El último adiós a Grimau: sus dos hijas cargaron el cajón en Chacarita
Tenía 16 años y buscaba trabajo cuando encontró un aviso en el diario. Lo que siguió lo convirtió en una de las caras más conocidas de la TV argentina, y hoy sus hijas lo despidieron en Chacarita.
Los restos de Antonio Grimau fueron despedidos esta mañana en el crematorio del Cementerio de la Chacarita, adonde llegaron familiares, amigos y colegas para darle un último adiós. El actor había muerto el lunes a los 82 años, después de pasar varios días internado.
En la ceremonia estuvieron Luciana y Antonia Rebolini, las dos hijas del artista, junto a la última pareja del actor. Ellas se ocuparon de llevar el cajón junto a sus allegados más cercanos, en un momento de profunda emoción.
El velatorio de ayer
La despedida había comenzado la tarde anterior en la casa funeraria Zuccotti Hermanos, sobre avenida Córdoba 5080, en la Ciudad de Buenos Aires. Hasta allí se acercaron familiares, amigos y figuras del ambiente artístico para acompañar a la familia.
Entre los presentes estuvieron Carlos Rottemberg, Ana María Picchio, Pablo Alarcón, Gerardo Romano, Raúl Lavié junto a su esposa, Víctor Laplace, Laura Ezcurra, Arturo Puig, Olga Garaventa —viuda de Sandro— y Agustín Sullivan.
De un aviso clasificado al escenario
Nacido el 10 de marzo de 1944 como Antonio Rebolini, Grimau llegó a la actuación casi por azar. A los 16 años encontró en el diario Clarín un aviso clasificado que buscaba actores para una obra de Bertolt Brecht. Se presentó en el teatro Charles Chaplin, en el barrio porteño de Almagro, y esa decisión le cambió la vida.
Antes de descubrir su vocación había pasado por distintos oficios, entre ellos el trabajo en una fábrica de calzado. El teatro le abrió un mundo nuevo y se transformó en el lugar donde encontró un propósito. Su apellido artístico también fue una elección personal: tomó Grimau de una canción sobre Julián Grimau, el político español fusilado durante la dictadura franquista.
“Eso me salvó la vida. Tenía 16 años y me quedé cuatro años en el Chaplin”, recordó en una entrevista con Clarín.
El rostro de las ficciones argentinas
La popularidad le llegó con la televisión. Se convirtió en una de las caras más reconocibles de las ficciones argentinas y protagonizó historias que marcaron a distintas generaciones de espectadores.
Entre sus trabajos más recordados figuran Dos a quererse, Trampa para un soñador y Soy gitano. También participó de producciones como Valientes, Herencia de amor y Herederos de una venganza.
Su carrera, sin embargo, nunca se limitó al papel de galán. En el teatro encontró la posibilidad de explorar otros registros y darle un giro a su trayectoria. Una de las experiencias que consideró fundamentales fue su participación en Los invertidos, convocado por el director Alberto Ure. Además cumplió uno de sus grandes anhelos profesionales cuando interpretó a Hamlet y encarnó al rey Claudio en la tragedia de William Shakespeare.