El verdadero riesgo para Milei no es Lula: la desmesura que asusta al centro

Insultos a Lula, epítetos contra jueces brasileños y una historia de toses que no se olvida. Milei volvió a mostrar su lado más impulsivo, pero el verdadero peligro no está en Brasil: está en los votantes del centro que pueden alejarse por la desmesura. ¿Podrá controlar la ira antes del balotaje?

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El verdadero riesgo para Milei no es Lula: la desmesura que asusta al centro
El verdadero riesgo para Milei no es Lula: la desmesura que asusta al centro

La calma chicha que reinaba en la Casa Rosada se rompió de golpe. El presidente volvió a mostrar su costado más impulsivo y esta vez el blanco fue Lula da Silva. Pero detrás de los insultos y los epítetos hay una historia que arranca mucho antes, en un debate electoral, y un peligro que acecha al oficialismo: el fantasma del balotaje.

El origen del enojo: las toses que no se olvidan

Todo comenzó durante el debate presidencial en la Facultad de Derecho de la UBA. Milei enfrentaba a Sergio Massa y, en medio de su discurso, escuchó toses. Para él no fueron casuales. Al día siguiente, en una entrevista con Mitre, lo explicó así: “Cuando yo estoy haciendo el cierre, un momento muy importante, están todos tosiendo. Me pusieron de mi lado a la gente de él, y cuando yo hablaba, todos tosían”.

Milei interpretó esas toses como una campaña sucia orquestada desde Brasil. Los hechos comprobados indican que una fundación vinculada a Lula financió consultores brasileños que asesoraron a Massa. También hay sospechas de que desde el propio gobierno de Massa se desviaron fondos para pagar esos servicios. Lo que no está probado es que hubiera una operación de toses coordinada. Pero Milei lo cree firmemente y no olvida.

La respuesta desproporcionada

Ese rencor latente explotó el fin de semana pasado, cuando Milei acompañó al hijo de Jair Bolsonaro en su candidatura. No fue un acto partidario cualquiera: el presidente llevó a su canciller, lo que le dio un carácter institucional al evento. Allí llamó “presidiario basura socialista” a Lula y “pelado basura” a un juez de la Corte Suprema brasileña que le impide ver a Bolsonaro.

El problema no es que Milei insulte. El problema es la desproporción. Como presidente, ya no es un candidato disruptivo. Ahora representa a la Argentina. Y cuando un jefe de Estado insulta a otro jefe de Estado y a un magistrado del país vecino, el conflicto deja de ser partidario para convertirse en diplomático.

¿Consecuencias reales?

Ni el comercio ni la diplomacia bilateral sufrirán daños graves, según el análisis. El verdadero riesgo está en otro lado: en la percepción de los votantes del centro. Milei necesita asegurarse la primera vuelta, y para eso requiere el apoyo de quienes valoran la estabilidad económica, la baja de la inflación y el dólar tranquilo. Pero la desmesura genera temor.

La ira es un pecado capital en política. Durante la campaña, los exabruptos le sirvieron para diferenciarse de la casta. Pero ahora que gobierna, la misma estrategia puede espantar a esos votantes moderados que no tienen otra opción mejor, pero que podrían buscar una si la sensación de inestabilidad crece.

Milei tiene números a favor: el peronismo está desorganizado, la titular del FMI le hizo un guiño al decir que Argentina no necesitará otro préstamo, y la macroeconomía muestra signos de orden. Sin embargo, la economía diaria y los ingresos siguen siendo un punto débil. Y la desmesura, esa ola de insultos que asusta al centro, es el verdadero desafío que enfrenta Milei de cara a 2027.

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