El tatuaje de "hope" que explica el futuro de la fruticultura en el Alto Valle
Mientras el Alto Valle vive una floración extraordinaria, un joven de 24 años se planta en la chacra familiar con una idea que cambia la lógica del negocio. El tatuaje que lleva en el cuello lo dice todo: lo que encontró adentro de esas 16 hectáreas no es lo que muchos imaginan.
En plena floración de las peras Packham's, con los cuadros cubiertos de flores en todo el Alto Valle, Gino Poli, de 24 años, recorre en tractor las 16 hectáreas de la chacra familiar en Villa Regina que su familia conserva desde 1952. En el cuello lleva tatuada una palabra en inglés: "hope", esperanza. La imagen resume una historia que, en una actividad donde el recambio generacional ha sido un desafío, habla de continuidad pero también de transformación.
Gino se incorporó a la chacra familiar apenas terminó el secundario. Desde 2022 trabaja junto a su padre, Gustavo, en tierras que pertenecieron a su bisabuelo, Luis Fernández, y que luego manejó su abuelo, Félix Poli. "Yo crecí acá, vi a mis abuelos trabajar, vi a mi papá trabajar acá. Terminé el secundario y arranqué en la chacra. Quería seguir lo que vino haciendo mi familia durante tantos años", cuenta el joven productor.
Cuatro generaciones sobre las mismas 16 hectáreas
La historia de La Pochi arrancó cuando Luis Fernández compró el predio en 1952, en un momento en que buena parte de las hectáreas estaba ocupada por viñas y monte nativo. Con el correr de las décadas la familia fue desmontando y transformando la superficie productiva. Tras el fallecimiento de Luis en 1974, su yerno Félix Poli quedó al frente del establecimiento hasta su muerte en 2021. Después continuó Gustavo y, al año siguiente, se sumó Gino.
La superficie total nunca cambió: siguen siendo 16 hectáreas. Lo que sí se transformó fue su composición interna. La viña perdió lugar a medida que los precios de la uva dejaron de ser atractivos. Luis había empezado con pera y manzana, y más adelante Félix incorporó ciruela.
Hoy disponen de cuatro hectáreas de frutos de carozo (principalmente ciruela, además de duraznos y pelones), dos hectáreas de pera, tres cuartos de hectárea de césped en panes y entre nueve y diez hectáreas de manzana.
El césped en panes y una marca propia
La llegada de Gino modificó la organización del trabajo diario. Mientras su padre está más enfocado en los números y la administración general, él pasa la mayor parte de sus jornadas en el campo. "Somos los dos, trabajamos juntos", aclara.
En ese proceso tomó impulso una actividad complementaria: la venta de césped en panes. Probaron este cultivo hace cinco años y, para ganar superficie, recientemente retiraron filas de manzanos. A diferencia de la fruta, ofrece un ciclo corto: se siembra en septiembre y en febrero ya puede comercializarse. La demanda crece desde el inicio de la primavera hacia jardinerías y particulares de Villa Regina y Bahía Blanca.
La fruta, sin embargo, sigue siendo el corazón de La Pochi. La temporada pasada cosecharon unos 550 bines de manzana y cerca de 250 de pera. La estructura permanente incluye trabajadores dedicados a la poda, el raleo y las labores de tractor, sumando seis personas más durante el pico de cosecha.
Uno de los cambios más importantes que impulsa Gino está relacionado con la comercialización. La familia vende peras a través de una empresa de Allen y destina el resto a Don Rafael, un reconocido mayorista de la provincia de Santa Fe. Contrata el servicio de empaque y de frío en Villa Regina, pero conserva el control absoluto sobre el destino final de la mayor parte de su producción.
"La fruta es nuestra y lleva nuestra marca. Nosotros pagamos el servicio de empaque a una empresa. Después tenemos en distintos frigoríficos guardada la fruta y nosotros decidimos a dónde va", señala Gino. El vínculo con el mercado santafesino se convirtió en una alianza estratégica basada en la confianza: "Don Rafael defiende la fruta nuestra como si fuera de él".
Para dar identidad al proyecto crearon la marca Frutas La Pochi, nombre que alude al apodo de la abuela de Gino, Delia Bengoechea. Ahora busca profundizar ese recorrido: "Yo tengo la idea de intentar llevarlo más lejos todavía, llegar a instalarme bien en el mercado interno".
Las redes sociales son fundamentales en esta etapa. A través de Instagram comenzó a mostrar el día a día del trabajo frutícola. La cuenta le permitió generar contactos en Buenos Aires, Córdoba y Santiago del Estero, e incluso recibir consultas desde Brasil. Aunque avanza con prudencia para cumplir con los compromisos vigentes, el objetivo de fondo está claro: "En un futuro, si nos va bien y como uno tiene pensado, me gustaría llegar a comprar alguna otra chacra o alquilar".
El regreso del turismo rural
Hay otro proyecto que conecta directamente con la historia familiar: el turismo. Sus abuelos solían recibir visitantes locales y extranjeros, y Gino planea recuperar esa faceta desde un enfoque pedagógico. No busca solo mostrar paisajes, sino explicar todo el proceso productivo que hay detrás de la fruta que llega a la góndola.
"La idea de hacer turismo no es solamente mostrar lo que se ve, sino también enseñar lo que se hace: las etapas de la producción, los diferentes trabajos, explicar", detalla. Y agrega: "Es algo que lleva tiempo, pero está bueno que la gente pueda ver todo lo que conlleva ser productor y producir tu propia fruta. No es solamente poner una planta y cosechar, lleva mucho más trabajo".
El atractivo también se vincula con la belleza constante, pero a la vez cambiante, del Alto Valle: la primavera con su floración, el verano con los frutales cargados y el otoño con el cambio de color de las hojas.
Una nueva etapa con sello propio
En La Pochi la continuidad es evidente, pero no significa repetir el pasado de manera idéntica. Gino aporta herramientas modernas a una estructura erigida a lo largo de 74 años. El cultivo de césped, la apertura de canales comerciales, el uso de plataformas digitales y la propuesta turística marcan el inicio de una nueva etapa.
Él mismo sintetiza esta visión al explicar el motivo de abrir canales digitales: "Porque no es mi papá, no es mi abuelo, es mi aporte".
