El veterinario de 75 años que atiende en Roca desde hace medio siglo y nunca dejó de estudiar
A los 75 años, Daniel Carrillo sigue atendiendo mascotas en Roca, una ciudad que lo vio llegar hace casi cinco décadas. ¿Qué anécdota lo marcó para siempre?
Daniel Carrillo tiene 75 años y lleva casi cinco décadas atendiendo mascotas en General Roca. Llegó desde Buenos Aires en los años 70, cuando en la ciudad apenas había uno o dos veterinarios, y hoy sigue activo en la veterinaria familiar junto a su hijo Nicolás, en calle San Juan 1486.
En el Día del Veterinario, Carrillo dialogó con ANR y repasó una trayectoria que comenzó en 1968, cuando se recibió de médico veterinario. Tras instalarse en el Alto Valle, atendió primero en su casa de calle Isidro Lobo, luego en un local sobre 9 de Julio y finalmente en el establecimiento actual.
"Cuando llegué era toda una novedad, me acuerdo que una vez hice una cesárea a una gata y vino la televisión a hacerme una entrevista porque era un acontecimiento", recordó entre risas.
Una profesión que cambió por completo
En sus inicios, el trabajo era radicalmente distinto. "Como no había otros veterinarios hacíamos de todo: atendíamos perros, gatos, caballos, vacas, cerdos. Si ibas a ver un perro y el productor tenía una cerda que no podía parir, no le podías decir que no", contó.
Hoy, la medicina veterinaria cuenta con especialidades, equipamiento de alta complejidad y laboratorios desarrollados. "La mascota pasó a ser prácticamente un hijo, cambió la clínica, cambió la tecnología, cambió el laboratorio, es otro mundo comparado con el que encontré cuando llegué", resumió.
Ese cambio también se refleja en los pacientes: "Antes el gato prácticamente no iba al veterinario, ahora te diría que estamos cincuenta y cincuenta, incluso hay momentos en que atendemos más gatos que perros", explicó.
Nunca dejó de estudiar
A pesar de los problemas de columna que le impiden realizar cirugías, Carrillo se especializó en diagnóstico por imágenes. "Me encanta la profesión, siempre me gustó, cuando me iba de vacaciones me llevaba libros de veterinaria para leer. A los 50 años estudié radiología durante un año en Buenos Aires porque quería aprender bien. Después, cuando cumplí 70, hice un máster en comportamiento animal y animales de asistencia en la Universidad de Valencia, nunca dejé de estudiar", relató orgulloso.
Consultado sobre cómo mantiene la pasión después de tanto tiempo, afirmó: "Al veterinario siempre le encanta su profesión". Y agregó: "Yo podría pasar horas con los animales, el trato con ellos me sale naturalmente".
Entre las anécdotas que lo marcaron, recordó una que "jamás pudo explicar". Una noche oscura, un productor lo llamó porque una cerda no podía parir. Al llegar a un campo de varias hectáreas, nadie sabía dónde estaba el animal. "No sé por qué, pero le dije 'está allá' y caminé directo hasta donde estaba, nunca entendí cómo lo supe, son esas cosas que te deja la profesión", contó.
La sangre tira: padre e hijo veterinarios
Nicolás siguió los pasos de su padre y hace más de dos décadas trabaja en el establecimiento familiar. "En realidad tenía dos opciones: estudiar Veterinaria o Agronomía pero yo crecí adentro de una veterinaria y me gustó siempre trabajar con pequeños animales", explicó.
Hoy, el equipo se complementa: Daniel se dedica a las radiografías, Nicolás a ecografías y cirugías, su esposa a análisis clínicos y estudios cardiológicos, y otro profesional completa las consultas.
"Tratamos de complementarnos para ofrecer un servicio lo más completo posible", dijo Nicolás, quien también notó el cambio en el vínculo con las mascotas: "Cada vez más las familias las consideran un hijo y eso implica una responsabilidad enorme para nosotros".
El contacto diario con los animales ya es parte de su vida: "Cuando me voy de vacaciones y paso unos días sin ver perros o gatos, los extraño, es algo que ya es parte de uno".
Adopción y un perro que conmovió a todos
Daniel también destacó el crecimiento de las adopciones. "Cada vez más familias eligen adoptar perros mestizos en lugar de comprar animales de raza", afirmó, y consideró que "los perros comunitarios no existen". Sobre la modalidad actual, señaló que la mayoría de los animales que atienden son adoptados, algo que "le parece una muy buena señal".
En la veterinaria vive uno de los casos que más lo marcó: un perro que llegó con la columna fracturada y cuyo dueño quería sacrificar. "Hace ocho años que vive acá, anda con pañales, aprendió a moverse con las patas delanteras y todos los días espera que le dé uno o dos bombones, es parte de la veterinaria", contó.
Después de casi 50 años de trabajo ininterrumpido en General Roca, Carrillo asegura que la ciudad le dio todo. "Viví toda mi vida de esta profesión y tuve la suerte de dedicarme a algo que realmente me apasiona, eso no le pasa a todo el mundo", resumió.