El taxista hizo el turno de noche por un favor: quién quedó sentado en el banquillo 10 años después
La causa parecía encaminada, hasta que el principal testigo del crimen del taxista quedó en el centro de la escena: sus entrevistas no las hizo un intérprete certificado de lengua de señas. Qué pidió la defensa.
Jonatan Vallejos, de 31 años, empezó a ser juzgado este jueves en Rosario por el homicidio del taxista Eduardo Daniel Piris, asesinado a los 41 años durante un robo en enero de 2016. El caso tardó más de una década en llegar a debate oral y acumuló contratiempos de todo tipo: un sospechoso prófugo durante años, un fiscal que murió antes de la sentencia y un testigo clave cuya declaración está cuestionada por la defensa.
El juicio se desarrolla ante los jueces Rafael Coria, Valeria Pedrana y Silvana Lamas González. La acusación la sostienen Rodrigo Urruticoechea y Marina Vigo, en representación de la Fiscalía, aunque ninguno de los dos instruyó la causa. El penalista Martín Frassi defiende a Vallejos.
El pedido de pena es de 32 años de prisión por homicidio en ocasión de robo, agravado por el uso de arma de fuego y por la participación de un menor de edad como coautor.
La noche que cambió todo
Piris no tenía previsto manejar de noche. Lo hizo porque el otro chofer del turno estaba enfermo. Así, el 26 de enero de 2016 subió a dos pasajeros a bordo de su Chevrolet Corsa en Lavalle al 2200 para un viaje corto.
El recorrido terminó en Gutenberg e Ituzaingó. Allí la dupla bajó del auto y mostró sus intenciones: el más grande, con una escopeta o una tumbera, se acercó a la ventanilla del conductor; el otro, un adolescente, hizo lo propio del lado del acompañante con un revólver a la vista.
Según la investigación, Piris se habría resistido y recibió un disparo de cartucho de escopeta en la cabeza que le provocó la muerte en el acto. Los atacantes huyeron hacia la villa lindera a las vías del Ferrocarril Belgrano.
Esa misma noche, la policía detuvo en la vía pública a Cristian F., de 16 años. De acuerdo con el acta, una vecina avisó a los uniformados que el adolescente se había escondido en su casa aunque no lo conocía. Llevaba en los bolsillos dos cartuchos calibre 12 y 16. Al chequear sus datos, apareció que además era buscado por una causa de tentativa de homicidio del año anterior.
Al año siguiente, Cristian F. fue declarado responsable del homicidio y de la tentativa de robo, y recibió una pena de 6 años y 6 meses de prisión.
Un testigo, un apodo y una fuga larga
Desde el primer momento la Fiscalía tuvo un testigo visual: un joven hipoacúsico que, con temor, intentó hacerse entender con ayuda de su madre, de una oficial de policía y de otra mujer.
El joven nunca pudo dar un nombre, pero marcó en Google Maps la vivienda del supuesto autor del crimen y precisó que el tirador usó una escopeta mientras el adolescente llevaba un revólver en la cintura. Al día siguiente del hecho, según su relato, fue amenazado por el homicida.
Llegar al nombre de Vallejos costó. Su identidad y su supuesto apodo —Cacha— aparecieron en un informe policial con declarantes reservados de la Villa Pororó, que lo señalaron como el acompañante del adolescente y portador de la escopeta con la que se mató al tachero.
Pero al sospechoso se lo había tragado la tierra. Aunque en teoría vivía en Felipe Moré al 2000, los detectives no lograron encontrarlo: consta en la causa que lo buscaron hasta 2022 sin resultado.
Recién el 9 de septiembre de 2023 Vallejos quedó reducido por una turba que intentó lincharlo dentro de un colectivo en el barrio porteño de Palermo, tras el intento de arrebato de un celular. Ese mes le saltó el pedido de captura por el hecho de Rosario y poco después fue imputado por el crimen de Piris.
Hay otro dato llamativo en el expediente: Vallejos había sido condenado a cinco años por un abuso de arma en julio de 2018, un hecho posterior al crimen del taxista. Pese a haber estado detenido en Buenos Aires, en la Fiscalía de Rosario nunca se anoticiaron de su paradero.
Las dudas de la defensa
Durante la investigación, el testigo hipoacúsico habría reconocido a Vallejos en una rueda de reconocimiento fotográfico, pero en un segundo intento: antes había señalado a otra persona sin ninguna relación con el caso.
Ese punto fue advertido por la defensa. Frassi sostuvo que la investigación que derivó en el señalamiento de Vallejos no nació del testigo, sino "acta por acta, a través de intermediarios e informantes de calle". Y agregó que esas actas "registraron lo que entendían los intérpretes".
El abogado cuestionó que no hayan intervenido intérpretes certificados de lengua de señas para comprender al testigo. La última palabra, al menos en esta instancia, la tendrá el tribunal.