En Lomas una cena mensual reúne a 100 vecinos: el menú que nadie espera
En pleno centro de Lomas hay una mesa que se arma una vez por mes y recibe a unas 100 personas. Nadie hace fila: se sientan en ronda, comen estofado con cabutia y comparten música. Cómo se sostiene la movida que nació una noche de fin de año.
Una vez por mes, la Plaza Grigera deja de ser solo una plaza. Mesas, gazebos, música en vivo y una comida que no tiene nada de vianda: así funciona Cenas Callejeras, la iniciativa que un grupo de voluntarios sostiene en el centro de Lomas de Zamora para que decenas de vecinos compartan una noche distinta.
Detrás de cada encuentro hay una idea que va más allá del plato servido. “Unas dos horitas cambian la vida a una persona”, resume Natalia Rivas, una de las impulsoras del proyecto.
Cómo empezó todo
El primer encuentro fue el 31 de diciembre de 2025. Un grupo chico de conocidos y amigos quiso hacer algo por los demás y armó una cena de fin de año en la Plaza Grigera. El menú de esa noche: salpicón de ave.
La experiencia funcionó tan bien que la repetición apareció casi sola. “Éramos poquitos. Salió espectacular. Fue la cena de fin de año y, desde ahí, nos pasamos los contactos con algunos de los chicos y nos empezó a picar las ganas de hacerlo una vez por mes”, contó Rivas.
Lo que arrancó como una movida entre amigos se fue agrandando con el boca en boca, las recomendaciones y la llegada de nuevos colaboradores. Hoy el grupo tiene nueve integrantes fijos, más vecinos que se suman a servir y a que cada jornada salga.
Una cena gourmet, no una fila
La diferencia central está en el trato. Los voluntarios no reparten viandas: preparan una cena gourmet y todos se sientan a la mesa. El menú incluye platos como estofado con cabutia y pastas a la parisienne, postres donados por una panadería y música en vivo.
“Además de la comida, lo más importante es el trato con la gente, que se sienta. No vienen a hacer la fila, nos sentamos en ronda, hablamos. Se forma un clima realmente muy lindo”, explicó Rivas.
Hay quienes cantan, quienes bailan y quienes aprovechan esas horas para reírse y conversar. Muchas veces la noche termina con todos compartiendo la música. “Para nosotros es una cena con amigos: una buena comida, un buen show y compartir”, resumió la voluntaria.
De 50 a 150 personas
El primer encuentro reunió a cerca de 50 personas. Con el tiempo, la convocatoria creció hasta recibir alrededor de 150 vecinos y vecinas en algunas jornadas. Hoy calculan que participan unas 100 personas por encuentro. La difusión se sostiene con el boca en boca, folletos y redes sociales.
Detrás de cada cena hay un esfuerzo que no siempre se ve. El proyecto se banca con aportes de los propios voluntarios y donaciones de particulares. Así consiguieron comprar gazebos y mesas para mejorar el espacio, además de recibir alimentos e ingredientes para cocinar.
“Esto lo mantenemos nosotros, ponemos de nuestro bolsillo, no es que alguien nos banca. Mucha gente nos donó plata, pudimos comprar gazebos; la gente nos dona cebolla, leche, crema y, aunque sea poco, ya llegamos para hacer la comida”, afirmó Rivas.
Cómo colaborar
Cada aporte suma. El grupo recibe alimentos no perecederos, azúcar, yerba, envases plásticos para servir la comida y cubiertos descartables, entre otros elementos necesarios para organizar las cenas.
“Quienes quieran colaborar pueden contactarse a través de Instagram, o durante la realización de las cenas, donde pueden acercarse a dejarnos las donaciones”, sostuvo Rivas.
La intención es seguir y, si las posibilidades lo permiten, fijar las jornadas para el tercer viernes de cada mes. La frecuencia mensual no le quita peso a lo que pasa en cada encuentro: para los organizadores, el valor está en generar un espacio donde el encuentro con el otro importa tanto como la comida.
“Nuestro mensaje siempre es mirar un poco más alrededor, no ir por la vida sin mirar al lado y poder compartir sin prejuicios, sin nada”, afirmó Rivas. Y cerró: “Pensando que solamente unas dos horitas cambian la vida a una persona. Sentarte, compartir, escuchar, cambia muchísimo la vida a otra persona”.
La propuesta no pretende resolver por sí sola las dificultades de quienes están en situación de calle o necesitan ayuda. Pero muestra que la solidaridad también se construye con gestos simples y sostenidos: cocinar, acercar una silla, escuchar una historia o compartir una canción.