Empezó con anillos de naranja y terminó horneando 35 kilos de torta para Los Bonys

¿Qué se siente al pasar de hacer postres caseros a recibir un pedido gigante? La historia de una emprendedora que emocionó a todos con su esfuerzo.

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Empezó con anillos de naranja y terminó horneando 35 kilos de torta para Los Bonys
Empezó con anillos de naranja y terminó horneando 35 kilos de torta para Los Bonys

La historia de Brendda Antonella Molina, una joven de Clodomira, es la prueba de que un sueño puede crecer desde una cocina familiar. Lo que arrancó como un simple postre para los suyos se transformó en un emprendimiento que hoy la tiene como protagonista de un encargo monumental: 35 kilos de torta para un festejo vinculado a Los Bonys.

Brendda es profesora de Biología, aunque hoy no ejerce. Durante cuatro años fue niñera, pero mientras cuidaba a otros, en su cabeza maduraba la idea de hacer algo propio con la cocina, su gran pasión.

Un giro que lo cambió todo

Primero fueron las pruebas en su casa. Después, los pedidos de familiares y amigos que querían repetir. Hasta que un día tomó una decisión difícil: dejar su trabajo como niñera para dedicarse por completo a su proyecto.

Así nació Los Dulces de Milo, un nombre que tiene un significado muy especial: Milo es su perro, compañero desde hace 11 años, a quien ella considera el "jefecito" del emprendimiento. Hoy, al costado de su vivienda, tiene un pequeño espacio donde ofrece café y sus preparaciones dulces.

El pedido que la desafió

Todo se potenció cuando Belén Hoyos la contactó para un festejo familiar: el cumpleaños de su papá, Bonifacio Hoyos, vinculado al grupo musical Los Bonys. Lo que empezó como un encargo de 30 kilos terminó siendo de 35 kilos de torta, repartidos en diez preparaciones de distintos tamaños y sabores, incluida una de tres pisos.

Brendda dijo que sí sin dudarlo. Después, al calcular cantidades y tiempos, cayó en la cuenta del desafío. Durante seis días, entre sus actividades, estudios y otros trabajos, se organizó para cumplir. Medir, batir, hornear, rellenar, armar, decorar y limpiar fueron su rutina. Hubo colores y detalles que probó más de una vez hasta lograr el resultado que imaginaba.

El momento de la emoción

Cuando terminó, con la cocina impecable y las tortas listas, se quedó sola unos minutos. Abrazada a Milo, lloró. No era solo el final de seis días de trabajo: en esas tortas veía el camino recorrido desde los anillos de naranja, los miedos, los errores y la decisión de dejar un empleo seguro para apostar a lo propio.

"Lo logré", pensó. Para otros pueden ser solo 35 kilos de torta, pero para ella son horas de esfuerzo, nervios, lágrimas y la confirmación de que su apuesta personal empezaba a dar frutos.

Qué viene ahora

Brendda sabe que le falta mucho por aprender, pero mira con orgullo lo logrado. Sigue trabajando desde su casa en Clodomira y hace envíos a La Banda y la Capital. Su sueño es instalar su propia pastelería en Santiago del Estero.

"Esto recién comienza", resume, mientras sigue creciendo junto a su familia, sus clientes y Milo, su inseparable compañero.

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