En Neuquén le pidieron algo al Presidente para los días difíciles
Política · Neuquén

En Neuquén le pidieron algo al Presidente para los días difíciles

El pastor Hugo Márquez lo miró fijo, pidió silencio y oró en voz alta por el Presidente. Cuando terminó, le dejó una frase para guardar: en los días más difíciles, que recuerde lo que le dijeron en Neuquén.

El nuevo auditorio de la iglesia bautista Jesús es Rey, en Neuquén capital, quedó chico para una noche que la congregación venía esperando desde hacía meses: la visita de Javier Milei. El templo recibió al Presidente con una ceremonia que mezcló protocolo, liturgia y un mensaje directo al poder político.

A cuatro cuadras del lugar ya no había dónde estacionar. Las calles Solalique, Bejarano y Lanín funcionaron como un perímetro de seguridad que se extendió hasta la Ruta 22. Para llegar había que caminar entre patrulleros, uniformes y vallas.

Adentro, la noche había arrancado mucho antes de que apareciera el mandatario. La música fue la encargada de sostener la espera.

Un recinto con dos mundos

La custodia presidencial se convirtió en una presencia paralela. Más de cincuenta efectivos se repartieron por el auditorio, en los pasillos, en los accesos y junto al escenario. Permanecían inmóviles, con la mirada fija en el público, como si la ceremonia ocurriera en otro lugar.

El coro de la iglesia sostuvo la espera con nueve canciones, una detrás de otra. Los fieles cantaban de pie, con las manos en alto, y bailaban entre las filas de butacas. Algunos cerraban los ojos, otros se abrazaban, y familias enteras, con chicos en brazos, acompañaban cada estribillo.

Las letras hablaban de gratitud, de victoria y de un Dios presente en la vida cotidiana. Más que una previa, fue una declaración: el templo recibía al Presidente, pero la ceremonia era de ellos.

La llegada y el recorrido por el predio

Milei llegó cerca de las 20, acompañado por el gobernador Rolando Figueroa. Antes de subir al escenario, recorrió el predio junto a los anfitriones, que le contaron la historia del lugar.

El terreno había pertenecido a una empresa de servicios de fractura, una de las que se desprendieron de inmuebles tras la crisis de 2009 y 2010. Las oficinas del edificio original se conservaron y quedaron "envueltas" por la nueva construcción. También le mostraron la placa y la Biblia que marcaron el inicio de la obra, con fecha de 2012.

La historia del predio resume, a su modo, la de la ciudad: un espacio nacido al calor de la actividad petrolera que ahora alberga un templo con capacidad para cuatro mil personas.

El termómetro de los aplausos

La reacción del público midió la temperatura política de la noche. Cuando se nombró a Figueroa, la respuesta fue respetuosa, cordial y con aplausos sin estridencias, en línea con otros políticos como el senador Pablo Cervi.

Muy distinta fue la reacción ante Nadia Márquez, que se llevó una ovación más larga y sonora, de las más fuertes de la ceremonia. A Milei lo recibieron de pie y con más aplausos.

No estuvo el intendente Mariano Gaido, cuya presencia se había previsto en algún momento y que, según pudo saber LM Neuquén, había recibido la invitación.

En las primeras filas se ubicaron Rafael Pedace, pastor y vicepresidente de ACIERA, la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina, y Alberto Prokopchuk, presidente de las iglesias bautistas, además del gobernador de Neuquén.

"Dios atiende en Buenos Aires"

El pastor Hugo Márquez habló con la voz algo quebrada. "Jamás pensé que un presidente venga. No estaba en mi agenda ni en mis oraciones, no estaba a mi alcance", dijo. Agradeció que Milei hubiera apartado un tiempo, pese a sus ocupaciones.

Después dejó la frase de la noche. Destacó que el Presidente visitó dos iglesias del interior, una en el Chaco y otra en Neuquén, y lo leyó como una señal hacia las provincias. "Creo que se empieza a revertir eso de que Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires", lanzó. El auditorio estalló entre risas y aplausos.

En una sola línea, el pastor tradujo al lenguaje bíblico el reclamo histórico del interior frente al centralismo porteño, y lo dijo delante del propio Presidente y del gobernador de Neuquén, que junto con otros mandatarios provinciales ha repetido el discurso del "centralismo" y del "obelisco".

Márquez también tuvo palabras para Figueroa. Recordó que fue cuando el hoy gobernador era vicegobernador en la primera gestión de Omar Gutiérrez, en un momento en que la congregación "recibió el escarnio" por los subsidios de la escuela AMEN, que él "escuchó nuestras lágrimas". "Le estaré eternamente agradecido", dijo. Fue precisamente en ese tiempo donde apareció en la política Nadia Márquez.

La obra y las dudas sobre el financiamiento

Sobre la construcción del templo, el pastor se anticipó a los escépticos y a los cuestionamientos por el financiamiento. "No los culpo, entiendo sus dudas, porque yo al ver esto tampoco lo puedo creer. Esto es más allá de nuestras fuerzas, esto es de Dios", afirmó.

Y acotó: "No es una obra solo de ingeniería y de arquitectura, es una obra de Dios. El Señor mandó el maná del cielo". Precisó que la construcción tiene completado alrededor del 80 por ciento.

"No se trata de un imperio personal, sino de familias consagradas a Dios", insistió. Definió el auditorio como un legado: "A las nuevas generaciones les queremos regalar este auditorio para que amen más y sirvan más a Dios".

También dejó una frase que conectó con la agenda del gobierno: "Qué linda que es la familia, y algunos la quieren destruir".

Y le dio a la noche un sentido explícito. Dijo que el culto sería una suerte de tedeum, no para reprochar a los políticos sino para "bajar las líneas políticas" y "poner a Dios en el centro de la ciudad y del país".

Milei subió al atril y habló como predicador. Elogió la historia de la congregación, que tiene casi noventa años y es la iglesia evangélica más antigua de Neuquén. Destacó que de ella nacieron más de diez iglesias en la cordillera, en otras provincias y hasta en África.

La bendición y el pedido para los días difíciles

El final fue el momento más íntimo de la noche. El pastor Márquez pidió silencio, miró fijo al presidente y oró en voz alta por "estos amigos que en este tiempo tú has escogido y has puesto en autoridad sobre la Nación".

"Señor, más allá de toda simpatía o diferencia, son nuestra autoridad y nuestro gobernante. Y oramos para que a ellos les vaya bien, porque al país le irá bien", dijo.

La frase definió el tipo de respaldo que ofreció el templo: menos una adhesión partidaria que un deber religioso hacia quien gobierna.

Rezó para que al presidente "no le falte la fuerza cada día al tomar decisiones" y al "enfrentar situaciones complejas". También amplió el alcance de la fe más allá del templo: "Dios no es el Dios de la religión, es el Dios de la vida". Lo definió como el Señor "de la tierra, del gobierno, de la empresa, del comercio, del matrimonio y de la familia".

Después llegó la definición más política, apoyada en la carta de San Pablo a los Romanos: "No hay autoridad sino de parte de Dios. La autoridad es un principio celestial. El caos no, pero la autoridad sí".

Y agregó: "Todo se arruinó cuando, en el origen de todas las cosas, alguien quiso desconocer la autoridad de Dios". Sin proponérselo, la frase cerró el círculo con el discurso presidencial, que minutos antes había explicado la economía a partir de la caída del Edén.

Márquez aclaró que no era un gesto de ocasión ni de privilegios el hecho de orar por un presidente y dar la bendición, y que lo viene haciendo antes de que naciera su hija, hoy la senadora Márquez.

Dijo que la iglesia ora por los presidentes y gobernantes de antes y por los que vendrán, "porque el Señor nos enseña a orar por ustedes". Y lo despidió con la frase que quedó resonando: "Cuenten con un pueblo que les va a cubrir en oración. Y en los días más difíciles, digan: en Neuquén están orando por mí".

Pasadas las 21, la custodia volvió a moverse y las vallas comenzaron a levantarse. Adentro, los cantos siguieron.

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