El transporte devora el salario: la canasta de servicios ya consume el 15% de los ingresos
¿Cuánto de tu sueldo se va en luz, gas, agua y transporte? Un informe revela que la canasta de servicios ya consume el 15% del salario promedio y el transporte es el gran responsable.
Un relevamiento del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP (UBA-CONICET) reveló que una familia del AMBA necesita casi 290 mil pesos por mes para cubrir luz, gas, agua y transporte. El dato más contundente: el transporte se lleva el 43% de ese total y su aumento anual duplica a la inflación.
Mientras la inflación general muestra signos de desaceleración, los servicios públicos avanzan a paso firme. En agosto, la canasta de servicios para el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) alcanzó los 289.622 pesos mensuales, lo que representa el 15% de un salario promedio registrado estimado en 1.993.280 pesos.
El informe del IIEP (UBA-CONICET) marca que, aunque la canasta cayó 2,1% respecto de julio por el menor consumo estacional de energía, la comparación interanual enciende todas las alarmas: el costo se disparó 54% en doce meses, veinte puntos por encima de la inflación estimada para el mismo período.
¿Cuánto salario se necesitaba antes?
La pérdida de poder adquisitivo es notable. Un año atrás, un salario promedio alcanzaba para comprar 8,1 canastas de servicios. Hoy, apenas llega a 6,9. Es decir, cada vez queda menos margen para otros gastos esenciales.
Desde diciembre de 2023, la suba acumulada de la canasta es del 944%, mientras que el nivel general de precios habría aumentado un 249%. Las tarifas multiplicaron casi cuatro veces la evolución de los precios en ese período.
El transporte: el principal dolor de cabeza
Dentro de la canasta, el transporte ocupa el primer lugar con un gasto mensual de 123.726 pesos, el 43% del total. No solo es el componente más pesado, sino también el que más aumentó: 69% interanual, el doble que la inflación.
Este rubro aportó 27 de los 54 puntos porcentuales de incremento de la canasta en el último año. En agosto, el gasto en transporte subió otro 2,2% por el ajuste del 2,9% en los colectivos de la Ciudad de Buenos Aires. El boleto mínimo porteño quedó en 853 pesos, el del Gran Buenos Aires en 1.111 pesos y el del servicio entre Ciudad y conurbano en 743 pesos. El subte llegó a 1.684 pesos y el tren del AMBA tiene una tarifa mínima de 420 pesos.
El IIEP también marcó la diferencia entre lo que paga el usuario y el costo real del sistema: el costo técnico por pasajero del transporte automotor del AMBA es de 2.300 pesos con IVA, mientras que el Estado reconoce 1.626 pesos.
Luz y gas: la estacionalidad disimula la suba
La baja mensual de la canasta no implica una reducción de tarifas. En electricidad, el cargo fijo subió 1,8% y el variable 2%, pero el menor consumo tras el pico invernal redujo la factura promedio 10,1%. Un usuario residencial N1 pagó en agosto 61.308 pesos.
En gas, la dinámica fue similar: el cargo fijo aumentó 1,9% y el variable 5,7%, pero la factura cayó 5% por el menor uso. El gasto promedio para un N1 fue de 61.613 pesos. En términos interanuales, la electricidad acumula un 50% de aumento y el gas un 43%.
El agua, por su parte, subió 3% en agosto y 38% interanual, con un gasto promedio de 42.975 pesos.
El peso de los subsidios
El informe advierte que los hogares no pagan el costo total. En agosto, los usuarios del AMBA cubren en promedio el 55% de los costos de la canasta, mientras el Estado aporta el 45%. En electricidad, el usuario paga el 63% del costo de referencia; en gas, el 60%.
El esquema de subsidios sigue amortiguando, pero cada vez menos. Las bonificaciones sobre el bloque base subsidiado alcanzan el 75% para el gas y el 66,6% para la electricidad.
El transporte, en tanto, explica el mayor desfasaje. Sin estacionalidad, su aumento duplica al IPC, según el IIEP. La regla de actualización del boleto porteño, que combina inflación más un 2% adicional, es una de las causas.
La conclusión es contundente: las tarifas ya se llevan una parte importante del salario y la tendencia no da tregua. La discusión sobre subsidios no es solo fiscal, sino también una cuestión de cuánto pueden destinar las familias a servicios básicos.