En Libertador, cada vez más jóvenes hacen fila en los comedores: "La nómina de 60 termina siendo de 20"
José Leiva, referente de la CCC en Libertador, ve cómo la fila de los comedores se estira y se vuelve más joven. Pero hay un detalle burocrático que está vaciando las nóminas y él lo cuenta sin filtro.
José Leiva, referente de la CCC en Libertador General San Martín, advirtió que los comedores y merenderos de la ciudad están al límite: la demanda crece sin pausa mientras la asistencia estatal se derrumba. En diálogo con Radio 2, el dirigente describió un escenario de colapso en los espacios comunitarios, agravado por la pobreza, la falta de empleo formal y los requisitos burocráticos que el Estado exige para sostener la ayuda.
El fenómeno no es solo numérico. También cambió el perfil de quienes se acercan a buscar un plato de comida. Si antes los merenderos recibían sobre todo a niños, hoy la asistencia se estiró hacia adolescentes y jóvenes.
“La gente que va es adolescente, es joven también que asisten. Ha crecido la edad de personas que también recurren a nuestros espacios para tratar de zafar un poquito en el día a día”, explicó Leiva.
Un mercado laboral que se apaga
Detrás del aumento de la demanda hay un deterioro profundo del empleo en la zona. Según el referente, la desocupación creció, en parte por el cierre de oficinas de organismos nacionales, y la informalidad avanza a paso firme.
Los oficios tradicionales como la albañilería y la soldadura, igual que el servicio de remises, trabajan apenas un par de días a la semana. La parálisis del consumo y la escasez de circulación de dinero golpean de lleno a estos sectores.
La burocracia que vacía los comedores
A ese cuadro se suma otra dificultad: los comedores que recibían ayuda estatal mensual dejaron de percibirla por exigencias administrativas excesivas. Las normativas actuales piden documentación personal exhaustiva tanto de los responsables como de cada niño y familia que retira su porción de comida, lo que redujo drásticamente el padrón de beneficiarios.
Leiva lo graficó con indignación: “Cuando te pide comida no te pide fotocopia, no te pide impresiones, no te pide salvedad de pantalla ni nada de eso; te da hambre y vas a un lugar y al final la nómina de 60 termina siendo una nómina de 20 y te mandan menos, y la fila se hace más grande”.
El dirigente insistió en que la situación se vuelve insostenible para los espacios que siguen funcionando a pulmón, mientras algunos comedores ya cerraron sus puertas. La combinación de más gente con hambre, menos recursos y trabas administrativas dibuja un panorama crítico en Libertador General San Martín.