El tomate sanjuanino pierde terreno: la pasta importada gana la batalla y la siembra cae hasta un 25%
¿Qué pasa con el tomate sanjuanino? La pasta importada gana terreno y la siembra cae por segunda vez. Los detalles que nadie contó.
La presión de la pasta de tomate importada sigue golpeando al sector productivo local. San Juan reducirá la siembra de tomate para industria entre un 20% y un 25% en la campaña que comienza en agosto, según datos de la asociación Tomates 2000.
La superficie cultivada pasará de las 2.325 hectáreas de la temporada anterior a un rango de entre 1.800 y 2.000 hectáreas. Es la segunda caída consecutiva para una provincia que, junto a Mendoza, concentra el 80% de la producción nacional destinada a procesamiento industrial.
¿Por qué se siembra menos?
El principal factor es la competencia del tomate triturado que llega desde el exterior, especialmente de Chile, aunque también de China y Europa. Este producto ya cubre cerca del 20% de la demanda nacional de puré de tomate.
La retracción local busca equilibrar ese porcentaje y evitar un sobrestock de materia prima, pero expone un problema de competitividad. Los productores enfrentan aumentos en energía, mano de obra y servicios mecanizados, mientras las fábricas encuentran más barato importar que procesar localmente.
En el sector hay un dato que marca diferencias: las grandes empresas como Arcor (San Juan), Marolio y Ava (Mendoza) no importan pasta. Quien sí lo hace es Baggio, de la firma RPB, que no logró sostener un paquete propio de proveedores locales y prefiere apelar a la importación, generando incertidumbre en el campo sanjuanino.
Dos temporadas en caída
La superficie sembrada en San Juan tuvo buenos resultados en 2023-2024, se mantuvo estable en 2024-2025 y se desplomó casi un 30% en 2025-2026, pasando de 3.500 a 2.325 hectáreas. A nivel país, la caída es aún más pronunciada: de 7.300 hectáreas en 2024-2025, cuando Argentina logró autoabastecerse, a apenas 4.980 hectáreas en la última temporada.
Lo curioso es que la baja no responde a problemas de productividad. San Juan viene de dos temporadas con rendimientos por encima del promedio histórico, superando las 105 toneladas por hectárea, mientras Mendoza no alcanza las 90.
La provincia ya cuenta con tecnología de punta: riego por goteo, variedades adaptadas y buen manejo del cultivo. El inconveniente son los costos internos, tanto impositivos como energéticos, que encarecen el producto final frente a la pasta importada.
La industria encuentra más rentable importar que producir localmente, y eso define la planificación: si las fábricas anticipan una demanda menor, la siembra se ajusta casi en la misma proporción.
¿Qué se espera para el futuro?
Las perspectivas no muestran una recuperación inmediata. A nivel nacional se proyectan entre 3.700 y 4.000 hectáreas para 2026-2027, apenas por debajo de la campaña actual. Recién en 2027-2028 se vislumbraría una verdadera recuperación del autoabastecimiento, cuando las fábricas absorban el sobrestock acumulado.
San Juan seguirá siendo la principal provincia productora del país. Quien resignará más superficie será Mendoza, ya que las industrias prefieren el tomate sanjuanino por su mayor productividad y calidad.
Desde el sector piden dos cosas para sostener la actividad: bajar la carga impositiva sobre los insumos y que los productores trabajen con contrato con alguna fábrica. El llamado “tomate libre”, sin contrato, vale menos y corre más riesgo de quedarse sin comprador.