En Misiones dejaron de plantar pinos y eucaliptos: el dato que preocupa a cientos de aserraderos
Rubén Lis, productor forestal de Misiones, advierte que los pequeños y medianos ya no plantan y que las industrias de la zona podrían quedarse sin materia prima. La cifra que revela la magnitud del retroceso y el país vecino que ya lo superó, en la nota.
Rubén Lis, productor forestal e ingeniero agrónomo de la zona centro de Misiones, asegura que los pequeños y medianos productores ya no forestan y advierte que las industrias podrían quedarse sin materia prima en pocos años. En una entrevista con ArgentinaForestal.com, el especialista comparó la situación local con la de países vecinos y sostuvo que la provincia está perdiendo una oportunidad de desarrollo.
“Brasil, Uruguay, Chile y Paraguay crecen y nosotros vamos para atrás”, resume Lis. Según su diagnóstico, después de aprovechar las plantaciones adultas, los productores no vuelven a plantar y terminan vendiendo sus chacras. “Acá en la zona centro, a nivel de pequeños y medianos productores, ya no se planta nada. No hay estímulo”, afirma.
El impacto no queda solo en el campo. En el departamento de Oberá funcionan alrededor de 300 industrias que dependen de la madera local. “Se quedarán sin madera y ya no es rentable traerla desde Corrientes por los costos logísticos. Se producirá un apagón forestal en pocos años”, advierte.
Un negocio que queda para pocos
Si la tendencia continúa, Lis cree que el negocio se concentrará en una o dos megaempresas del Alto Paraná y en algunas firmas medianas de Corrientes. Las grandes compañías multinacionales son, según él, las únicas que siguen forestando porque pueden financiar ciclos productivos que se extienden por décadas.
Para las PyMEs, en cambio, encarar proyectos de ese horizonte temporal resulta casi imposible. El productor sostiene que la actividad prácticamente desapareció en Misiones y en otras zonas del país, y que los obreros rurales que pierden empleo engrosan la dependencia de políticas asistenciales o caen en contratos precarizados.
Números que muestran el retroceso
Lis aporta datos concretos sobre la pérdida de superficie forestada. Durante 2023, según detalla, se taló rasa en unas 12.000 hectáreas y se intervinieron otras 3.000 mediante raleos, lo que totaliza 15.000 hectáreas aprovechadas. Sin embargo, solo se repusieron 9.000 hectáreas, en su mayoría por parte de tres o cuatro empresas, entre ellas una multinacional. “Al 2026 la situación se mantiene: se tala más de lo que se reforesta”, afirma.
La comparación con los países vecinos es otro de sus argumentos. Menciona que Paraguay forestó 400.000 hectáreas en pocos años y que Uruguay ya tiene 1,1 millones de hectáreas implantadas. “Paraguay es un país de siete millones de personas y recién empieza, mientras Uruguay tiene 3,5 millones de habitantes”, contrasta.
En materia de exportaciones, la diferencia también es marcada: según los datos que maneja, Uruguay vende al exterior unos 3.500 millones de dólares anuales en productos forestales, mientras que Argentina se mantiene en alrededor de 500 millones. “Las grandes, medianas y pequeñas inversiones llegan a estos países, que pareciera van en avión mientras nosotros vamos en carreta”, grafica.
Las trabas que frenan la actividad
El productor enumera una serie de obstáculos que, asegura, desalientan la forestación. Entre ellos menciona la demora de 18 a 24 meses para aprobar un plan forestal, los trámites ante la Dirección de Forestación Nacional, y el hecho de que los aportes prometidos, que pueden alcanzar hasta el 80% del costo, en la práctica se reducen a entre el 5% y el 10% de lo comprometido.
También cuestiona la tasa forestal del 2% sobre el valor de comercialización, las retenciones que sufren las industrias, las restricciones sobre agroquímicos y las dificultades administrativas, como el formulario F150 y las interrupciones frecuentes en la página de acceso.
“Siempre los objetivos de las nuevas regulaciones son loables en lo escrito, pero en lo concreto sirven para desalentar”, plantea.
Una actividad estratégica para el futuro
Más allá de las críticas, Lis reivindica el potencial de la forestación. Sostiene que cada tres hectáreas implantadas pueden generar un puesto de trabajo, que la actividad fija población rural y que contribuye a reducir la presión sobre los montes nativos. Además, destaca que el mercado global de la forestoindustria supera al de la agricultura y la ganadería juntas.
Con 40 años de experiencia y más de 300 hectáreas implantadas en la zona centro, el productor asegura que sigue apostando al sector. “Aún sigo con esperanza de que algún día despierte esta provincia y se transforme en un buen ejemplo de desarrollo sostenible para el mundo”, concluye.