El temor que recorre el Kremlin: lo que Putin podría perder en la nueva guerra de Medio Oriente
Mientras los bombardeos sacuden Medio Oriente, una silenciosa preocupación recorre los pasillos del Kremlin. Los analistas revelan los multimillonarios proyectos y la frágil influencia que Rusia tiene todo para perder en este nuevo tablero geopolítico.
La escalada bélica en Irán está generando una profunda inquietud en Moscú, que ve cómo su influencia en una región clave se desvanece. La caída de su principal aliado en Medio Oriente le pasaría una costosa factura a Rusia, no solo en términos geopolíticos, sino también económicos y militares.
Tras haber perdido Siria, Rusia observa ahora cómo se debilita su histórica influencia en Medio Oriente con la oleada de bombardeos estadounidenses e israelíes en Irán. Para el Kremlin, la Revolución Islámica ha sido clave en el suministro de drones militares para su conflicto en Ucrania y representa un importante polo de negocios y una ruta comercial estratégica.
Una paradoja geopolítica que complica a Moscú
La situación presenta una gran paradoja. Teherán está bombardeando a países del Golfo como los Emiratos Árabes Unidos, donde la oposición rusa denuncia que el Kremlin montó un entramado de empresas fantasmas para eludir las sanciones internacionales derivadas de la invasión a Ucrania. Esto pone en riesgo un canal financiero vital para Moscú.
Para Vladimir Putin, la guerra en Irán es un gran dolor de cabeza. El presidente ruso solo pudo recurrir a la retórica contra Donald Trump, con quien negocia una salida a la guerra en el Dombas, para condenar la ofensiva, a la que calificó de “cínica e inmoral”. La realidad es que Moscú no está en condiciones de ejercer presión sobre Washington.

¿Qué está realmente en juego para Rusia?
El analista Oleg Ignatov, experto en temas rusos del Crisis Group, explicó a TN que, si cae la Revolución Islámica, “Rusia perderá un régimen amigo que comparte en gran medida su visión del conflicto con Occidente”. Además, podría perder una ruta logística alternativa hacia la región a través del Mar Caspio e Irán, importante debido a la presión occidental sobre su logística comercial.
“Rusia no tiene muchos socios cercanos. Y ahora ve que su número se reduce aún más”, afirmó Ignatov. “Moscú considera que la mejor defensa en este nuevo mundo es ser fuerte. Se prepara para una nueva guerra y se vuelve lo más resistente posible porque no hay garantías”.
El peor escenario para Moscú, que Putin se negaba a contemplar, se materializó. En junio pasado, durante el Foro Económico de San Petersburgo, un periodista le preguntó qué pasaría si el líder supremo iraní, Ali Jamenei, fuera asesinado. Putin respondió: “Ni siquiera quiero hablar de esa posibilidad. No quiero”. Jamenei fue eliminado en uno de los bombardeos del sábado pasado.

La multimillonaria cartera de inversiones en peligro
Nikita Smagin, experto en relaciones ruso-iraníes, señaló que la mayor preocupación del Kremlin es su sustancial cartera de inversiones. Esta incluye proyectos millonarios en las industrias petrolera y gasífera, el corredor Norte-Sur (una ruta ferroviaria multimillonaria entre Rusia e Irán), y un acuerdo de 25.000 millones de dólares para construir cuatro reactores nucleares en el sur de Irán.
“Rusia ha invertido mucho esfuerzo y dinero en Irán. Ciertamente, si imaginamos un cambio de régimen o inestabilidad en Irán, todos estos proyectos están amenazados”, afirmó Smagin. El mayor temor de Moscú es que la caída de la Revolución Islámica lleve al poder un gobierno que rompa su alianza con Rusia, un escenario que ya vivió con la pérdida de influencia en Siria tras la caída de Bashar al Assad.
Hanna Notte, directora del Programa de Eurasia en el Centro James Martin de Estudios de No Proliferación, coincidió: “Los intereses de Rusia en Irán podrían verse afectados. Sobre todo si quienquiera que venga después busca relaciones más pragmáticas con Occidente. Este ha sido un temor de larga data en Rusia”.
El Kremlin también podría sufrir un duro golpe si se ven afectados sus intereses en los Emiratos Árabes Unidos, bajo bombardeo iraní. Allí se habrían creado cientos de empresas fantasma para eludir sanciones, e incluso hay sospechas de que Rusia ha usado los puertos emiratíes para trasladar crudo.
La única buena noticia a corto plazo para Moscú es el aumento del precio del barril de crudo, del cual depende su economía. Analistas también señalan que Rusia ha comenzado a diversificar la producción de drones militares utilizados en Ucrania, empezando a producir los modelos iraníes Shahed.
“Todo lo que ocurre en Oriente Medio amenaza los intereses rusos. Es un cambio de norma, un cambio de patrón sobre cómo las potencias mundiales actúan hacia los países autoritarios. Y, sin duda, no es una buena señal para Rusia”, concluyó Smagin.