En Aluminé abrieron las puertas de su campo: dos corderos corren a buscar la mamadera cuando los ven llegar
Sociedad · Neuquén

En Aluminé abrieron las puertas de su campo: dos corderos corren a buscar la mamadera cuando los ven llegar

La familia esperaba sumar algunas escuelas y terminó con 14 anotadas para la temporada. Lo que hay adentro del campo de Aluminé, donde dos corderos corren a buscar la mamadera apenas ven llegar a alguien.

Una familia de Aluminé transformó su espacio rural en un destino turístico y, sin proponérselo, encontró en dos corderos huérfanos la escena que más cautiva a grandes y chicos. Se llama Equa y abre sus tranqueras este verano para quienes busquen algo distinto a las excursiones tradicionales de la cordillera.

Detrás del emprendimiento están Diana Carra, su marido Darío Duboscq y la hija de ambos, Virginia Duboscq. Juntos armaron un lugar donde se puede conocer animales de cerca, aprender cómo se comportan y cerrar la jornada con una merienda casera en pleno entorno natural.

De las visitas de prueba a una agenda con 14 escuelas

La familia no lanzó Equa de un día para el otro. En una primera etapa recibieron grupos de manera ocasional, y hasta hubo oportunidades en las que no cobraron, porque querían medir el interés real de la gente y ver cómo funcionaba la propuesta.

Esa prueba les sirvió para ajustar detalles y empezar a ordenar una agenda más amplia. El salto se notó en las visitas educativas: el año anterior habían recibido a una sola escuela y para esta nueva temporada ya tienen previstas 14. La meta ahora es sumar también a los turistas que elijan Aluminé para pasar unos días de verano.

Virginia contó que la idea no es solo mostrar animales o recorrer instalaciones: buscan compartir lo que saben, explicar cómo se comporta cada especie y acercar aspectos de la vida rural que suelen quedar afuera de los paseos turísticos habituales.

Ovejas sudafricanas, aves exóticas y dos corderos que piden mamadera

En el establecimiento conviven ovejas de distintas razas, aves de corral, caballos cuarto de milla y ponis. Cada sector invita a detenerse y descubrir algo nuevo.

Durante el recorrido, Virginia explica las particularidades de las ovejas Dorper, originarias de Sudáfrica, que pierden el pelo y se destacan por su aptitud para la producción de carne. También presenta a las Hampshire, de origen inglés, y a los animales que surgieron del cruce entre ambas razas.

Las escenas más tiernas llegan con la alimentación de los corderos que necesitan cuidados especiales. Dos de ellos reciben mamadera varias veces al día y reconocen a quienes los alimentan: cuando los ven acercarse, corren hacia ellos en busca de su ración.

El recorrido sigue por el sector de las aves, donde conviven gallinas sedosas japonesas, gansos, gallinas de Guinea, faisanes y pavos reales. Algunas llaman la atención por sus colores; otras, por rasgos que casi nadie conoce hasta que alguien los explica. Las sedosas, por ejemplo, tienen un plumaje especialmente suave, cinco dedos y tejidos de color oscuro.

El lenguaje del caballo: orejas, mirada y puntos ciegos

Los caballos tienen un lugar central en Equa. La familia cría ejemplares cuarto de milla y también cuenta con ponis para una propuesta centrada en el vínculo con estos animales.

Los visitantes aprenden que los caballos se comunican principalmente a través del cuerpo. La posición de las orejas, la mirada y los movimientos permiten reconocer si están atentos, tranquilos o incómodos.

Virginia explica que acercarse a un caballo requiere paciencia y respeto. No alcanza con extender la mano: primero hay que observar sus señales y darle espacio para que se acostumbre a la presencia humana. Si el animal aparta la mirada o muestra incomodidad, conviene detenerse. Si permanece tranquilo, mira a quien se acerca o sigue pastando sin inquietud, puede estar indicando que tolera la proximidad.

También hay datos de su anatomía que ayudan a entender por qué hay que aproximarse con cuidado. Como tienen los ojos a los costados de la cabeza, los caballos gozan de un amplio campo visual, pero también tienen puntos ciegos: acercarse desde atrás puede asustarlos y provocar una reacción defensiva.

Merienda casera y artesanías con sello familiar

Después de recorrer los sectores, la experiencia puede continuar con una merienda, que forma parte de la propuesta base. La repostería también tiene historia familiar: la mamá de Virginia prepara alfajores y budines que se ofrecen en el espacio.

A eso se suman artesanías en fieltro, madera, porcelana y scrapbooking, trabajos que muestran otra faceta del emprendimiento y que los visitantes pueden adquirir durante la visita.

Tres modalidades y cuánto cuesta

La propuesta se organiza en distintas opciones. La experiencia base incluye la visita y la merienda. Una segunda suma la actividad de vínculo con los caballos. La completa incorpora, además, una propuesta artesanal o de trasplante y acompañamiento guiado durante todo el recorrido.

Según Virginia, el recorrido completo demanda aproximadamente tres horas, con actividades y merienda incluidas.

Los valores informados son de $20.000 por adulto y $15.000 para menores de 12 años en la experiencia base. La opción con caballos costaba $30.000 por adulto y $25.000 para menores de 12 años. La experiencia completa tenía un precio de $35.000 por persona para grupos.

El emprendimiento contempla descuentos para familias. Las visitas se organizan para grupos familiares, escolares, scouts o de trekking, entre otros. Los precios, la disponibilidad y las condiciones deben confirmarse directamente con el establecimiento antes de reservar.

Las consultas se reciben por Instagram, en la cuenta @equa.alumine, donde coordinan las visitas.

Una parada distinta en el mapa turístico de Aluminé

Aluminé es conocido por sus paisajes cordilleranos, sus ríos y las actividades de aventura que atraen visitantes en los meses de calor. El rafting, el kayak y las excursiones al aire libre conviven con propuestas culturales, gastronómicas y productivas.

En ese mapa, Equa suma una alternativa: pasar unas horas en un entorno rural, conocer animales, aprender sobre el comportamiento de los caballos y disfrutar de una merienda artesanal. Sirve para familias con chicos y adultos, pero también para grupos que buscan salir de los recorridos habituales.

El turismo rural tiene ese atractivo particular: permite conocer un destino a través de quienes lo habitan, sus costumbres y sus proyectos. Detrás de cada actividad hay personas que dedican tiempo y esfuerzo a cuidar los animales, mantener las instalaciones y preparar las experiencias para quienes llegan.

En Equa, esa tarea tiene sello familiar. Diana Carra, Darío Duboscq y Virginia apuestan por compartir su espacio y convertir el trabajo cotidiano en una propuesta turística que combina naturaleza, aprendizaje y bienestar.

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