Empezó bailando breakdance, lo invitaron a entrenar y 41 años después sigue en la misma disciplina
Empezó en el breakdance, un amigo lo arrastró a una clase y nunca más se bajó: hoy recibe a los hijos de sus primeros alumnos. Los cinco principios que inculca puertas adentro del tatami.
El taekwondo combina actividad física, defensa personal y formación en valores. En Jujuy, esa práctica creció durante las últimas décadas hasta convertirse en una alternativa para chicos, jóvenes y adultos que buscan desarrollarse en lo físico y en lo personal. Uno de los nombres que mejor representa ese recorrido es el del profesor Juan Apaza, referente provincial de la disciplina desde hace más de cuatro décadas.
Su historia no arrancó con una patada ni con un dobok: empezó a mediados de los años 80, cuando el breakdance estaba de moda y él integraba un grupo de jóvenes que practicaba ese estilo de baile. Un amigo lo invitó a probar otra cosa y esa salida cambió su rumbo para siempre.
De la pista de baile a la Sociedad Obrera
Las primeras clases las tomó junto al instructor Ramón Ruiz, en la Sociedad Obrera. “Un amigo me invitó y nos fuimos a practicar con Ramón Ruiz, ahí en la Sociedad Obrera. Nunca pensé que jamás iba a dejar de entrenar. Mi amigo dejó y yo continué con las prácticas de taekwondo para nunca más dejar”, recordó Apaza.
Ese primer contacto también significó toparse con un mundo completamente distinto al que conocía. El silencio, los saludos, la vestimenta y el respeto por el instructor formaban parte de una metodología que le resultaba ajena. “De repente cambia todo, porque encima tenés que hacer silencio. Estaba toda la mística del arte marcial, del estilo de vida oriental”, explicó.
Con los años dejó de ser alumno para convertirse en instructor y en uno de los referentes del taekwondo jujeño, además de construir una trayectoria dentro de la Federación Argentina.
Una práctica para todas las edades
Apaza destacó que el taekwondo logró consolidarse como una actividad abierta a personas de distintas edades. A diferencia de otras disciplinas centradas exclusivamente en la competencia, este arte marcial también apunta al progreso individual. Los entrenamientos incluyen técnicas de piernas y manos, posiciones, formas y combates, además de ejercicios de preparación física y relajación.
El profesor repasó además el origen de la práctica: fue creada en Corea en 1955 por Choi Hong-Hi y comenzó a difundirse en Argentina en 1967, con la llegada de maestros coreanos que impulsaron su enseñanza.
Para Apaza, lo más valioso es que cada practicante pueda superarse sin medirse contra los demás. “No busca un rendimiento deportivo, sino que busca un rendimiento personal, el progreso de cada uno, no compararte con otros, sino que cada día vos puedas transformar tu persona”, sostuvo.
En su carrera tuvo la oportunidad de enseñar a varias generaciones de jujeños y hoy recibe a los hijos de quienes fueron sus primeros alumnos. “Tuve la oportunidad de pasar ya casi más de tres generaciones enseñando y hoy estamos recibiendo los hijos de nuestros primeros alumnos”, destacó.
Según contó, muchos exalumnos recuerdan las enseñanzas de los entrenamientos, sobre todo las ligadas a la puntualidad, la disciplina, la higiene y el respeto hacia los compañeros.
Los cinco principios y la frase que lo define
Más allá de las técnicas de combate, Apaza remarcó que el objetivo central de la enseñanza es aportar a la formación personal de quienes se acercan a la disciplina. “Nosotros como docentes tenemos que transformar la piedra en diamante, primero inculcando los valores”, expresó.
El taekwondo se sostiene sobre cinco principios fundamentales: cortesía, integridad, perseverancia, autocontrol y espíritu indomable. La cortesía se vincula con el respeto y la consideración hacia los demás; la integridad, con aprender a distinguir entre lo correcto y lo incorrecto; la perseverancia, con afrontar las dificultades sin darse por vencido; y el autocontrol, con manejar las emociones y las reacciones.
El espíritu indomable, en tanto, busca fortalecer el carácter sin promover conductas agresivas. Según explicó, la fuerza debe utilizarse únicamente cuando sea estrictamente necesario. También señaló que aprender a valorar los triunfos y aceptar las derrotas forma parte del crecimiento de los alumnos, tanto dentro como fuera del espacio de entrenamiento.
“En cierta forma es como que formamos guerreros para el día a día, guerreros para la vida”, afirmó.
Después de más de cuatro décadas dedicado al taekwondo, Juan Apaza sigue transmitiendo sus conocimientos a las nuevas generaciones en Jujuy, convencido de que la disciplina no solo prepara físicamente a las personas, sino que les da herramientas para enfrentar las dificultades de la vida cotidiana.