¿Qué encontraron los chicos que salieron vestidos de santos en las mesas de La Quiaca? La costumbre que se repite en la Puna y que cada año suma nuevos protagonistas.
En La Quiaca, el Día de Todos los Santos tuvo este año un ingrediente que volvió a sorprender a los vecinos: los monaguillos de la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro recorrieron los hogares disfrazados de santos para acompañar las oraciones de las familias que armaron sus mesas de ofrendas.
La escena se repitió durante la jornada del domingo 1 de noviembre, cuando los más chicos se convirtieron en protagonistas de una propuesta que buscó acercarlos a una de las costumbres más enraizadas del norte argentino.
Con trajes que representaban a distintos santos, los pequeños visitaron las casas donde ya estaban dispuestas las tradicionales mesas para recibir a las almitas de los seres queridos que ya no están.
Una celebración entre la fe y la memoria
La actividad se desarrolló en la antesala del 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, fecha en la que las familias jujeñas recuerdan de manera especial a sus muertos.
La iniciativa apuntó a que los niños se involucren de lleno en una práctica donde la fe cristiana y las creencias ancestrales se cruzan en una celebración atravesada por los recuerdos, la espiritualidad y el amor familiar.
Qué se pone sobre la mesa en la Puna y la Quebrada
En Jujuy, y sobre todo en las comunidades de la Puna y la Quebrada, las familias dedican días a preparar las ofrendas: panes de distintas formas, flores, velas y las comidas preferidas de quienes fallecieron.
Según la tradición, las almas vuelven de manera simbólica a visitar sus hogares en estas fechas. Las ofrendas funcionan como la forma de recibirlas, recordarlas y sostener el vínculo familiar a lo largo del tiempo.
La participación de los monaguillos quiacaños suma una generación nueva a una costumbre que pasa de padres a hijos y que forma parte de la identidad cultural y religiosa de los jujeños.