El último suspiro de Garbarino: la histórica cadena que se quedó sin compradores y ahora mira de frente a la quiebra
La histórica cadena Garbarino, que supo ser un gigante, ahora enfrenta su hora más oscura. ¿Cómo es posible que una empresa con más de 200 sucursales haya quedado reducida a solo tres tiendas y 18 empleados? Los detalles del fracaso del último intento de salvataje judicial que la dejó al borde del abismo.
La histórica cadena de electrodomésticos Garbarino está a un paso de la quiebra definitiva. El fracaso de la última instancia de salvataje judicial dejó al gigante del retail argentino con solo tres tiendas operativas y apenas 18 trabajadores, un fantasma de lo que alguna vez fue. La audiencia celebrada el 24 de febrero ante el Juzgado Comercial N° 7 confirmó que no hubo ninguna oferta concreta para rescatar a la empresa, clausurando virtualmente el proceso y encaminándolo hacia su desenlace final.
¿Qué pasó en la audiencia clave?
En esa audiencia decisiva, la propia empresa concursada reconoció que no logró conseguir inversores. Además, la única sociedad inscripta en el registro del artículo 48 de la Ley de Concursos y Quiebras, el mecanismo conocido como *cramdown*, confirmó que no presentó propuesta alguna. Este mecanismo es la última herramienta que permite a terceros interesados presentar una oferta para quedarse con la compañía cuando el deudor no consigue la aprobación de un acuerdo preventivo con sus acreedores.
El camino hasta este punto fue extenso. Tras el rechazo judicial del acuerdo preventivo presentado por la firma, el juez habilitó en agosto de 2025 el registro de interesados. Un edicto publicado en el Boletín Oficial advertía que, si no surgía un comprador dentro del plazo legal, la quiebra sería inevitable.
El intento desesperado de “comprarse a sí misma”
En ese registro se anotaron dos interesados. Por un lado, Vlinder, una sociedad financiera creada en 2024. Por otro, la propia controlante de Garbarino solicitó participar para adquirir las acciones y las marcas Garbarino y Compumundo. En los hechos, la empresa buscaba participar del proceso de salvataje para quedarse con ella misma bajo nuevas condiciones, lo que implicaba intentar reiniciar el esquema societario sin ingreso de capital fresco ni nuevos accionistas.
Sin embargo, ni la financiera anotada ni la propia compañía formalizaron una propuesta concreta para ser sometida a votación de acreedores. La audiencia de esta semana terminó de confirmar ese vacío absoluto: no hubo ninguna oferta sobre la mesa.
Una caída que comenzó hace años
El fracaso del salvataje es el punto final de un deterioro que comenzó hace tiempo. Garbarino, que durante décadas fue el mayor *retailer* de electrodomésticos del país, entró en concurso en 2021 en medio de una profunda crisis financiera. La caída del consumo, la volatilidad macroeconómica, la falta de financiamiento, la acumulación de juicios laborales y comerciales y la pérdida de competitividad erosionaron su estructura de manera irreversible.
La adquisición por parte de Carlos Rosales en 2020 había generado expectativas de rescate, contando incluso con la aprobación de Armando Cavalieri, titular del Sindicato de Empleados de Comercio. En el camino quedaron posibles ofertas de Inverlat -fondo dueño de Havanna- y del empresario Ricardo Depresbiteris, vinculado a la empresa Covelia.
Los números que muestran el colapso total
La magnitud del colapso se refleja en una comparación brutal. La compañía llegó a tener más de 200 sucursales y más de 4.000 empleados. Hoy apenas sobrevive con 18 trabajadores y solo tres tiendas operativas. Además, acumula miles de juicios laborales pendientes de pago que continúan sumándose al expediente concursal.
Según el último informe de gestión presentado en enero, la empresa registró ventas brutas por $1.769.581,45, correspondientes a operaciones en sucursales por tarjeta, transferencia y efectivo. No hubo ingresos por comisiones de *marketplace*. En ese mismo período, realizó pagos semanales de salarios por $6.885.000 para su nómina de 18 empleados. En cuanto al stock, la sindicatura informó la existencia de 1.597 unidades sin valorización, muchas de ellas catalogadas como “obsoleta y deteriorada con poco valor”, lo que reduce significativamente su potencial comercial.
Sin ofertas en el *cramdown* y con una estructura prácticamente desmantelada, el expediente de Garbarino quedó así al borde de la quiebra definitiva, cerrando uno de los capítulos más emblemáticos de la crisis del retail argentino.