Alberto Urnau quedó sepultado bajo el galpón de tabaco cuando el tornado arrasó Panambí. Volvió en sí entre los postes, salió solo y hasta hoy no sabe cómo. La frase que le dijo a su familia al despertar lo explica todo.
Alberto Urnau trabajaba el tabaco en un galpón del paraje Doradito cuando el viento lo tiró abajo sobre él y otras cuatro personas. Perdió el conocimiento, despertó entre postes de eucalipto y chapas y logró salir por sus propios medios, sin saber cómo. Su hija Ester también quedó atrapada y la rescató su esposo, Luis Ricardo, que se abrió paso a motosierra entre los árboles caídos.
La mañana del miércoles, cuando el tornado azotó Panambí, Urnau estaba junto a su hija Ester y su yerno Luis Ricardo en el galpón donde trabajaban el tabaco, en el paraje Doradito, donde vive la familia. Eran cinco personas adentro. La fuerza del viento desplomó la estructura y los dejó bajo los pesados postes de eucalipto, los tirantes y las chapas.
El golpe dejó a Urnau inconsciente. Cuando volvió en sí, consiguió salir por sus propios medios. No sabe cómo lo hizo.
La carrera contra la tormenta y la motosierra
Luis, en cambio, salió disparado hacia la casa donde estaban sus hijas para ponerlas a salvo. Ester, igual que su padre, quedó debajo de las maderas, golpeada e inconsciente. Fue su esposo quien la sacó de ahí y la llevó al hospital. Para poder avanzar tuvo que abrirse camino con una motosierra: los árboles caídos tapaban el camino.
Hoy la familia agradece poder contarlo, aunque perdió toda la producción y buena parte de la estructura que la sostiene. "De ese momento no me recuerdo de nada. Cómo salí, no sé, solo Dios sabe", contó Alberto, sentado en la galería de su casa junto a su esposa, Gladis Batirola, que también sintió la fuerza del tornado.
El hombre reconstruyó lo que pasó y recordó que recién después de salir de entre las maderas empezó a tomar conciencia. "Me empecé a acordar que yo era gente", dijo, a su manera de describir que no lograba dimensionar lo que estaba pasando, y se dio cuenta de que estaba vivo. También describió la velocidad con la que el viento arrasó con todo: "Un minuto y no había nada más".
Sobre su hija, que también estaba en el galpón, contó que "fue la primera que el viento le mandó el poste", y mostró sobre su cuerpo las heridas que sufrió.
El galpón, el tabaco y una frase que lo resume todo
El galpón quedó destruido y el tabaco que estaba adentro también se perdió. Esa producción es el sostén de la familia. "Mucho, mucho, el galpón cien por cien, completo", resumió Urnau. Y sobre cómo recuperar lo perdido, respondió con una frase que sintetiza su vida: "Trabajo nomás. Trabajo".
El viento además destechó la vivienda y dejó apenas una parte del techo sano, con la estructura en riesgo. En los días siguientes el municipio colaboró con las reparaciones y la casa pudo volver a quedar en condiciones habitables.
Hoy esa misma vivienda se convirtió en un centro de acopio de donaciones para las familias afectadas. Desde allí Gladis y Alberto reciben la ayuda que después entregan a los pobladores de la zona.
La solidaridad también se vio entre los vecinos del paraje Doradito, que se organizaron para rescatar el tabaco y asistir a quienes habían perdido sus galpones. "Colaboraron 28 vecinos, uno ayudando al otro para sacar el tabaco", valoró Urnau.
Ver esta publicación en InstagramUna publicación compartida por El Territorio (@elterritoriooficial)