El tejido, el hobby de las abuelas que conquista a las nuevas generaciones: qué dice la ciencia
¿Sabías que tejer puede ser tan beneficioso como una terapia? Una emprendedora neuquina revela los secretos de esta actividad que está conquistando a todas las edades. Descubrí cómo el tejido puede cambiar tu bienestar.
En tiempos de estrés y ansiedad, el tejido resurge como una práctica que no solo abriga, sino que también “ordena la cabeza”. Una emprendedora neuquina explica por qué esta actividad, típica de las abuelas, se convirtió en un fenómeno en alza.
La fundación Knit For Peace realizó una investigación que revela los sorprendentes beneficios de tejer para la salud física y mental. Según sus resultados, esta práctica puede ralentizar el desarrollo de enfermedades como la demencia senil, distraer del dolor crónico y ayudar a prevenir síntomas de artritis. Además, tiene un impacto positivo en el tratamiento de la depresión y la ansiedad.
María Victoria Raffo, exdocente universitaria jubilada y creadora del Taller del Garage en Neuquén, comparte su experiencia y la de sus abuelas, quienes fueron sus primeras maestras. “Mirá y aprendé”, era la consigna que le repetían, y hoy entiende que ese momento de silencio y concentración era su manera de ordenar los pensamientos.
¿Por qué tejer “ordena la cabeza”?
Raffo explica que tejer es “neurociencia aplicada”: pasamos de un cerebro reactivo y apurado a uno regulado y presente. La actividad combina movimientos repetitivos, atención, creatividad y planificación, lo que genera una sensación de calma similar a la de caminar o amasar.
“Las secuencias repetitivas y rítmicas favorecen estados de concentración sostenida y regulación emocional”, afirma la emprendedora. Además, las manos ayudan a enfocar la atención, contando puntos y siguiendo patrones, lo que disminuye la sensación de estrés.
Un tiempo a contramano de las urgencias
En un mundo dominado por pantallas y estímulos constantes, tejer ofrece algo poco habitual: tiempo continuo. Raffo sostiene que esta práctica va a contramano del apuro diario, que nos mantiene en modo “lucha o huida”. “Se necesita un tiempo que va al ritmo de las manos, del proceso propio de aprendizaje”, concluye.
Para Raffo, el tejido tiene la capacidad de reunir personas, despertar creatividad y pausar el tiempo. “Nunca me imaginé que esta etapa me regalaría tanto”, confiesa. Y es que, más allá del chaleco o la bufanda, lo importante es la experiencia cerebral que sucede “mientras tanto”.