El videojuego que reveló por qué algunas personas eligen tropezar siempre con la misma piedra

Un estudio de la UNSW revela tres perfiles mentales que explican por qué algunas personas repiten conductas dañinas, incluso sabiendo el error. El hallazgo podría mejorar tratamientos para adicciones y autosabotaje.

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El videojuego que reveló por qué algunas personas eligen tropezar siempre con la misma piedra

Un estudio de la Universidad de Nueva Gales del Sur identificó tres perfiles mentales que explican por qué ciertas personas repiten conductas que las perjudican, incluso cuando saben que están mal.

Un equipo de neurocientíficos y psicólogos de la UNSW, en Sídney, Australia, publicó sus hallazgos en la revista Nature Communications Psychology tras estudiar mediante un videojuego por qué ciertas personas persisten en conductas que las perjudican, incluso cuando ya les mostraron dónde está el error.

El videojuego que retrató tres tipos de mente

El diseño del experimento fue, en apariencia, sencillo: un videojuego en línea donde los participantes debían elegir entre dos planetas. Cada opción conducía a una nave espacial que sumaba puntos o los borraba de un plumazo. El castigo no era aleatorio ni permanente, pero seguía una lógica que podía descubrirse con la experiencia. Lo que los investigadores querían saber era quién la descubría y quién no.

Tras varias rondas, surgieron tres perfiles bien diferenciados.

  • Los sensibles detectaron rápido cuál planeta traía problemas y lo eliminaron de su estrategia.
  • Los inconscientes no encontraron el patrón solos, pero cuando se les explicó el error, ajustaron su comportamiento.
  • El tercer grupo —los compulsivos— siguió eligiendo la opción dañina incluso después de que se les mostró, con toda claridad, dónde estaba la trampa.

“Algunas personas simplemente no aprenden de la experiencia. Incluso cuando están motivadas para evitar el daño y prestan atención, no se dan cuenta de que su propio comportamiento es la causa del problema”, explicó el doctor Philip Jean-Richard-dit-Bressel, neurocientífico del comportamiento y psicólogo experimental de la UNSW, quien lideró la investigación.

Saben lo que hacen y lo hacen igual

El hallazgo más perturbador no fue que los compulsivos siguieran equivocándose. Fue lo que dijeron cuando se les preguntó por qué tomaban esas decisiones.

“Preguntamos a los participantes cuál creían que era la mejor estrategia para jugar y a menudo describían exactamente lo que estaban haciendo, incluso cuando era claramente una elección equivocada”, señaló Jean-Richard-dit-Bressel.

No era ignorancia. Era algo distinto: la información existía, el error era visible, pero no lograba traducirse en un cambio de conducta. Como si hubiera un cortocircuito entre entender y actuar.

El autosabotaje no siempre es evidente. (Imagen: Adobe Stock).
El autosabotaje no siempre es evidente. (Imagen: Adobe Stock).

Los investigadores describieron este fenómeno como “un fracaso sutil pero persistente a la hora de conectar las propias acciones con las consecuencias de dichas acciones”. Y aclararon que este perfil no tiene que ver con falta de inteligencia ni de motivación, sino con un mecanismo mental específico que opera por debajo del radar consciente.

Del videojuego a la vida cotidiana

Los tres perfiles aparecieron de manera consistente en participantes de los 24 países que integraron el estudio, con distintas edades, orígenes y trayectorias de vida. Lo que sugiere que no son rasgos culturales ni generacionales: son patrones mentales que trascienden el contexto.

¿Qué tiene que ver un videojuego espacial con dejar ir una relación tóxica, postergar el médico o abandonar un proyecto justo antes de terminarlo? Bastante más de lo que parece. Jean-Richard-dit-Bressel señaló que los patrones identificados guardan similitud con los observados en adicciones al juego, al alcohol y a otras sustancias, lo que podría abrir nuevas vías para mejorar los tratamientos de conductas compulsivas y autodestructivas.

El autosabotaje no siempre es dramático ni fácil de identificar. A veces se disfraza de perfeccionismo: metas tan altas que garantizan el fracaso antes de empezar. Otras veces aparece como procrastinación crónica, como crítica interna feroz que erosiona la confianza, o como el impulso de alejarse justo cuando algo empieza a ir bien.

¿Se puede hacer algo?

La investigación de la UNSW no ofrece recetas mágicas, pero sí una pista valiosa: si el problema radica en no conectar las propias acciones con sus efectos, el camino pasa por hacer esa conexión más visible y consciente. Llevar un registro de decisiones y resultados, trabajar en terapia cognitivo-conductual o consultar con un profesional de salud mental son algunos de los enfoques que apuntan en esa dirección.

El estudio también invita a una reflexión menos obvia: que reconocer el error no siempre es suficiente. Hay personas que necesitan algo más que información para cambiar. Y eso, lejos de ser una debilidad, es simplemente cómo funciona una parte del cerebro humano que todavía la ciencia está aprendiendo a descifrar.

Tropezar dos veces con la misma piedra ya no es solo un dicho. Ahora tiene un mecanismo estudiado, publicado y, al menos en parte, explicado.

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