En Entre Ríos hay seis plantas que "están tipificadas, pero no usadas ni valoradas"
Jaime Dubner lleva años trabajando con plantas medicinales en Crespo y tiene una frase que incomoda: la flora entrerriana "está tipificada, pero no usada ni valorada". Ahora busca reunir a agrónomos, farmacéuticos y médicos en una jornada. Qué plantas nombró y qué falta para aprovecharlas.
La provincia tiene un arsenal verde que la mayoría conoce de nombre pero casi nadie estudia en serio. Carqueja, diente de león, cedrón, borraja, marcela y burrito son solo algunas de las especies que el farmacéutico Jaime Dubner señaló como ejemplo del potencial desaprovechado de la flora entrerriana.
El titular de Chilcas Laboratorio, con sede en Crespo, lo resumió sin vueltas: "Está tipificada, pero no usada y no valorada". Para el especialista, buena parte de ese patrimonio vegetal quedó atrapado en el saber popular, sin el salto hacia la investigación científica y la producción formal.
El tema será eje de una jornada organizada por la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNER y Chilcas Laboratorio, prevista para el sábado 7 de noviembre en el Jardín Botánico de Oro Verde.
Qué hace falta para que la fitoterapia crezca
Dubner plantea que el desarrollo de la fitoterapia exige articular disciplinas que hoy trabajan por carriles separados. Los ingenieros agrónomos aportan en la identificación, el cultivo y la reproducción de las especies; los farmacéuticos, en el análisis de las materias primas y el diseño de formulaciones con criterios de calidad, estabilidad y seguridad.
A esa cadena se suman médicos, veterinarios y nutricionistas, cada uno desde su especialidad. "Es tomar, en buen sentido, el toro por las astas de la parte profesional de cada interviniente de la cadena formadora para tener un buen producto de calidad, trazable y que se pueda empezar a hacer estudios serios de nuestra flora entrerriana y litoraleña", explicó a UNO.
El objetivo de fondo es dejar de depender de extractos o preparados que llegan de afuera y generar conocimiento propio sobre lo que crece en el territorio. "Hay muchas cosas que están escritas, pero cuando uno va directamente a la práctica se encuentra con otras cosas, con otros resultados. Entonces, eso hay que ajustarlo a la hierba que uno tiene en la mano", agregó.
El saber popular, en diálogo con el laboratorio
La propuesta también apunta a recuperar los conocimientos etnobotánicos: todo lo que las comunidades acumularon durante generaciones sobre los usos de las plantas. La apuesta es poner esa experiencia en diálogo con la investigación sistemática.
Dubner valoró especialmente los testimonios de quienes usan plantas medicinales y comparten sus resultados. Esos relatos, sostiene, pueden orientar futuras investigaciones, aunque necesitan registrarse y estudiarse con metodologías adecuadas para medir su verdadero alcance.
El investigador fue claro en un punto: convertir observaciones en conocimiento científico demanda tiempo, inversión y capacitación. Y no todo lo natural es inocuo. La correcta identificación de las especies, las dosis, las formas de preparación y las posibles interacciones con medicamentos son claves para un uso responsable.
Por eso, la estandarización aparece como paso ineludible para llegar a productos cuya composición y calidad puedan verificarse, sin reemplazar los estudios que evalúan seguridad y eficacia.
Nutracéuticos y una fórmula con historia
Entre las líneas de trabajo ligadas a la fitoterapia asoma el desarrollo de nutracéuticos, productos de origen natural que se investigan por sus posibles beneficios para la salud.
Dubner contó que la experiencia con formulaciones tradicionales abrió la puerta a nuevas presentaciones de preparados vegetales. Mencionó el Dubner Mächtigh Balsam, una versión del Wunderbalsam vinculado a la tradición de los alemanes del Volga, a partir del cual se exploraron alternativas con distintas hierbas.
Según el farmacéutico, estos desarrollos plantean interrogantes sobre la composición de los productos y la manera de evaluar sus efectos. Para avanzar, consideró clave reforzar el vínculo con los profesionales de la salud y generar información científica. "Hay una desinformación interprofesional que estaría bueno reconectar, trabajar en forma conjunta, en equipo, y empezar a desarrollar y avanzar en todo esto que es bien nuestro", expresó.
También subrayó la necesidad de formar nuevos profesionales y ampliar el abordaje de la farmacología vegetal en las carreras de salud, para que el trabajo sea interdisciplinario de punta a punta: desde la producción de la materia prima hasta la evaluación de sus aplicaciones.
Cómo anotarse a la jornada
El encuentro del 7 de noviembre se extenderá de 8.30 a 16 en el Jardín Botánico de Oro Verde. La propuesta integra las Buenas Prácticas Agrícolas con la farmacognosia —la disciplina que estudia las sustancias medicinales de origen natural— y la galénica, ligada a la formulación y preparación de productos farmacéuticos.
Está dirigido a profesionales de agronomía, farmacia, medicina, veterinaria y nutrición, y también al público general interesado en la temática.
Se puede participar de forma presencial, virtual por Meet o mediante una grabación diferida. Los aranceles presenciales son de 30.000 pesos para estudiantes con constancia de alumno regular, 60.000 para profesionales y 65.000 para público general. En las modalidades virtual y grabada, los valores son de 35.000, 70.000 y 75.000 pesos, respectivamente.
El cronograma completo está disponible en el sitio de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNER (www.fca.uner.edu.ar) y la inscripción se realiza a través del formulario habilitado por los organizadores.
La jornada busca tender puentes entre producción, investigación y disciplinas profesionales. En una provincia con amplia diversidad vegetal, el desafío es transformar esa riqueza en nuevas líneas de estudio y desarrollo, con los saberes tradicionales y la ciencia trabajando juntos.