En Buena Esperanza, los estudiantes de la técnica aprenden con abejas y vacas de verdad
Mientras muchos debaten qué se enseña en las escuelas, en Buena Esperanza los alumnos de la técnica ya están metidos en apiarios y campos de la zona. Lo que aprenden ahí adentro no se enseña en ningún libro.
La Escuela Técnica Nº38 ‘Leonor Matilde Hirsch de Caraballo’ de Buena Esperanza está consolidando su identidad como institución técnica con propuestas que sacan a los alumnos del aula y los meten de lleno en el mundo productivo de la región.
Recorrer apiarios, hacer muestreos, conocer cómo se acopian los cereales o participar de campañas de prevención sanitaria son algunas de las experiencias que ya forman parte de la formación cotidiana de los estudiantes. El objetivo es claro: que los contenidos que aprenden en clase tengan una aplicación concreta en la producción agropecuaria de la zona.
Apicultura y sanidad animal, las dos patas fuertes
En el área de Apicultura, los alumnos de 6º y 7º año recorren apiarios y realizan muestreos, lo que les permite conocer las distintas etapas de la actividad. Además, el contacto con establecimientos productivos amplía esos conocimientos hacia el procesamiento y acopio de cereales.
En Sanidad Animal, en tanto, los estudiantes participan de vacunación preventiva, toma de muestras de materia fecal y desparasitación, siempre acompañados por los docentes responsables. Son prácticas que los ponen frente a situaciones reales de la producción.
El respaldo del sector productivo
Todo esto es posible gracias al vínculo que la escuela construyó con productores y establecimientos de la zona. La institución destaca especialmente el acompañamiento de los establecimientos ‘Huelucan’ y ‘La Querencia’, y de los doctores Federico Cappiello y Martín Enríquez, entre otros actores que abren sus puertas para que los chicos aprendan en escenarios reales.
La Escuela Técnica Nº38 adquirió su carácter de institución técnica en 2024 y hoy transita una etapa de consolidación de su propuesta educativa. Cada salida, cada práctica y cada contacto con el sector productivo representa un paso más en ese proceso: fortalece los vínculos con la comunidad productiva, genera nuevas oportunidades de aprendizaje y acerca la formación técnica a las necesidades y características del territorio.