En Colonia Suiza, una escuela con 89 años de historia ya no sabe dónde meter a sus 168 alumnos
En Colonia Suiza, los chicos almuerzan en el pasillo y hacen educación física en un aula. Las familias de la escuela 129 reclaman un salón de usos múltiples que nunca llega, mientras desde el Ministerio admiten la necesidad pero no prometen fechas.
La escuela 129 de Colonia Suiza, al oeste de Bariloche, atraviesa una situación que sus familias describen sin vueltas: el edificio les quedó chico. Con 135 alumnos en primaria y 33 en nivel inicial, el establecimiento de jornada extendida reclama desde hace años un salón de usos múltiples donde los chicos puedan almorzar, hacer educación física, tener actos y pasar los recreos cuando el clima no acompaña.
El problema no es nuevo, pero las lluvias intensas de las últimas semanas lo volvieron insostenible. «El patio, hoy, es un charco gigante», resumió una de las madres que impulsa el reclamo, en diálogo con Diario RÍO NEGRO.
Un edificio de 1937 que ya no da abasto
La escuela fue construida en 1937 y, según su directora, Alejandra Rojas, en los últimos años «se incrementó su matrícula y sus necesidades». Hoy las aulas albergan entre 20 y 22 chicos por grado. Además de las aulas comunes, hay un aula polivalente donde se celebran los actos y algunas clases de educación física, pero las familias aseguran que es insuficiente.
«No es tan grande, es como si fuera un aula y media», contó la madre. Y agregó que no existe un espacio techado donde los chicos puedan correr, jugar a la mancha o hacer deporte durante los recreos.
La opción es el patio externo, pero el frío, la nieve y la lluvia acotan su uso durante varios meses al año. «Los chicos almuerzan en el pasillo, tienen educación física en un aula, y en los recreos si llueve salen afuera igual», relató la mujer, que tiene un hijo en jardín y otro en cuarto grado.
El día a día de los chicos
La jornada extendida es uno de los motivos por los que muchas familias eligen la escuela 129, incluso algunas que viven más cerca de la escuela 48, en Villa Campanario. Pero esa misma extensión horaria profundiza el desgaste. «Hay días que no quiere ir, me dice que están muy encerrados y en los recreos no saben ya qué hacer, pero por mi trabajo tengo que mandarlo igual», contó la madre.
En un comunicado firmado por las familias y la comunidad educativa, advirtieron que «el desgano, la tensión, la dificultad para sostener la atención en las últimas horas de la tarde, son consecuencias directas de un entorno que quedó demasiado chico».
La directora Rojas también puso el foco en las consecuencias pedagógicas: «la escuela necesita un espacio para realizar actividades escolares cotidianas, como las clases de educación física, los recreos y actos. Todas estas actividades se realizan al aire libre o en espacios reducidos, afectando la calidad de las mismas y el cuidado de los estudiantes».
Qué dicen desde el Consejo Escolar y el Ministerio
Santiago Velázquez, coordinador del Consejo Escolar en la zona andina, señaló que «se está trabajando en el tema, sobre todo la cuestión de la titularidad del terreno», paso previo para evaluar una obra. Sin embargo, reconoció que no creen que se concrete en 2027. «Tienen un espacio considerablemente grande para hacer la obra», afirmó, y destacó que «es una comunidad que ha crecido mucho últimamente, muchas familias se han asentado en la zona».
Desde el ministerio de Educación de Río Negro, la subsecretaria provincial de Consejos Escolares, Mónica Pouso, admitió: «Reconocemos que es una necesidad. Lo vamos a considerar dentro del conjunto de demandas», aunque aclaró que «tenemos que administrar los recursos públicos con responsabilidad».
Pouso también fue cauta respecto de los plazos: «No estaba previsto pero nos vamos a llevar la necesidad», dijo, y remarcó: «no quiero sumar una nueva promesa a una historia de expectativas. Hemos invertido mucho en Bariloche, vamos a seguir dialogando, relevar el espacio e intentar que se pueda concretar en 2028».
Una ampliación que no alcanzó
En 2020 se realizó una ampliación que sumó dos aulas para educación inicial, una cocina y un aula-taller polivalente. Gracias a eso, cada grado tiene su propia aula. Pero el gimnasio o salón para actos y recreación sigue siendo una deuda pendiente.
Las familias insisten en que la necesidad es urgente: «los pibes no pueden estar todo el año a la intemperie, ni tampoco encerrados». Y apuntan a una limitación concreta: en el aula polivalente «no entran ni dos grados con sus familias. No tenemos un lugar de encuentro cuando llueve o hace frío, que es el clima habitual de Bariloche».



