El tesoro que dormía en unos baúles de barrio Agote y que ahora revela a una Emilia Bertolé desconocida

Una investigadora pasó más de una década leyendo cartas que nadie había tocado en años. Lo que encontró en esos papeles cambia por completo la imagen que teníamos de Emilia Bertolé.

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El tesoro que dormía en unos baúles de barrio Agote y que ahora revela a una Emilia Bertolé desconocida
El tesoro que dormía en unos baúles de barrio Agote y que ahora revela a una Emilia Bertolé desconocida

Un libro publicado por el sello rosarino Danke recoge las cartas que la pintora Emilia Bertolé intercambió con su familia en 1916, su primer año en Buenos Aires. Se presenta este miércoles 30 de septiembre, a las 18, en el Museo de la Ciudad Wladimir Mikielievich (Oroño 2361), con entrada libre y gratuita.

“La joven Emilia Bertolé. Correspondencia familiar - 1916” reúne una selección de las cartas que Emilia se envió con su familia, sobre todo con su hermana Corina, durante aquel año iniciático en tierras porteñas. Detrás de esas páginas hay una investigación de más de una década liderada por Victoria Noya Neirot, con trabajo de edición de Julia Enriquez (gestora de Danke), Lila Siegrist y Lucía Tognarelli, autora del arte de tapa.

El origen: unos baúles olvidados en el fondo de una casa

A mediados de los ochenta, Juan Carlos Hanel, pariente lejano de Bertolé, donó al Museo de la Ciudad unos baúles que habían estado durante años en el fondo de su casa en barrio Agote. Adentro había un tesoro: más de 800 cartas, tarjetas postales, fotografías, dibujos, boletos comerciales, recibos bancarios, estudios médicos, registros de comunicaciones espiritistas y recortes de prensa.

Ese volumen fue inspeccionado y catalogado por María Cristina Calvi, trabajadora del Museo fallecida en pandemia, a quien el libro está dedicado. Noya Neirot la señala como un eslabón clave de una cadena de esfuerzos sostenida sobre todo por mujeres a lo largo de más de un siglo, que hoy permite que esas cartas circulen y muestren una faceta íntima de la biografía de Bertolé.

Una Emilia madura, astuta y elocuente a los 19 años

El libro descubre a través de una prosa epistolar hipnótica a una Emilia de una madurez, una astucia y una elocuencia fascinantes. También expone la dimensión de clase que atravesó a la pintora en los años en que se forjó, encargo a encargo y trazo a trazo, un lugar en la escena artística porteña.

Impactada por las comodidades de la aristocracia que la contrataba, Bertolé pintaba con la responsabilidad de sostener sus propios medios de vida y de mandar dinero a su familia en Rosario. Todo mientras intentaba encontrar lugar y tiempo para desarrollar su trabajo más sentido, en un contexto histórico donde las mujeres todavía no podían firmar contratos de trabajo ni administrar sus bienes sin autorización de un hombre.

“En la lectura una puede apreciar que a ella le preocupa muchísimo su obra personal, su obra más sentida, no mercantilizada, y le preocupa muchísimo que su obra que vende le salga bien. Pero siempre de fondo le preocupa la vida cotidiana de su familia, el estado de salud de su mamá, que tengan la ropa que necesitan en invierno”, cuenta Noya Neirot a La Capital.

Las cartas de Emilia y Corina abren una ventana al habla cotidiana de una familia rosarina trabajadora de principios del siglo XX, donde abunda el lunfardo pero también expresiones en francés y piamontés. A pesar de tener más de cien años, la escritura de las hermanas resulta entretenida, reconocible y cercana.

“Me parece que el libro, a través del largo proceso de edición, logra facilitar una lectura que se vuelve muy atrapante. También tiene una cosa medio atemporal. Son dos jóvenes conversando acerca de sus inquietudes íntimas y más sociales. El estilo de escritura de las dos hermanas es muy cautivante. En el caso de Emilia, me impresionó mucho la madurez de esa muchacha con 19 años recién cumplidos en 1916”, agrega Victoria.

Una carta de amor a Bertolé

A partir de las 89 cartas elegidas y el prólogo de Noya Neirot, el libro se puede leer como una gran carta de amor a la pintora: una invitación a conocer o redescubrir su obra y a dejarse cautivar por su figura.

El primer contacto entre Victoria y el archivo de Bertolé fue en 2012, cuando se acercó al Museo de la Ciudad para una investigación por encargo sobre la pintora para un proyecto audiovisual. Sin formación en Bellas Artes, su vínculo con la vida y obra de Emilia hasta entonces había sido a través de “Emilia Bertolé, obra poética y pictórica”, el libro que la Editorial Municipal publicó en 2006.

“Cuando conocí ese material, me modificó. Quedé muy fascinada con la figura de Emilia. Y particularmente, con las condiciones sociales en las que se desarrolló su trabajo, y las condiciones afectivas y familiares en las que ella vivió su vida. Mucho más que con su obra tanto pictórica como poética, fue el carácter de esa escritura íntima”, relata Noya Neirot.

Sobre ese precedente, Victoria apunta: “Nora Avaro hizo un trabajo espectacular, un estudio biográfico aún antes de que estuviera ordenado el archivo en el Museo de la Ciudad y logró tejer un mapa cuando no había ninguna claridad sobre la vida de Emilia”. A veinte años de su primera edición, ese volumen hace un tándem muy potente con la reciente publicación de Danke.

El deseo de publicar apareció después de varios años de intimidad con los documentos. “En 2015 empecé a hablar con Cristina acerca de esta posibilidad de publicar una selección de cartas. En 2016, empezamos a conversar con Julia las tres y ahí decidimos el recorte. Por distintas circunstancias elegimos ese año. Especialmente, es un año muy particular y de transformación total para Emilia”, comparte Noya Neirot. En 1917 Bertolé vuelve a Rosario y en 1918 se instala definitivamente en Buenos Aires, esa vez acompañada por su mamá y Corina.

Victoria pasó muchísimas mañanas en el Museo haciendo registros fotográficos en alta calidad de cada carta del período elegido. “A partir de ese registro, con Julia transcribimos durante más de un año. Yo leía en voz alta desde las imágenes, de la grafía de las personas que escribían, y Julia iba tipeando. Ese proceso fue alucinante, de mucho entusiasmo y descubrimiento, pero también muy complejo porque el material en su escritura es muy complejo. Hemos pasado horas tratando de descifrar una palabra que no se leía o el sentido de una oración, porque hay muchas expresiones en otras lenguas y con distintos modismos”, relata.

“Es increíble pero cada vez que lo lees encontrás algo nuevo. Ahora lo estoy leyendo por primera vez publicado y me sigue pasando que me emociono, encuentro nuevos hilos desde los que tirar, porque hay tantas dimensiones en su conversación que se vuelve una cosa medio hermenéutica: de todo podés hacerte preguntas”, suma Victoria.

“Me parece que el libro de alguna manera viene a poner otro color alrededor de su figura. Siempre la hemos conocido a través de su obra, de lo que se ha escrito sobre ella y la historia que sobre todo Nora Avaro pudo reconstruir. Pero escucharla hablar, porque las cartas tienen esa cualidad sonora, aporta en lo contemporáneo una frescura encantadora a su figura”, cierra.

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