En un colegio de Catamarca contaron cuántos alumnos necesitan ayuda psicológica y el número estremece
¿Cuántos alumnos de un solo colegio catamarqueño necesitan contención psicológica? El director dio la cifra y explicó por qué ya no puede dar clases como antes.
El licenciado Rubén Martí, apoderado legal y director general del colegio Padre Ramón de la Quintana, encendió todas las alarmas al revelar la dimensión de la crisis que atraviesa su institución: 100 estudiantes con problemas de salud mental, entre ataques de pánico, angustias, depresiones e intentos de suicidio. A eso se suman 37 alumnos con Programas Pedagógicos Individuales (PPI).
La radiografía que hizo el directivo en una entrevista no se limita a su colegio. Para Martí, el fenómeno refleja el estado actual de toda la sociedad y pone en jaque la tarea de enseñar: "Yo ¿cómo puedo pretender enseñar matemática, lengua y demás si tengo un chico deprimido?", se preguntó.
La pérdida de autoridad adulta, el otro diagnóstico
Martí apuntó contra el mundo adulto por haber renunciado a su rol de guía. En ese marco, se refirió a los festejos prolongados y la pérdida de días de clases: "Los jóvenes no tienen responsabilidad sobre lo que hacen, porque, en definitiva, ellos lo que realizan en su vida es a partir de lo que los adultos le ofrecen o le permiten".
El directivo también vinculó los resultados de las evaluaciones con un desinterés cultural generalizado. "La escuela educa, o más bien instruye, pero la que verdaderamente educa es la familia", afirmó, y agregó que la clase política tampoco prioriza la educación porque no figura entre las principales preocupaciones ciudadanas.
Contra la flexibilización de las normas
Otro de los ejes que cuestionó fue la flexibilización de las normativas escolares de los últimos años: la eliminación de sanciones, la supresión de la corrección con rojo para evitar supuestos daños psicológicos y la elección de abanderados por votación.
"El mérito dejó de tener importancia en la educación. Hoy en día un alumno puede llegar tarde las veces que quiera, faltar o romper los acuerdos de convivencia", advirtió.
Ante este panorama, la institución debió reformular toda su estructura organizativa e incorporar psicólogos, psicopedagogos, asistentes sociales y maestros especiales para atender una problemática que excede las aulas.