El viaje que cambia la vejez: la médica neuquina que desafía los límites con turismo transformacional
Una médica neuquina descubrió que los viajes a las Zonas Azules pueden transformar la vejez. Historias de superación, cambios de hábitos y un propósito que desafía la edad. ¿Te animarías a intentarlo?
¿Puede un viaje reprogramar la forma de envejecer? La médica gerontóloga neuquina Ivana García lo demostró con una investigación que analizó a 22 personas que visitaron las Zonas Azules del planeta. El resultado: cambios profundos en hábitos, autoestima y vínculos que desafían la idea de que la vejez es solo declive.
El estudio, titulado “Turismo transformacional y envejecimiento saludable. Experiencias de personas adultas y mayores en Tours Zona Azul”, se convirtió en su tesis de la Maestría en Gestión de Servicios de Gerontología de la Universidad ISALUD. Allí documentó cómo los viajes a Costa Rica, España y Portugal, realizados entre 2024 y 2025, impactaron en la salud mental y física de los participantes, todos mayores de 50 años.
De las charlas a la acción: el origen de la idea
García, propietaria de Ámbar S.A.S. y especialista en bienestar para personas mayores, pasó años dando talleres sobre hábitos saludables. Pero notaba una frustración constante: “La gente me decía: ‘Ivana, hermoso todo lo que decís, tenés razón, pero vuelvo a mi casa y sigo con la misma rutina’”. Esa frase la llevó a preguntarse cómo lograr transformaciones reales, no solo consejos.
La respuesta llegó cuando el doctor Alberto Cormillot habló sobre las Zonas Azules, regiones con alta concentración de centenarios autónomos. “Ahí pensé: quizás podemos organizar viajes a esos lugares y sumar talleres vivenciales para que los participantes experimenten esos hábitos”, recuerda. Así nació el primer viaje a Costa Rica en abril de 2024, elegido por su cercanía cultural y accesibilidad.
¿Qué son las Zonas Azules y por qué importan?
Identificadas por el investigador Dan Buettner, las Zonas Azules son cinco regiones: Nicoya (Costa Rica), Loma Linda (EE.UU.), Ikaria (Grecia), Cerdeña (Italia) y Okinawa (Japón). Allí, la longevidad no es casualidad: alimentación natural, movimiento diario, vínculos fuertes, bajo estrés y un propósito vital claro. “No se trata solo de vivir muchos años, sino de vivirlos bien”, enfatiza García.
Ese propósito puede ser simple: aprender algo, cuidar una planta o caminar 15 minutos diarios. “Mi propósito es poder moverme mejor”, ejemplifica, y explica que ese motor ayuda a ver “el vaso medio lleno” en lugar del vacío.
La historia de la mujer de 75 años que desafió sus límites
Uno de los casos más conmovedores fue el de una pasajera que llegó a Costa Rica diciendo que no haría ejercicio. Durante el viaje, comenzó con caminatas adaptadas y, aunque dudaba, completó los recorridos. Un mes después, mientras organizaban el Camino de Santiago en bicicleta, envió un mensaje: “Ivana, quiero hacerlo en bicicleta”.
Entrenó y logró recorrer 300 kilómetros en cinco días. “Fue emocionante verla llegar a Compostela, ver su felicidad y el impacto en su familia. Sus hijos no podían creerlo”, cuenta García. Al volver, la mujer le dijo: “Mi cuerpo me pide movimiento”. La misma que antes rechazaba el ejercicio.
El grupo: un motor invisible
La investigación también reveló el poder del grupo. En el último viaje, una mujer de 77 años caminaba adelante, cantando y animando a los más jóvenes. “Yo tengo 51 y me cansaba; ella no paraba”, relata. Para García, el intercambio con otros viajeros es tan importante como el destino.
Por eso, los viajes incluyen preparación, acompañamiento y seguimiento. Trabajan con la agencia Tras la Senda, de General Roca, que comparte esta mirada: “No es solo conocer un lugar; son experiencias vivenciales adaptadas a cada persona”.
Cambios que vuelven a casa
Los efectos no quedan en el viaje. En Costa Rica, los participantes adoptaron una alimentación con menos harinas y más naturales, y muchos notaron más energía. También aprendieron meditaciones de un minuto para bajar el estrés. “Descubren que pueden controlar su frecuencia cardíaca”, dice.
Una pasajera, que ya tenía buenos hábitos, se dio cuenta de que se maltrataba con autocríticas constantes. “Me di cuenta de que me maltrato mucho”, confesó, y comenzó a hablarse mejor.
Un futuro con otra mirada
La investigación será presentada en el XXII Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría, en agosto en Mar del Plata. García busca cambiar la percepción social de la vejez: “Mi propósito es que las personas disfruten la vejez, que no le tengan miedo”.
Además de los viajes, atiende a domicilio y acompaña a familias: “Hay poca formación sobre cómo acompañar el envejecimiento”. Su trabajo demuestra que el turismo puede ser una herramienta de transformación. Porque, como dice ella, “viajar no siempre es ir más lejos; muchas veces es volver distinto”.
