En Salta, la IA ya reemplaza tareas de gerentes y las empresas no saben qué reglas poner
Un gerente de una empresa salteña todavía no sabe si va a dejar que su equipo cargue el balance de la compañía en una herramienta de inteligencia artificial. La escena se repite en otras firmas de Salta, donde la tecnología ya empezó a ocupar tareas que antes hacían los gerentes medios. ¿Qué reglas están poniendo antes de que sea tarde?
En dos empresas salteñas, la inteligencia artificial dejó de ser una promesa y se metió en la rutina diaria. En Seaboard Energías Renovables y Alimentos, la tecnología ya reemplaza tareas que antes hacían los gerentes medios. En La Moraleja, en cambio, todavía debaten qué reglas aplicar antes de expandir su uso.
Juan Sörös, presidente de Seaboard, describió el cambio con precisión. Antes, la gerencia media tomaba los datos que generaba la compañía y los convertía en información para el directorio. "Hoy ese trabajo lo hace la inteligencia artificial", dijo.
La gerencia no desaparece: cambia su tarea. Según Sörös, ahora el desafío pasa por definir qué preguntas hacerle a la herramienta, qué decisiones puede tomar sola y cuáles necesitan siempre una persona detrás. Es lo que llama gobernanza de datos: garantizar que la información que alimenta al sistema sea confiable, porque de eso depende la calidad de cada decisión que se delega.
El protocolo que todavía no está
La discusión sobre las reglas de uso también atraviesa a La Moraleja, aunque desde otro ángulo. Martín Ramírez, gerente de la empresa, advirtió que dejar que cada área use inteligencia artificial por su cuenta, sin ningún criterio común, equivale a disparar sin apuntar. Por eso arman un protocolo interno antes de expandir su uso.
Ramírez fue más concreto sobre qué le preocupa. No sabe todavía si va a permitir que alguien de su equipo cargue el balance de la compañía en una herramienta de IA para pedirle un cálculo, o la nómina completa de empleados para comparar sueldos. Son decisiones que, según dijo, todavía no están definidas: quién puede usar la herramienta, con qué información y bajo qué nivel de confidencialidad.
Para resolver esas dudas, la empresa ya conversa con la Universidad Católica de Salta sobre un curso de capacitación interno, pensado para que todo el personal maneje el mismo criterio antes de sumar la tecnología a las tareas diarias.
Seaboard, en cambio, avanza con otro ritmo. Al formar parte de un grupo multinacional, la definición de reglas para el uso de inteligencia artificial no depende solo de la filial local: se coordina con el resto de las divisiones de la compañía a nivel corporativo. Sörös reconoció que todavía no tienen un criterio unificado a esa escala y que prefieren ir más lento, pero con más garantías, antes que apurar una implementación sin reglas claras.
El otro cambio: la mano de obra joven
El otro cambio que preocupa a las industrias salteñas es el de la mano de obra joven. La Moraleja trabaja hace años con escuelas agrotécnicas de la zona de Apolinario Saravia y Pizarro. Varios de esos estudiantes ya trabajan en áreas técnicas de la finca, como electricidad y mantenimiento de campo.
Ramírez marcó, sin embargo, una dificultad que ve entre los jóvenes que se suman a la empresa: la tendencia a frustrarse rápido y a cambiar de trabajo cada pocos meses, antes de completar un proceso de formación. Para él, ese es uno de los temas que las empresas y las escuelas técnicas todavía tienen que resolver juntas.
Seaboard encara ese mismo problema desde otro lugar: ya tiene en marcha un plan de sucesión interno, pensado para que el personal más joven pueda ir ocupando puestos de mayor jerarquía a medida que se forma dentro de la compañía, en lugar de buscar ese crecimiento en otro lado.
Sobre el final de la charla, Ramírez contó una anécdota personal que resume el clima que percibe en el panel. Sus tres hijos, dijo, se formaron pensando en la posibilidad de irse del país. Hace un tiempo, en una charla de sobremesa, uno de ellos le dijo que prefería quedarse porque veía futuro en la Argentina. Para Ramírez, ese cambio de expectativa en una generación más joven es una de las señales más claras de que algo, de a poco, empieza a moverse.