El torbellino que eligió los tacos: a seis años de la partida de Amina Roldán
Unos zapatos rojos y un apodo de infancia: “el torbellino”. A seis años de su partida, dos de las personas que más la conocieron revelan cómo Amina Roldán convirtió la danza en su lenguaje y por qué su huella sigue bailando.
A seis años de su partida, la historia de Amina Roldán vuelve a tomar forma a través de las voces de su hermana Leila y de Lola Acosta, amiga, colega y comadre. Las dos la recuerdan como la artista y docente que convirtió la danza en su lenguaje y dejó una marca imborrable entre alumnas, colegas, amigas y familia.
La menor de seis hermanos fue desde chica “el torbellino” de la familia. A los cuatro años arrancó con danza clásica, pero el descubrimiento de los tacos, las castañuelas y los volados la llevó de lleno hacia la danza española. Ahí encontró su cable a tierra y una pasión que la acompañó hasta sus últimos momentos.
Una generosidad que se bailaba
Compartió escenario con bailarinas locales y de otros lugares, siempre desde un lugar de enorme generosidad y sin rivalidades. Bailaba clásico, rock, bachata y distintos estilos. “Bailaba todo”, cuentan quienes la vieron. Y bailó hasta el último momento.
Como docente y directora de su propia academia, buscaba la excelencia y continuaba capacitándose. Sus alumnas la recuerdan exigente, pero también profundamente amorosa y contenedora. Incluso durante la pandemia siguió dando clases de manera virtual. La docencia, dicen, fue uno de sus grandes salvavidas.
El recuerdo de Leila y Lola
Leila recuerda la complicidad entre ambas sobre el escenario. Lola, por su parte, habla de una amistad que trascendió la danza y que llegó hasta la familia. También rescata un momento que resume quién era Amina: antes de una función de neoclásico, cuando atravesaba una fuerte crisis, fue hasta su habitación para sostenerla, abrazarla y darle seguridad.
Hoy, unos zapatos rojos representan su recuerdo: la fuerza, la pasión y ese carácter que la hacía única.
Amina se fue, pero su danza quedó. En sus alumnas, en sus amigas, en su familia y en cada escenario donde alguna vez dejó su huella.