En Paraná, cada vez más familias tiran del carrito: la cooperativa que busca frenar la explotación
El reciclaje urbano en Paraná atraviesa su momento más crítico: cada vez son más las familias que tiran del carrito para subsistir, mientras la cooperativa intenta frenar la explotación de las barracas. ¿Qué pasará con los precios?
La caída del consumo golpea con fuerza al sector del reciclaje popular en la capital entrerriana. Los recicladores urbanos de Paraná enfrentan un doble problema: hay menos material recuperable en las calles y, al mismo tiempo, se multiplican las familias que se vuelcan al cartoneo para subsistir. El resultado es un ingreso diario cada vez más magro para quienes dependen exclusivamente de la venta de residuos.
Ángela Arellano, integrante de la Cooperativa de Recicladores de Paraná —con sede en Burmeister y El Resero—, describió sin vueltas el panorama que atraviesan los recuperadores locales.
"La situación está bastante crítica, ha bajado el consumo y ha aumentado la cantidad de gente que anda en la calle. Afecta tanto a los compañeros como a nosotros también como cooperativa, porque es muy poco el ingreso que tenemos de material", explicó durante la entrevista.
Menos material, más competencia
La retracción de la actividad económica redujo los volúmenes de residuos que llegan a las plantas de acopio. Eso complica el sostenimiento operativo de las organizaciones y limita su capacidad para redistribuir ingresos entre los trabajadores.
Al mismo tiempo, la cantidad de personas que recurren a la recolección informal como única fuente de sustento creció de manera notoria en los últimos meses. "Desde que asumió el nuevo gobierno, la situación ha empeorado. Hay mucha gente que está tirando de un carro o con bolsones a la rastra para tratar de llevar un plato de comida a la casa", afirmó Arellano.
Pago en el día y horario nocturno
Para amortiguar el impacto, la cooperativa implementó la compra directa de material con pago diario y en horarios nocturnos. Así, decenas de cartoneros que recorren la ciudad durante largas jornadas consiguen liquidez inmediata para cubrir sus necesidades básicas.
"Nosotros estamos pagando en el día, se está trabajando de las 6 de la tarde hasta las 12 de la noche y eso le sirve a los compañeros que andan hasta tarde con los carritos", señaló la referente.
Precios que no alcanzan
El valor de los materiales varía según su tipo y destino industrial. El cartón se comercializa localmente con la Papelera Entre Ríos, mientras que los plásticos se envían a plantas de procesamiento en Buenos Aires para reinsertarse en el circuito productivo. Dentro de los plásticos, las botellas transparentes —conocidas como plástico cristal— son las que mejor se pagan: actualmente cotizan a 300 pesos por kilo.
Sin embargo, el esfuerzo físico necesario para reunir un ingreso mínimo sigue siendo desproporcionado. Juntar un bolsón de 130 kilos de cartón exige recorrer extensamente la ciudad durante más de seis horas de trabajo ininterrumpido.
El rol de la cooperativa frente a las barracas
Ante la competencia de las barracas privadas, la organización comunitaria cumple un papel clave para evitar la explotación de los recolectores. Arellano remarcó los objetivos inmediatos: "Nosotros tratamos de buscar un mejor precio para ellos, pagárselo mejor precio que en las barracas. Nosotros necesitamos sumar más compañeros, tener un presupuesto más alto para poder pagarle un sueldo a los compañeros que andan con carrito en la calle".