En Comodoro ya no recorren los pozos: quién mira ahora los datos del yacimiento
En los yacimientos de la Cuenca del Golfo San Jorge ya hay drones que recorren lo que antes caminaba un trabajador, y el dato que define el futuro de esos puestos no es el que muchos imaginan. Tres especialistas locales explican qué empleos se transforman y cuáles empiezan a crecer.
Durante décadas, el paisaje del yacimiento en la Cuenca del Golfo San Jorge tuvo un protagonista claro: el recorredor de campo que caminaba las instalaciones, controlaba equipos y anotaba mediciones. Hoy, una parte de ese trabajo se resuelve desde una pantalla. Drones, sensores y sistemas de monitoreo remoto empezaron a ocupar funciones que antes demandaban horas de recorrida, y la pregunta que sobrevuela la industria es qué pasa con la gente que hacía esas tareas.
Para responderla, ADNSUR reunió tres miradas: el economista César Herrera, del Observatorio de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNPSJB; Susana Monzó, especialista en Talento, Recursos Humanos y transformación organizacional; y Marcos Almonacid, supervisor general de producción de una operadora, con más de 25 años en yacimientos.
Los tres coinciden en algo: la tecnología cambia el trabajo, pero no todos los puestos afectados están condenados a desaparecer.
Los profesionales, más expuestos de lo que se cree
Uno de los puntos que más sorprende del fenómeno es que la formación académica dejó de ser un escudo. Según investigaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que recopiló Herrera, ingenieros, arquitectos, docentes, economistas y analistas financieros figuran entre los perfiles con mayor exposición a la inteligencia artificial.
El economista marcó una diferencia clave: “Exposición y riesgo asociado a la inteligencia artificial no implica equivalencia a perder empleo”. Es decir, las tareas cambian, pero el puesto puede seguir existiendo.
En la vereda de enfrente quedan los trabajos con intervención física, trato directo con personas o capacidad de adaptarse a situaciones imprevisibles: el cuidado de personas y animales, la jardinería, ciertas actividades de la construcción y las artes escénicas.
La IA generativa ya redacta informes, procesa datos, analiza documentos y escribe código. Lo que antes hacía un profesional durante horas, ahora puede resolverse en segundos con asistencia tecnológica.
Del campo al centro de monitoreo
En la industria petrolera el cambio se ve con claridad. Monzó describió cómo funcionan algunos yacimientos: “Hay yacimientos donde se están utilizando todas las señales que dan los pozos, que antes lo hacía un recorredor de campo. Ahora los datos detectan anomalías y el supervisor va directamente a ese lugar”.
El recorredor no desaparece: se sienta frente a un centro de control. “A los supervisores los transformaron, para que aprendan a leer determinados datos. Porque ellos son los que tienen el conocimiento del campo. Ese conocimiento lo aplican en un centro de control y monitoreo”, explicó la especialista.
Almonacid lo vive a diario. “En lo que a nosotros nos afectó y nos ayudó en la industria es a que algunas cosas se agilicen”, contó. El ejemplo más concreto son los drones: “Hoy se hace el recorrido con un dron que monitorea, y el recorredor va al centro de monitoreo, que lo manda específicamente a puntos clave para atacar directamente los problemas”.
Las cámaras térmicas suman otra capa: permiten saber si un pozo produce por su temperatura, detectar puntos calientes en líneas eléctricas y hasta patrullar instalaciones para prevenir el robo de cables. “Antes ese relevamiento tenías que hacerlo con una cuadrilla. La cuadrilla lo que hacía era verificar eso. Lo que hace el dron es directamente monitorear”, detalló.
Su balance es optimista: “La tecnología sirve cuando se sabe aplicarla. Algunos dicen que vino a sacarle el trabajo a la gente, pero yo creo que vino a ayudarnos”.
¿La IA o la cuenca madura?
Atribuir todas las pérdidas de empleo en la región a la inteligencia artificial sería un error. Monzó fue tajante: “En Comodoro no es un tema de la IA la que deja fuera a la gente”.
La explicación tiene más que ver con la economía que con la tecnología: “Hay una gran cantidad de empresas que se fueron, pero tiene que ver con cambios de estrategias de negocio. En Comodoro la cuenca es madura y cuesta más dinero producir, por eso muchas se mudan a Neuquén”.
Aun así, reconoció que hay puestos que se achican: “Hay puestos que se reducen porque esto hace que haya menos gente. Los tenés que derivar a otro tipo de tareas”. La diferencia está en qué hace la empresa con esos trabajadores: capacitarlos o dejarlos afuera.
Los oficios que crecen
Mientras algunas tareas rutinarias pierden peso, aparecen nuevos perfiles. Monzó nombró al piloto de drones, los procesadores de imágenes, los operadores de centros de monitoreo y los técnicos en mantenimiento predictivo, que anticipan fallas antes de que ocurran.
“Antes se esperaba a que algo se rompa y se arreglaba, pero ahora la IA se adelanta, analiza fallas y se pueden arreglar antes”, explicó. También mencionó el abandono de pozos y la remediación ambiental, actividades con futuro en una cuenca madura.
Diez años de trabajo, resumidos en un algoritmo
Herrera aportó un ejemplo propio. La canasta básica que elabora el Observatorio de Economía de la UNPSJB se hacía a mano: recorrer supermercados, cargar planillas, controlar datos y calcular. Hoy, una red neuronal procesa los precios y arroja los valores.
“Cambió el modo de ejercer. Ahora se transforma más en un analista de los datos que se calculan que en un generador de información”, sintetizó. El valor del trabajo se corre de producir el dato a interpretarlo.
Reconvertir o morir
Para Monzó, despedir en lugar de capacitar es una salida corta: “Si vos como empresa despedís a la gente en vez de reconvertirla y darle una tarea que agregue valor, como empresa te vas a morir. Si quieren zafar sacando gente gracias a la IA, van a zafar, pero por poco tiempo”.
Su receta es usar la tecnología para liberar tiempo y sumar valor humano. “En vez de hacer reportes lo hace la IA y vos a ese dato le podés agregar valor. Te queda tiempo para pensar otras cosas”, planteó.
Y puso un ejemplo cotidiano: en los bancos, cada vez más consultas las resuelve una máquina, pero ante un problema complejo la gente sigue pidiendo hablar con una persona. “Hay que desmitificar, la IA no sabe todo. Hay que saber usarla para que nos dé lo que necesitamos”, cerró.
En el yacimiento pasa lo mismo. Un dron puede recorrer instalaciones y detectar anomalías, pero alguien tiene que interpretar esos datos, evaluar riesgos y decidir cómo intervenir. Esa sigue siendo tarea humana.