1,5% por el aumento otorgado al personal de las universidades nacionales.
La confianza del consumidor, por su parte, volvió a retroceder: cayó un 1,1% en agosto y se ubicó en 40,2 puntos. Mejoró levemente en el Gran Buenos Aires y en la Ciudad, pero cayó con fuerza en el interior del país. Ese retroceso confirma que, más allá de la leve mejora salarial, la percepción de las familias sobre su situación económica sigue siendo frágil, un factor que pesa directamente sobre las decisiones de consumo.
El balance consolida un diagnóstico ya conocido: la Argentina exhibe un frente externo cada vez más sólido, con superávit comercial en ascenso y reservas robustas, pero esa fortaleza convive con una demanda interna que no termina de reaccionar y que constituye el verdadero cuello de botella de la recuperación. Mientras el sector exportador tracciona con vigor, la industria orientada al mercado doméstico sigue esperando una reactivación del consumo que, por ahora, las señales de salarios y confianza no permiten anticipar con claridad.
(*) Federico Pablo Vacalebre es profesor de la Universidad del CEMA.