En el Gran Paraná hay menos desempleo que en el resto del país, pero una cifra preocupa
En el Gran Paraná hay menos desempleo que en el resto del país, pero una cifra del Indec muestra que miles de trabajadores ya tienen empleo y aun así salen a buscar otro. Qué hay detrás de ese dato.
El mercado laboral del aglomerado Gran Paraná mostró una tasa de desocupación del 6,7% en el segundo trimestre de 2026, según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que difundió el Indec. El registro queda por debajo del promedio nacional y también del regional.
El dato abarca a los 289.000 habitantes que el organismo estima para esa área urbana, la única cobertura disponible para Entre Ríos dentro del relevamiento. De ese universo, 134.000 personas integraban la población económicamente activa: 125.000 tenían trabajo y cerca de 9.000 buscaban empleo sin conseguirlo.
Las tasas complementarias marcan que el 43,3% de la población estaba ocupada y que el 46,4% era activa, es decir, trabajaba o salía a buscar una ocupación. En la práctica, poco menos de la mitad de los habitantes del aglomerado participaba del mercado laboral.
Cómo se compara con el resto del país
El 6,7% local se ubicó 1,2 puntos porcentuales por debajo de la media de los 31 aglomerados urbanos relevados, que fue de 7,9%. La brecha es más amplia si se mira la región Pampeana, donde la desocupación trepó a 9,7%.
El Indec aclara que se trata de una estimación muestral y que debe leerse con cautela: el intervalo de confianza del 90% para la tasa de desocupación del Gran Paraná va de 4,2% a 9,1%. Es decir, el número exacto puede moverse dentro de ese rango.
El dato que enciende la alerta
Más allá del desempleo abierto, hay un indicador que muestra una presión distinta en el mercado laboral paranaense: los ocupados demandantes. El 20,8% de la población económicamente activa ya tenía un trabajo, pero estaba buscando otro. En términos estimados, son unas 28.000 personas.
Esa proporción supera el promedio nacional de 16,9% y el regional de 18%. La diferencia sugiere que una parte importante de quienes ya están insertos laboralmente intenta mejorar sus ingresos, su estabilidad o la cantidad de horas que trabaja.
A eso se suma una subocupación de 15,6%, también por encima de las referencias: 11,5% en el país y 12,9% en la región Pampeana. La subocupación demandante, que agrupa a quienes trabajan menos de 35 horas semanales de manera involuntaria y buscan ampliar su empleo, fue de 11,1%.
Qué dicen los números en conjunto
El escenario que describen las cifras tiene menos desempleo abierto que el promedio, pero con tensiones en la calidad y la suficiencia de las ocupaciones. La combinación de una búsqueda elevada de otro trabajo y una subocupación superior a la nacional indica que el desafío laboral no pasa solo por generar puestos, sino también por mejorar su estabilidad, duración e ingresos.
Cabe aclarar que la EPH releva únicamente el aglomerado urbano Gran Paraná, por lo que estos indicadores no representan a toda la provincia de Entre Ríos. El informe tampoco publica para este aglomerado datos específicos sobre informalidad laboral ni desagregaciones por sexo, edad o sector de actividad.
El panorama nacional
En los 31 aglomerados urbanos, la desocupación alcanzó a 1,2 millones de personas en el segundo trimestre de 2026. Sobre una población relevada de 30,2 millones, unos 14,7 millones integraban la población económicamente activa: 13,6 millones tenían ocupación y 1,16 millones buscaban empleo de manera activa y estaban disponibles para trabajar.
Los indicadores generales mostraron relativa estabilidad. La tasa de empleo se ubicó en 45% y la desocupación en 7,9%, ambos niveles sin cambios estadísticamente significativos frente al mismo período de 2025. La tasa de actividad, en cambio, subió 0,8 puntos porcentuales hasta 48,9%.
La informalidad, el dato más relevante del trimestre
El 45% de las personas ocupadas trabajaba en condiciones informales, un alza de un punto porcentual respecto del segundo trimestre de 2025. Equivale a cerca de 6,1 millones de trabajadores.
La precariedad fue más alta entre los trabajadores independientes: la informalidad llegó al 61,1% de ese grupo y al 65,8% de quienes trabajan por cuenta propia. Dentro del empleo informal también ganó peso el cuentapropismo, que pasó de representar el 34,3% al 37,3% en un año.
Entre los asalariados, el 37,9% no contaba con descuento jubilatorio. Los asalariados representaron el 70,5% de la población ocupada, mientras que los trabajadores por cuenta propia explicaron el 25,5%.
Aunque la desocupación abierta se mantuvo estable, la presión sobre el mercado laboral alcanzó al 30,8% de la población económicamente activa. Ese indicador reúne a los desocupados, a quienes tienen empleo pero buscan otro y a quienes están disponibles para ampliar su jornada. El 16,9% de los activos tenía trabajo y buscaba otro, mientras que la subocupación se ubicó en 11,5%.
La situación golpea de forma desigual según la edad. La desocupación fue de 17,1% entre las mujeres de 14 a 29 años y de 14,1% entre los varones de esa franja, muy por encima del promedio general. Además, casi un tercio de las personas desocupadas llevaba más de un año buscando trabajo.
Las brechas entre regiones y ciudades
La región Pampeana presentó la mayor tasa de desocupación del país, con 9,7%, seguida por el Gran Buenos Aires, con 8,2%. Entre los grandes aglomerados, Gran Rosario registró el nivel más alto, con 11,5%, seguido por Gran Córdoba, con 10,5%, y Mar del Plata, con 9,9%.
En el otro extremo, el Noroeste tuvo una desocupación regional de 4,3%, aunque con una elevada demanda de empleo: el 21,4% de su población activa ya ocupada buscaba otra ocupación. Cuyo combinó una tasa relativamente baja, de 5,9%, con una fuerte presión laboral reflejada en un 21% de ocupados demandantes.
Los aglomerados de 500.000 habitantes o más concentraron mayor desocupación que las ciudades más pequeñas: 8,3% contra 6%. El problema del empleo se expresó con más intensidad en los grandes centros urbanos.
En conjunto, los resultados de la EPH muestran estabilidad en los niveles generales de empleo y desempleo, pero con un deterioro en la calidad de las inserciones laborales. La suba de la informalidad y del trabajo por cuenta propia, junto con la persistencia de personas que buscan más empleo o más horas, dejan en claro que tener una ocupación no garantiza condiciones formales ni ingresos suficientes.