El Trapiche se prepara para una fiesta que ya lleva casi un siglo
El Trapiche ya tiene todo listo para el 7 de octubre, pero la fiesta que se vive hoy empezó a construirse hace casi 90 años, con una piedra fundamental y una promesa que atraviesa generaciones.
Este 7 de octubre, la localidad serrana celebra a Nuestra Señora del Rosario de las Sierras con misa y procesión desde las 11. Detrás de la imagen que recorre las calles hay una historia que arrancó en 1937 y que atraviesa generaciones.
El Trapiche se vuelve a encontrar con su patrona. Como cada 7 de octubre, el pueblo abrazado por las sierras y los ríos celebra su Fiesta Patronal en honor a Nuestra Señora del Rosario de las Sierras, una advocación que es parte de la identidad profunda de la localidad.
La jornada central arranca a las 11:00 con la Santa Misa, y luego llega uno de los momentos más esperados: la tradicional procesión, cuando la imagen sale al encuentro de su comunidad. Vecinos y visitantes se acercan para renovar la fe, agradecer y pedir protección, en una celebración donde lo religioso convive con la música, los encuentros familiares y el paisaje serrano.
Una devoción con historia propia
La fe en El Trapiche no es un capricho reciente. El 7 de diciembre de 1937 comenzó a construirse el templo dedicado a Nuestra Señora del Rosario, después de que la piedra fundamental fuera bendecida por Monseñor Dionisio Tibiletti, por entonces obispo de San Luis.
Desde ese inicio, el templo creció a la par de la comunidad: durante el siglo XX se modificaron y ampliaron sus instalaciones, con galerías laterales, una capilla para bautismos y nuevos espacios para recibir a los fieles.
El camino sumó un capítulo decisivo el 11 de febrero de 1988, cuando Monseñor Juan Laise fundó formalmente la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de la Sierra. Ese paso le dio un marco institucional a una historia de fe que ya llevaba décadas echando raíces.
La fiesta de todos
La Fiesta Patronal es, en esencia, una expresión de la devoción popular. En El Trapiche, las sierras no son solo un escenario turístico: forman parte de una identidad construida generación tras generación. La imagen de la Virgen acompaña ese recorrido como símbolo de protección y esperanza.
Frente a ella se renuevan promesas, se elevan agradecimientos y se comparten pedidos que muchas veces pasan de padres a hijos, como parte de una memoria íntima que también hace a la historia del pueblo.
La celebración es, además, una invitación a conocer El Trapiche desde su dimensión más auténtica: la que combina naturaleza, espiritualidad, historia y cultura, entre campanas, oraciones y pasos compartidos.

