En las islas de Entre Ríos no se llevan solo animales: lo que también suben a las barcazas
¿Qué más suben a las barcazas además de la hacienda en las islas de Entre Ríos? La respuesta muestra hasta dónde llega la emergencia por la crecida.
VICTORIA, Entre Ríos.— El Puerto Paranacito dejó de ser un punto en el mapa para transformarse en el corazón de una operación que no se detiene. Hace seis meses era un proyecto logístico de la Sociedad Rural de Victoria; hoy es un hervidero de barcazas, camiones, barro y arreos urgentes. El agua avanza y con ella el fantasma de una de las peores crecidas de los últimos años, que podría dejar incomunicados a los ganaderos de las islas entrerrianas.
El rugir de los motores náuticos y los gritos de arreo quiebran la calma del río. Los ganaderos que pasan por la zona describen una logística enorme montada en pocos días, impulsada por la mayor intensidad de El Niño y el agua de las cuencas del Paraná y el Uruguay. La orden en las islas es clara: sacar todos los animales antes de que sea tarde.
"Es una emergencia", dijo a LA NACION Emiliano Merzbacher, vicepresidente de la Sociedad Rural de Victoria, durante un recorrido por la zona. Días atrás este medio informó que se estimaban unos 30.000 animales en la región.
No solo se van los animales
La evacuación también alcanza a los pobladores. La situación es tan urgente que los isleños empezaron a desmontar sus propias casas modulares para evitar pérdidas mayores. Ayer, Fernando Brasesco pisó "tierra firme" tras bajar de una barcaza en la que no viajaba solo con su hacienda: sobre la cubierta traía su casa móvil montada a cuestas.
"No se puede dejar nada. El agua viene bajando fuerte desde el norte y las lluvias no van a dar tregua", comentaban productores y vaqueros en la orilla. La preparación arrancó días atrás, pero el movimiento en Paranacito no se detiene.
El método detrás del operativo
Merzbacher pasa sus días entre el muelle, las planillas y el barro, trabajando codo a codo con sus hijos. Además de dirigente, es productor agropecuario y también tiene que mover su propia hacienda desde la isla.
"Esto es el canal de servicio. De acá se sacó tierra para hacer la traza de la 174. Los barcos vienen por el canal y nosotros armamos este puerto", explicó mientras señalaba las maniobras de acople de un camión.
La diferencia con el puerto de Victoria es notable: "Antes, para descargar en el puerto de Victoria, un barco tenía que hacer dos horas y media de ida y dos de vuelta. Hoy, en 40 minutos va, carga a una isla cercana, viene y descarga. Te mete tres o cuatro viajes en el día. La agilidad es absoluta", completó.
Para evitar cuellos de botella en los corrales y que los animales no se estresen ni sufran lesiones, la regla en Paranacito es tajante: camión que no está esperando en muelle, barco que no descarga. "Si el barco llega y no tengo dónde descargar, me frena la cadena. Los dueños nos avisan a qué hora llegan, hacemos atracar la barcaza y empezamos a bajar inmediatamente", detalló.
En momentos de crisis, el manejo del ganado exige cautela. Un movimiento en falso o el hacinamiento en los tubos de descarga pueden derivar en animales quebrados, golpeados o ahogados. Por eso los dueños de la carga se acercan para evitar pérdidas en la logística.
"A mí me gusta estar acá, me gusta trabajar con la hacienda porque es mi pasión y esto lo hice para eso. Esto lo hice con mis hijos", expresó Merzbacher. En los campos cercanos al puerto, los animales permanecían en medio del humedal, rodeados de agua y pastizales anegados, lo que deja a la vista la dificultad de reunir la hacienda y llevarla hasta el embarcadero.
San Lorenzo, la otra pata de la red
A unos 40 kilómetros, en el Puerto San Lorenzo —el más cercano a Rosario—, Merzbacher también configura una red de contención ganadera y logística de descarga, sobre todo en este momento de emergencia en las islas.
A metros de la manga de descarga, Matías, un productor llegado desde Nogoyá, observaba el desembarco de más de un centenar de vacunos que mantenía en el sector insular. "Trajimos más de 100 animales. Tener que mover la hacienda de golpe siempre representa una pérdida, pero no hay opción", reflexionó mientras acomodaba los novillitos junto con sus trabajadores y transportistas.
Aunque los precios de la ganadería ofrecen un respiro relativo frente a los costos operativos, los productores coinciden en que la logística de evacuación erosiona la rentabilidad. Aclaran, sin embargo, que primero está la necesidad de salvar a los animales.
El tiempo tampoco ayuda: las inclemencias de los últimos días obligan a repensar estrategias en pleno traslado por el estado de los caminos de tierra en lo que ellos llaman "el continente". "Llovió en la zona de entrantes y hay camiones encajados; hay que esperar a que oree un poco para poder encarar hacia los campos a donde van los animales", relató Matías.
En este rincón de las islas, la ganadería convive desde hace generaciones con los ciclos del Paraná. Pero, según los productores, la diferencia entre anticiparse y llegar tarde se mide en animales que logran ponerse a salvo, pérdidas económicas y horas de trabajo.