El tesoro de madera que duerme en una isla del lago Lácar y casi nadie conoce
¿Qué hace una capilla de madera de 1933 en una isla a la que solo se llega en lancha? La historia de los trabajadores que la levantaron con sus manos sigue guardada entre los coihues del lago Lácar.
En un rincón de bosque de la Isla Santa Teresita, sobre el lago Lácar, una pequeña construcción de madera guarda una historia que se remonta a 1933. Se trata de la capilla Santa Teresita, un templo modesto que nació para los trabajadores del aserradero de la estancia Quechuquina y que hoy integra el extenso Camino de la Fe neuquino que arranca en Ailinco y termina en Villa La Angostura.
La capilla no fue un capricho ni una obra planificada desde un escritorio. Surgió de una necesidad concreta: los trabajadores del aserradero necesitaban un lugar cercano donde participar de ceremonias religiosas. Así, la comunidad vinculada a la actividad forestal de la zona de San Martín de los Andes se organizó para levantarla.
Una construcción hecha entre todos
El aporte de distintas familias fue clave. La familia Raguzzi donó las maderas con las que se levantó la estructura, mientras que la familia Van Dorsser se encargó de finalizar la obra. También participaron voluntariamente trabajadores del aserradero y un carpintero municipal. Entre todos dieron forma a un templo sencillo, integrado al paisaje y marcado desde su origen por el trabajo forestal.
Con el correr de los años, la capilla dejó de ser solo un espacio para los trabajadores del aserradero y pasó a ocupar un lugar central en la vida de la comunidad. Allí se celebraron bautismos, misas y casamientos, y se convirtió en escenario de momentos importantes para numerosas familias. Según la memoria vinculada al lugar, llegó a ser considerada “un lugar de moda” para realizar ceremonias.
Esa transformación también cuenta cómo se organizaba la vida alrededor de las actividades productivas de la época. El aserradero no era solo una fuente de trabajo: en torno a él se desarrollaba una comunidad que necesitaba sus propios espacios de encuentro, celebración y vida religiosa.
La madera, una identidad que sigue viva
La elección de la madera como material principal no fue casual. El entorno boscoso y la actividad forestal que sustentaba a la comunidad explican por qué la capilla se construyó con ese recurso. El aporte de la familia Raguzzi permitió levantar una construcción austera, integrada al paisaje y ligada desde su origen al trabajo del aserradero.
Hoy, casi un siglo después, la pequeña capilla sigue rodeada por un extenso bosque y conserva esa identidad de construcción sencilla y estrechamente vinculada al territorio. Su historia no puede separarse de la de los hombres y mujeres que trabajaron en el aserradero y construyeron allí parte de su vida.
Conocer la capilla Santa Teresita es también acercarse a la historia de los trabajadores de la estancia Quechuquina y de las familias que hicieron de este sector del lago Lácar su lugar de vida. Una época en la que trabajo, comunidad y fe estaban profundamente entrelazados.
Dónde está y cómo llegar
La Isla Santa Teresita se ubica en la margen norte del lago Lácar, al este de la península Quechuquina, de la que la separa un canal de unos 112 metros. Tiene aproximadamente 250 metros de ancho y 375 metros de largo, y cerca del 90 por ciento de su superficie está cubierta por bosque.
Este rincón natural e histórico, dentro del Parque Nacional Lanín en San Martín de los Andes, es una isla rocosa de orillas abruptas y sin playas de arena. Está rodeada por bosques nativos de coihues, cipreses, maquis y ejemplares de arrayanes. Solo se puede llegar por agua, mediante excursiones en lancha o embarcaciones autorizadas, como las que ofrece Naviera Lacar & Nonthue.