El viento de cola que Milei no pudo aprovechar: números que estremecen
Con los precios externos más altos en décadas, la economía de Milei sigue estancada. ¿Por qué el superávit récord no alcanza para despegar? Los números que exponen el fracaso.
El gobierno de Javier Milei logró lo impensado: tener indicadores económicos, laborales y sociales malos y malísimos, aun cuando el contexto externo le sonríe como nunca. El frente externo, históricamente el talón de Aquiles de los planes económicos, hoy es un aliado que el oficialismo desperdicia.
El índice de términos del intercambio del Indec, que compara precios de exportaciones e importaciones, marcó un promedio de 146,6 puntos en el primer semestre de 2026, con base 2004. Es el mejor registro del siglo, superando al 2012 (144,7) y solo por detrás del segundo semestre de ese año (149,5). En otras palabras, con cada unidad exportada, Argentina puede comprar casi 47% más que hace dos décadas.
¿Qué pasa con la actividad y la inversión?
A pesar de semejante panorama, la economía está estancada. La inversión, tanto pública como privada, se derrumba y las tensiones cambiarias no ceden. El PIB creció 2,3% interanual en el primer trimestre, pero la formación bruta de capital fijo se desplomó 11,6%. En mayo, la actividad apenas avanzó 0,2% interanual y cayó 0,5% mensual desestacionalizado.
Este escenario favorable se debe, en parte, al shock energético por el conflicto en Medio Oriente. El Banco Mundial proyecta que el precio de las materias primas aumentará 22% en 2026, con el barril Brent promediando 94 dólares, 36% más que en 2025. Argentina, ahora exportadora neta de energía, se beneficia, aunque los fletes y los insumos importados también se encarecen.
No es un auge homogéneo: los precios de los alimentos de la FAO subieron solo 1,7% interanual en junio, y están 18,7% por debajo del máximo de marzo de 2022. Mientras suben aceites y carnes, bajan cereales, azúcar y lácteos.
El superávit comercial que no alcanza
El primer semestre dejó un superávit comercial de 13.923 millones de dólares, contra apenas 2.762 millones del mismo período de 2025. Las exportaciones crecieron 24,4% (49.454 millones) y las importaciones cayeron 3,9% (35.531 millones).
Pero esa cifra récord no alcanza para despejar dudas cambiarias ni robustecer reservas. La economía genera un excedente comercial, pero la estructura financiera demanda una cantidad enorme de dólares por servicios, fletes, turismo, intereses de deuda y utilidades empresarias. La dupla Milei-Caputo no cuida las divisas y necesita rescates del FMI, préstamos caros de bancos internacionales y modificaciones constantes del esquema cambiario.
El saldo positivo se explica en parte por la caída de las importaciones, producto de la recesión. La economía crece apoyada en el sector externo, mientras retrocede la inversión necesaria para ampliar producción y empleo. Se consolida una economía dual: los sectores exportadores generan dólares, pero con poco efecto multiplicador interno.
Reservas prestadas y atraso cambiario
El Banco Central compró 11.175 millones de dólares en el semestre, pero las reservas brutas incluyen préstamos, depósitos, swaps y pases. A comienzos de julio se refinanció un repo de 6.000 millones con bancos internacionales: parte del colchón no es líquido ni de libre disponibilidad.
El FMI aprobó la revisión del acuerdo tras un waiver y ajustes de metas. El dólar atrasado ancla la inflación, pero debilita la competitividad industrial y alienta la expectativa de una futura devaluación. Los términos del intercambio extraordinarios permiten prolongar esa política, pero no corrigen las inconsistencias del plan.
Una oportunidad que se escapa
Argentina tiene alimentos, petróleo, gas, litio, cobre y otros minerales demandados por la transición energética. El conflicto en Medio Oriente y la búsqueda de proveedores alternativos mejoran su valor estratégico. Pero los precios internacionales son volátiles y no se pueden controlar.
El desafío es capturar esa renta, acumular reservas sin deuda, desarrollar proveedores y diversificar exportaciones. Es exactamente lo contrario de lo que hace Milei. Cuando el experimento termine, no habrá excusas: el fracaso se explica por la debilidad conceptual del programa y la impericia de Milei al desaprovechar un escenario externo extraordinariamente favorable.