El vino rionegrino que se vende más caro que cualquier otro de Argentina (y no es el Malbec)
El vino rionegrino se vende al exterior más caro que el de cualquier otra provincia argentina, y el número que lo confirma no tiene nada que ver con el Malbec. La cepa que cambió la ecuación ya tiene nombre y apellido en el mercado internacional.
La vitivinicultura de Río Negro atraviesa un contexto mundial complejo, con un consumo de vino en retracción, pero encontró un dato que la posiciona por encima de todas las provincias productoras del país: durante 2025 alcanzó el mayor valor de exportación por litro de Argentina, con US$12,47, impulsada por cepas insignia como el pinot noir.
El volumen es acotado. En la provincia hay menos de 1.300 hectáreas de viñedos en producción, que generan alrededor de 4 millones de litros, de los cuales un 10% se destina a la exportación. La diferencia, según la propia actividad, no pasa por la cantidad sino por la calidad.
Mariana Cerutti, directora de Vitivinicultura de Río Negro, explicó en diálogo con Río Negro que el diferencial productivo es el terroir patagónico: clima, suelo, horas de sol y viento favorecen un manejo casi orgánico “de forma natural”, dan vinos frescos con acidez naturalmente equilibrada y permiten una versatilidad que no se repite en otras regiones, ya que de una misma uva se pueden elaborar estilos muy distintos.
Dónde se venden los vinos rionegrinos
El mercado interno sigue siendo el principal destino de la producción provincial. En exportación, los tres mercados históricos son Inglaterra, Estados Unidos y Brasil. A ese mapa se suma ahora el asiático, con Japón como próximo horizonte: alto poder adquisitivo y una demanda creciente de espumantes, blancos y pinot noir para acompañar su gastronomía, indicó la funcionaria.
En cuanto a las variedades, el Malbec es la cepa más producida tanto en Río Negro como en el resto del país, porque fue la que más se trabajó en promoción y la que más pide el mercado. Pero el verdadero sello local es el binomio pinot noir – merlot. El merlot se da “de una manera espléndida” en la región, remarcó Cerutti.
El pinot noir tiene una historia centenaria en la vitivinicultura rionegrina y sigue siendo la cepa identitaria, hoy en un momento de repunte sostenido: se vende siempre a precios superiores al resto de las variedades y la provincia se consolida como referencia internacional. En ese camino tuvo mucho que ver el italiano Piero Incisa della Rocchetta, que eligió Mainque para recuperar viñedos centenarios de pinot noir y hoy elabora bajo manejo orgánico y biodinámico, con comercialización a través de la bodega Chacra, marca que obtuvo los máximos puntajes de la crítica internacional y posicionó a la provincia como productora del mejor vino del mundo.
Río Negro produce pinot noir en todas sus versiones —blancos, espumantes, rosados y tintos de distintos perfiles—, algo que no ocurre en otras provincias argentinas.
El agua, el activo que seduce a las bodegas de Mendoza
Si hay un factor que explica por qué bodegas y enólogos reconocidos de Mendoza, algunos con apellidos icónicos como Michelini, eligen instalarse en la Patagonia, es el agua. El caudal y la calidad del recurso hídrico rionegrino se describen como únicos en el país, en un contexto donde Mendoza empieza a plantar cada vez más arriba en la montaña por falta de agua en los valles.
Cerutti afirmó que mientras en Cuyo se habla de “vinos de altura”, en Río Negro todavía hay tierra a precio razonable y condiciones óptimas sin necesidad de subir en cota. Ese atractivo explica el dinamismo de zonas como Cipolletti y Cinco Saltos, la costa del Alto Valle y el Valle Medio, con foco en Guardia Mitre, en plena transformación agrícola gracias a inversiones en riego.
También hay nuevos desarrollos en marcha. En Mainque se están implantando 12 hectáreas de un nuevo proyecto que se afinca en la provincia, con una inversión promedio estimada de US$25.000 por hectárea de viñedos. En la zona cordillerana crecen bodegas y viñedos.
Pese a lo acotado de los volúmenes, la superficie plantada está estabilizada, a diferencia de lo que ocurre en Europa o Estados Unidos. Cerutti sostiene que quienes entran a la industria del vino en Río Negro “no lo hacen solo como un negocio comercial, lo hacen por pasión”, conscientes de que la actividad exige años para dar sus primeros resultados de verdad.
“Río Negro muestra una identidad que uno no va a encontrar en provincias como Mendoza, San Juan o Salta, que son provincias centenarias. Río Negro es una provincia joven, con apenas 71 años de constituida y un territorio de grandes extensiones y diversidad de paisajes. La vitivinicultura se ha desarrollado con auténticos productores, las bodegas son familiares y esa autenticidad es lo que nos diferencia del resto. Al ser empresas familiares y no grandes corporaciones, los volúmenes de producción por supuesto son a una escala más reducida, por lo cual Río Negro no puede competir por volumen, ni por precio. Sí competimos con vinos elaborados a menor escala y alta calidad”, describió la funcionaria.
Enoturismo: la apuesta que viene
El enoturismo es una actividad que, según la Organización Internacional del Vino (OIV), hoy representa el 25% de los ingresos de las bodegas y viene creciendo de manera sostenida, a contramano de la retracción en el consumo de vino. Argentina tiene 17 provincias que ofrecen enoturismo y Río Negro consolida la actividad a través de «La Ruta del Vino», con el enólogo Marcelo Miras a la cabeza y 22 bodegas socias.
La apuesta provincial para los próximos meses es ordenar y potenciar el enoturismo como una verdadera unidad de negocios. Está a punto de firmarse un proyecto de doce meses, con seis meses de trabajo previo, a cargo de un consultor con más de dos décadas de trayectoria en desarrollo turístico vitivinícola en Mendoza.
El plan contempla tres etapas: capacitación para las bodegas en recepción de visitantes y atención al público; trabajo de campo para entender la filosofía de cada productor y cuánto está dispuesta a invertir cada bodega en la actividad turística más allá de la productiva; y la construcción de un corredor turístico coordinado, con circuitos definidos según los días disponibles del visitante y su punto de base —Roca, Cipolletti, El Bolsón, Viedma o Las Grutas—. El foco estará en el corredor del Alto Valle, sin descuidar El Bolsón, que ya capta parte del turismo internacional de Bariloche.
Como antecedentes, la directora de Vitivinicultura destacó a bodegas que en apenas un par de años pasaron de no tener ninguna propuesta turística a desarrollar experiencias propias: Aonikenk, en Fernández Oro; Familia Dellanzo, en Sargento Vidal; y Humberto Tronelli, en Roca. La centenaria Humberto Canale ya tiene un equipo de trabajo exclusivo para la actividad turística que ofrece el establecimiento.